El sector privado no ve las horas de que la tormenta electoral pase rápidamente y que el huracán desatado en el Partido Justicialista no deje secuelas en la economía. Más allá del resultado de las elecciones, los hombres de negocios están convencidos de que los políticos sazonaron la incertidumbre existente con más dudas y, por ende, con más probabilidades de tomar medidas que tiendan a corregir los desequilibrios compartiendo los costos de ese ajuste más que promover acciones para apuntalar la actividad y fortalecer la moneda nacional. Y en esto hay demasiada jurisprudencia. La cereza del postre la puso ayer el propio presidente, Alberto Fernández, al anunciar que el general José de San Martín volverá a ser la figura de los nuevos billetes de curso legal. Claro que omitió aludir la denominación. Los nuevos billetes tendrán alta denominación porque así lo demanda una economía inflacionaria, que mira más el dólar blue.
San Martín ha padecido más que todos los argentinos la depreciación de la moneda. El prócer fue el anverso de al menos 40 billetes a lo largo de un siglo y medio, desde la más baja denominación (5 centavos) hasta el más alto valor que se recuerde: un millón de pesos en plena hiperinflación. “San Martín muy pronto va a estar en nuestros billetes. Y a San Martín lo van a acompañar en otros billetes Belgrano, Güemes, Juana Azurduy. Hombres y mujeres que dieron todo para que la Argentina viva”, dijo ayer Alberto Fernández, al anticipar el retorno de la imagen de los próceres nacionales que sustituirán a la serie de animales autóctonos que puso en circulación la gestión de Mauricio Macri. El Gobierno, de esta manera, quiere homenajear a aquellas personalidades que forjaron el país. Tal vez la mejor acción sea armar un plan antiinflacionario, que sostenga en el tiempo el valor de la moneda para no pensar tanto en el dólar y en un esquema bimonetario.
“Somos hijos de la inflación”, señala un hombre de negocios con varias décadas de trayectoria en el rubro comercial y que ha transitado varias crisis, al menos durante la mitad de un siglo. Desde esa afirmación, sabe que el sector privado deberá subirse también a ese tren de ajuste de costos porque, de otra manera, la realidad los llevará puestos. ¿Cómo? Con subas de precios de los artículos que ofrecen. No será ahora; tal vez podamos observarlo una vez que los políticos dejen de lado las interminables caminatas, las sonrisas de ocasión, los discursos desde la tribuna, las interminables reuniones de promesas coyunturales y de resoluciones que demoran. Nada nuevo bajo el sol. Viejas mañas electorales con nuevas plataformas digitales, de redes sociales que actúan como verdaderas telarañas para captar la atención del votante.
La inflación sigue a todo vapor. Por más que se evidencia una desaceleración proselitista, este año, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) seguirá transitando en torno del 50% interanual, 10 puntos por encima de los mejores acuerdos colectivos alcanzados en la actividad y 20 puntos superior a la mejora salarial de aquellos que no pueden salir de la informalidad. Los empresarios también están preocupados en este sentido. Se han postergado readecuaciones de precios y se han congelado tarifas hasta diciembre para no ponerles más ruido a las elecciones de medio turno. El verano promete ser más caluroso que otras épocas; no sólo por la temperatura ambiente, sino también la económica. Sea cual fuere el resultado de los comicios, el Gobierno (en todos sus niveles: nacional, provinciales y municipales) estará obligado a ajustarse el cinturón para no quedar preso, nuevamente, de los déficits fiscales.
En la Argentina todo es cíclico. Por eso cada uno de sus habitantes tiene la sensación de ser economista y experto en manejo de finanzas; pero esa expertise se ha logrado a partir del sufrimiento prolongado de políticas económicas que no contribuyeron a que el país transite la senda de un crecimiento sostenido. Los resultados saltan a la vista: la economía no estabiliza su ritmo; el nivel de pobreza golpea a la mitad de la población y se vive pendiente de los reclamos y de las peticiones de los acreedores.
En marzo pasado, el ex ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, escribió las “Bases para la recuperación del crecimiento con equidad distributiva”. En ese compendio, que refería al “Desencuentro entre la política y la economía”, el ex funcionario duhaldista se preguntó ¿por qué nunca se pudo consensuar una política para ordenar la macro y diseñar una estrategia de crecimiento con inclusión a partir de la democracia representativa, la economía de mercado y un Estado eficaz para crear condiciones para crecer y mejorar la distribución? Acaso, ¿no será hora de que la política conteste ese interrogante? ¿Pueden los dirigentes ponerse de acuerdo, de una vez por todas, para sacar al país de la crisis, más allá del resultado de una elección? Se necesitan hechos, más que palabras.