Los peronistas le temen más a la derrota que a la variante Delta. Queda claro en cada acto masivo que realizan para reflejar que los militantes, en gran número, siguen a tal o cual referente político. No interesan las medidas sanitarias, ni siquiera las dispuestas por ellos mismos, por el propio Gobierno. Puede más la tradición partidaria de mítines con cientos y miles de simpatizantes que los consejos sanitarios. Está más arraigado en los compañeros el bordear los límites de la legalidad o directamente cruzar la línea, o saltearse la fila -no es delito, al decir del Presidente-, y mantenerse fieles a los rituales más tradicionales del movimiento.
Así se puede trazar un paralelismo entre el decreto presidencial 576/20 del 29 de junio de 2020 y la resolución 107 del Comité Operativo de Emergencia del 19 de agosto último: ambos no son respetados ni siquiera por quienes los dictan. Con el primero ocurrió lo de la cuestionada fiesta de Fabiola Yáñez, por la que Alberto Fernández salió a pedir disculpas y a manifestar su intención de pagar una multa por no acatar un decreto que él firmó. Ese decreto con vigencia entre el 1 y el 17 de julio de 2020 -el 14 fue el cumpleaños en Olivos- fijaba el aislamiento social, preventivo y obligatorio y prohibía las reuniones sociales con más de 10 personas.
El artículo 1 de la resolución 107 del COE dispone que toda asamblea que deban realizar las entidades con personería jurídica sólo podrá llevarse a cabo al aire libre y con una concurrencia de hasta un máximo de 100 personas. Lo firma Claudio Maley, y no lo respetan ni Juan Manzur ni Osvaldo Jaldo; sólo basten ver las imágenes de los actos proselitistas que vienen realizando a diario, donde hay más de cien seguidores, sin distanciamiento social y sin barbijo.
La incorrección peronista puede más que las propias decisiones, y es porque están focalizados en ganar como sea las PASO, o mantenerse en el poder, por eso le temen aparentemente menos al virus; ya que no respetan lo que disponen. Pero Delta es engañoso y dañino, como dijo un especialista, y puede causar estragos o efectos impensados, no sólo por su peligrosidad sino por la falta de respeto a las medidas de seguridad de los compañeros. La medida establece que el cumplimiento del protocolo es exclusiva responsabilidad de los ejecutantes, quienes deben tomar las medidas y recaudos necesarios para garantizar las medidas de distanciamiento social, higiene y seguridad. Eso sí, no fija sanciones ni multas. Entonces, ¿para qué cumplirlo, no?
Este desliz de los muchachos se entiende por la voluntad y las ganas de ambos lados, manzurismo y jaldismo, de triunfar o de perder por poco, y para eso la fórmula tradicional dice que hay que hacer actos multitudinarios para arengar y dar ánimos a la propia tropa y para debilitar o atemorizar con una foto al adversario. Una reminiscencia colateral de aquello de ganar la calle para mostrar de qué lado está el poder real difundiendo una imagen potente.
En cada mitin partidario del gobernador o del vicegobernador se mantienen fieles a la vieja usanza justicialista, y por cada acción se produce una reacción similar y de sentido contrario, tal cual indica el tercer principio de la dinámica política. Y será así hasta que la veda lo impida, o hasta que alguno se quede sin “combustible” para seguir alimentando la maquinaria electoral.
Está claro que no hay paridad de recursos en ambas trincheras, por lo que esa referencia que alude a los presupuestos institucionales que se manejan inclina la balanza hacia un lado en la interna del oficialismo; lo que sólo se puede intentar suplir con mucha imaginación. El encuestador Hugo Haime, que trabaja para el Gobierno provincial, deslizó hace pocas semanas datos que ponen en valor esa posible diferencia en votos: habló de tres a uno. ¿Puede implicar una comparación de recursos? Lo saben los que manejan las respectivas cajas proselitistas; lo que sí queda claro es que si las encuestas apuntan a que el oficialismo obtendrá 40 puntos en los comicios -más bajo que en votaciones anteriores- es lo mismo que decir que el Gobierno -aún agrietado- conseguiría unas 400.000 adhesiones. Si resulta como dice Haime, significarán 300.000 votos para Manzur y uno 100.000 sufragios para Jaldo, los suficientes como para que el mandatario se quede hasta con los tres primeros lugares de la lista de diputados y con los dos primeros de senador.
