“Soy el último, el único judío en Afganistán. Las cosas podrían empeorar para mí aquí. He decidido irme a Israel si vuelven los talibanes”, decía hace unos pocos meses Zebulon Simantov; un vendedor de alfombras de 61 años que cuidaba la última sinagoga en pie de Kabul, y cuya historia sirvió de inspiración para películas y obras de teatro en Inglaterra y Estados Unidos. Nacido en Herat, en el oeste de Afganistán, que fue antaño un refugio para las familias de comerciantes judías adineradas, Zebulon llegó a Kabul a principios de la década de 1980 por la relativa calma que había en la capital. Lejos queda la época en que los fieles de todas las religiones y cultos disfrutaban de total libertad. Los judíos han vivido en Afganistán durante 2500 años. Decenas de miles de ellos en Herat, donde subsisten cuatro sinagogas, testigos de la antigua presencia de la comunidad en esta ciudad. La historia reciente del país amargó a Zebulon; en particular el período entre 1996 y 2001, cuando los talibanes estuvieron en el poder e impusieron su visión fundamentalista. Fue golpeado y encarcelado varias veces. Al día de hoy, en vista de los últimos acontecimientos de Afganistán, sería una buena noticia que el plan de Zebulon para emigrar se haya concretado.

Jaime Ventura Galante


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