Como madurada aloja que vuela desde una copla, la chacarera perfuma aún hoy las estrellas de la plaza Alberdi. El desvelo cantor se desparrama en chanzas, carcajadas. Ecos de guitarras, algarabía de copas, pueblan “El 55”. La bohemia se sienta un rato en ese boliche de la calle Santiago del Estero 1.086.

Para los cantores, para los cocheros, pa’ los quemadores que brotan en mostradores… Cantame borracho, robame a tu sueño, sosegame el vino antes que me salga un dueño…

“‘El 55’ era una mezcla de fonda y restaurante, era un boliche de hacha y tiza, como decía Hugo Díaz, hubo muerte, peleas... Allí la mataron a la Milonguita, una prostituta muy famosa en la zona y en la época… Corría la droga. Había un reservado de dos por dos, no para el amor, sino para el amor al naipe, al vino, a la guitarra. Cabían una mesa chica y sillas a su alrededor. Ahí nos encerrábamos con Hugo Díaz, Adolfo y Hugo Carmona, Alfredo Grillo, las hermanitas Carmona que cantaban. Adelante estaba el salón. Éramos estudiantes, jóvenes de cantar fuerte… Siempre llamábamos la atención y nos entraron a querer, entre ellos, el ciego Pancho”, evoca Gerardo Núñez, que partió al silencio el 1 de julio de este año.

Soñador sin pena, arriador de olvido, vino del ‘taicinco’, emborrachador antiguo… Para el Chacho Díaz, para Maldonado, seguidores churos de la noche enamorados…

Junto a su hermano Pepe, con quien conformó un inolvidable dúo, compuso esa chacarera que abrió caminos impensados en la música popular. ¿Cómo eran los mozos? “Tendríamos unos 23 años y ellos alrededor de 28. Chacho era bajo, cabezón, de pelo muy enrulado, y Maldonado era el tucumano típico, de piel cetrina, peinado a la gomina, mucha mecha y de caminar cadencioso, como canción caribeña. Y cerca de las dos o tres de la mañana, cuando estábamos en el salón, ellos hacían vaquitas para que fuera el vino a la mesa y luego aparecía la pavesa. Se arrimaban las mesas y terminábamos en una grande, cantando folclore”, relata Gerardo.

Del cincuenta y cinco es la chacarera que mordiendo sueños nos roba la noche entera… ha nacío pa’ l grito de los guitarreros…

¿Por qué el nombre de “El 55”? ¿El año de su inauguración? ¿La numeración de la calle? ¿La edad del propietario? ¿La música en los sueños quinieleros? “El gallego Fernández, con un socio que creo que se llamaba González, lo compraron. En el año 51, Juan Domingo Perón les ofrece a los taxistas la compra de un Chevrolet que recién salía. Era un auto lindo, con colita, y aparte de eso, Jorge Antonio les ofrece a las maestras un sorteo de los Mercedes Benz 170 (mi mamá ganó uno). En el 51, estos dos hombres tenían la parada de taxis, al frente de ‘El 55’, en una cabina que había en la vereda de la plaza Alberdi. Ellos lo compran al restaurante. Un día le preguntan cómo se iba a llamar y el gallego Fernández le dice a su socio: ‘Le pongamos el número de la chapa que nos ha venido con el auto’, que había sido en un sorteo, un regalo de Perón. Ponele que costaba un millón de pesos y pagaban $100.000, era una cosa así. Eso me contó Gustavo López Franco. Yo después lo conocí al otro dueño que fue Repetto, cuando comencé a ir en el 59 o 60 porque ya había alargado los pantalones. El boliche ya existía en el año 50, no sé cuándo lo compran y le ponen ‘El 55’”, afirma el guitarrista y docente José María Montini.

Cuerpeando a la noche vuelve el ciego Pancho, madurada aloja que vuela desde una copla… Ya me estoy solito angustiando estrellas, velando la macha sencilla de los que quedan.

¿En qué circunstancias nace la chacarera? “Fue compuesta en 1958 y nace en varias situaciones. Con mis hermanos Pepe y Canuto habíamos venido a estudiar a Tucumán. No sé si por inspiración, vivíamos a cuatro cuadras de ‘El 55’. Era esa época estudiantil del bolsillo muy flaco y el hambre muy gorda; íbamos a comer en invierno la hermosa pavesa que hacían allí, una especie de sopa de ajo y huevo. Caían los croupiers, porque era la época brillante de la zona del Casino. Había uno, muy gastador de la noche y de las chicas buenas y malas… iban políticos, estudiantes, profesionales que buscaban una bohemia muy especial, en la cual había que ser muy correcto porque había normas instituidas en ese boliche y en la noche. Había que ser respetuoso, aunque no faltaban los borrachos, los pendencieros... Fui en forma frecuente durante dos años, era infaltable”, dice Gerardo.

Que me nombre el vino que viene lento, que me nombre el hombre que está contento, ¡Que se saquen todo el dolor de adentro!

Brotada en las mesas de la bohemia, la “Del 55” le abre las puertas al fecundo y original cancionero de los Hermanos Núñez. “La chacarera es lo primero que componemos con Pepe, así con mucha atención, y en una forma completa, porque antes hacíamos cosas pero las hacíamos por hacer, no fueron muchas, una o dos, nomás. A la chacarera la hacemos con mucho menos conocimiento musical que el que tenemos ahora. Y si ahora lo tenemos tan poco, así que imaginate lo que tendríamos con la chacarera”, me contó Gerardo hace varios años.

Dicen que por las madrugadas, el canto de los duendes despeina la luna de plaza Alberdi hasta que las venas del vino florezcan en los gargueros.

Chacarera del 55

Del cincuenta y cinco

es la chacarera

que mordiendo sueños

nos roba la noche entera.

Para los cantores,

para los cocheros,

pa’ los quemadores

que brotan en mostradores.

Ha nacío pa’ l grito

de los guitarreros,

que venas de vino

florezcan en los gargueros.

Cuerpeando a la noche

vuelve el ciego Pancho

madurada aloja

que vuela desde una copla.

Estribillo

Que me nombre el vino

que viene lento,

que me nombre el hombre

que está contento,

¡Que se saquen todo

el dolor de adentro!

Soñador sin pena,

arriador de olvido,

vino del ‘taicinco’,

emborrachador antiguo.

Para el Chacho Díaz,

para Maldonado,

seguidores churos

de la noche enamorados.

Cantame borracho,

robame a tu sueño,

sosegame el vino

antes que me salga un dueño.

Ya me estoy solito

angustiando estrellas,

velando la macha

sencilla de los que quedan.