Ahora bien, ¿es la cifra que hará sonreír a Manzur en el marco de la disputa personal que mantiene con su compañero de fórmula? Le alcanzaría para festejar y para consolidar su liderazgo en el PJ. Sin embargo, ¿es la diferencia que lo tranquilizará o que intranquilizaría al Gobierno nacional, a los popes del Frente de Todos? Todo depende de los propósitos del titular del PE, si es que pretende solamente consolidarse fronteras dentro o bien saltar al escenario nacional en el futuro. 300.000 adhesiones no parecen ser suficientes para uno ni para lo otro, especialmente si se tienen en cuenta los resultados que viene obteniendo el justicialismo en las últimas elecciones, donde viene promediando los 500.000 votos. Sería disminuir el número, especialmente si se considera al jaldismo como un espacio opositor.
Manzur de cualquier forma ya juega en las ligas mayores con la venia de Alberto, pero necesita ganar y de forma contundente esta lucha por el liderazgo territorial tucumano contra el vicegobernador para acrecentar su peso político y para que lo terminen de abrazar los kirchneristas bonaerenses y para que Cristina lo mire de otra forma. Convertirse en una pieza fundamental para que un Kirchner finalmente lo visite y le levante la mano. Tiene que superar la prueba en las urnas, hasta ahora el gobernador le ha regalado actos multitudinarios a los funcionarios que han venido a respaldarlo. Si “aplasta” a Jaldo y además obtiene más sufragios que los opositores será definitivamente el referente y vocero peronista del NOA. Conducirá avalado por el resultado, aunque los números finales, centralmente las diferencias en votos, hablarán en términos políticos y dirán dónde quedó parado cada uno.
Jaldo está empecinado y hará hasta lo imposible por arruinar los planes políticos del gobernador, no sólo intentando empatar sino tratando de ganar la contienda interna. Porque también tiene ambiciones y mira el 23 con ganas de suceder a Manzur. En los papeles, al tranqueño le toca la más difícil, por lo que un triunfo en las actuales circunstancias para él sería lograr un espacio en la boleta final del Frente de Todos. Pero si se impone habría que recalcular todo. Lo único seguro es que gane quien gane, y de la manera en cómo se imponga en las planillas, uno de ellos deberá dar un paso al costado, y hasta salirse del juego. Abandonar sueños.
Todo está en manos de los afiliados peronistas, de los simpatizantes del PJ y de los independientes que puedan acercarse a volcar la balanza en las PASO. En el ámbito estrictamente peronista se mencionan aspectos territoriales a la hora de realizar elucubraciones; así por ejemplo se dice que el manzurismo le saca ventajas al jaldismo en la Capital, que el jaldismo a su vez puede ganar en el Este y que, por lo tanto, el Oeste sería la zona clave, la sección electoral que definiría quién saldrá victorioso. La madre de las batallas, por decirlo de alguna forma. Aunque allí el manzurismo se siente tranquilo.
Si bien las PASO constituyen una batalla entre referentes políticos, hay un elemento que no debe descuidarse y que tiene que ver con los resultados de oficialistas y de opositores. Primero hay que decir que tanto en el Frente de Todos como en Juntos por el Cambio la lucha interna es básicamente para determinar quién emerge como líder de cada espacio; en el peronismo es para arreglar su conflicto por la conducción y en el opositor para resolver quien será el dirigente que conduzca a la coalición hacia 2023. Serán disputas interesantes, ambas, porque acomodarán tableros y jugadores, dirán quienes deben ser reyes y damas, alfiles y peones.
Lo segundo a considerar es que de las 12 listas que participarán de las primarias, 10 son opositoras al Gobierno provincial. Once si es que se suma al jaldismo en este espacio, como lo están pintando desde el manzurismo, ya que lo ponen fuera de la órbita del oficialismo como parte de la estrategia para justificar que en el peronismo hay leales y traidores.
La curiosidad política la aportan las especulaciones sobre los posibles números y permiten hacer la siguiente pregunta como disparador de análisis: si Manzur obtiene 300.000 votos -según surgirían de la encuesta del oficialismo-, ¿quiere decir que los opositores al gobierno provincial y nacional sumarán 700.000 adhesiones? Contando en este espacio los votos que pueda obtener Jaldo.
Si bien las PASO son una gran encuesta oficial sobre las preferencias del electorado respecto de sus dirigentes y que en las generales se plebiscitan las gestiones, nacional y provincial, el hecho de que exista la posibilidad de una tamaña desaprobación ciudadana debería alertar tanto al oficialismo como a la oposición. A uno para ver en qué se equivocó y al otro para ver con qué nueva estrategia puede acertar para la próxima contienda. Si bien los números se alteran entre las primarias y las generales, los valores que surjan el 12 de septiembre permitirán realizar muchas lecturas, algunas interesadas, sobre errores y aciertos. Pero, más que nada, las PASO dejarán y sacarán del juego algunas piezas del ajedrez político.