Un 22 de agosto, hace 55 años, ocurrió el cierre de ingenios azucareros. Hubo, en la provincia de Tucumán entre 1965 y 1969, una serie de luchas y protestas. Van a ser el producto, entre otras cosas, de factores nacionales y locales. Una crisis de superproducción va a afectar a la industria azucarera. Sus consecuencias van a ser, años más tarde, unas rebeliones populares -sucedidas entre noviembre de 1970 y junio de 1972- conocidas con el nombre de “tucumanazos”. Estas luchas fueron los síntomas de una profunda crisis en la que entró la principal fuente de riqueza en la provincia: la industria azucarera. El 28 de junio de 1966 se produjo el golpe militar de Onganía. De inmediato, intervino las universidades y reprimió a fondo las huelgas azucareras y ferroviarias. Perón, desde su exilio, llamó a “desensillar hasta que aclare” y calificó a Ongania de “soldado de la patria”. La caída del precio internacional del azúcar en 1965 encontró a la industria con una capacidad de producción récord pero sin posibilidades de vender el excedente. Los industriales descargaron la crisis sobre los trabajadores. Suspendieron el pago de salarios a obreros, de contratos a los cañeros y los créditos contraídos con el Estado. Varios ingenios suspendieron la zafra recientemente iniciada. La paralización de la actividad azucarera traccionó a las demás actividades económicas. El Estado provincial entró en cesación de pagos. En casi todos los ingenios, entre 1959 y 1961, empezaron a retacear los pagos, nada de aumentos y sumas pequeñas como adelanto. Y lo más grave: despedir a empleados y obreros. En 1966 hubo un excedente de 400.000 toneladas sin vender. El Estado, a través del gobierno militar de Onganía, impuso el cierre de 11 ingenios con el decreto 19.926. Aparentemente tuvieron las condiciones políticas para realizarlo. No se conoce adecuadamente el rol político de aquellas direcciones sindicales en términos programáticos y políticos. Generó una concentración monopólica de la industria y la eliminación de casi 10.000 productores cañeros independientes. Se conformó, en esta lucha, un frente social en el que participaron diversos sectores afectados. Estuvo conformado por pobladores de núcleos rurales y urbanos, pequeños y medianos campesinos, obreros y empleados administrativos de los ingenios, transportistas, estudiantes y los docentes. La resistencia de los pueblos se exteriorizó con ollas populares y manifestaciones. Los ingenios fueron intervenidos conjuntamente por la policía provincial, federal y Gendarmería nacional. Comenzaron a sucederse concentraciones frente a la Casa de Gobierno y paros de pequeños cañeros y obreros de ingenio. Con el cierre de los primeros siete ingenios más de 9.000 obreros de fábrica y del surco perdieron su trabajo. La población tuvo que emigrar en busca de nuevas fuentes de trabajo en las villas de las grandes ciudades. El conjunto de políticas diseñadas por el estado nacional, fue conocido como “Operativo Tucumán”. Este programa implicaba una forzada retracción de la producción azucarera, para lo cual se decidió intervenir y cerrar los ingenios en teoría menos eficientes. Regular la producción de caña a partir de cupos de producción a los pequeños productores rurales, en algunos casos de manera forzada y en otra voluntaria. Mantener cupos de producción por ingenio y poner en marcha un plan de incentivos fiscales para la radicación de nuevas industrias. Habían sido intervenidos, previa ocupación militar, los ingenios La Esperanza, Bella Vista (reabierto en 1968), La Trinidad, Lastenia y La Florida (reabiertos hacia 1967 para volver a cerrar definitivamente en 1970), Nueva Baviera y Santa Ana. Hay que sumar el cierre por acuerdo entre el estado y los propietarios de los ingenios Mercedes, Los Ralos, y San José. Tampoco pudieron sustraerse a la quiebra por falta de créditos los ingenios San Antonio, Amalia, San Ramón y Santa Lucía. Para principios de 1967 el cierre de ingenios y la reducción del personal, en los que siguieron funcionando, habían dejado en la calle a más de 17.000 trabajadores (un 35% del total de 1966). Cientos de pequeños comerciantes debieron cerrar sus negocios a causa de la recesión. El índice de desocupación en Tucumán llegó a10% durante 1967 y trepó hasta casi el 15% entre 1968 y 1969. En un plazo de tres años se constató un proceso migratorio que llevó a abandonar la provincia a más de 150.000 personas, sobre una población cercana a los 750.00 habitantes. Las nuevas industrias tardaron años en llegar. Cuando finalmente lo hicieron apenas influyeron sobre los índices de desocupación.

Pedro Pablo Verasaluse
 

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