KABUL, Afganistán.- El número de víctimas civiles en Afganistán podría ser este año “el mayor del que se tiene registro”, mientras los talibanes recrudecen su ofensiva y los desplazados desde enero superan los 400.000.
La portavoz de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), Shabia Mantoo, detalló que -desde el inicio de los ataques, en mayo- las personas que huyeron de sus hogares por el conflicto son unos 250.000 (un 80% mujeres y niños), e indicó que el total de desplazados internos es ya de unos 3,3 millones.
Los talibanes reafirmaron ayer su control sobre el país centroasíatico, que gobernaron entre 1996 y 2001, al capturar dos ciudades importantes en su camino hacia Kabul. Las embajadas occidentales se alistaban para enviar tropas que ayuden a evacuar al personal rezagado en la capital.
Hay pocas esperanzas de una negociación porque, simplemente, los talibanes quieren tomar el poder. Ya lograron el control de un tercio de las ciudades importantes, 14 de las 34 capitales provinciales, desde el 6 de agosto.
La captura de Kandahar en el sur y de Herat en el oeste luego de varios días de batallas constituye un revés devastador para el Gobierno y causan pánico entre la población.
“La ciudad parece un campo de batalla”, dijo un miembro del consejo provincial, Ghulam Habib Hashimi, desde Herat, que alberga a unos 600.000 habitantes, cerca de la frontera con Irán.
“Los talibanes controlan las instalaciones gubernamentales en Pul-i-Alam (...). Ahora tienen el control del 100%. No hay más combates por el momento”, dijo a agencias internacionales otro responsable de un gobierno local.
Ahora que las fuerzas internacionales completaron su retiro del país luego de 20 años de conflicto, los afganos esperan como algo inevitable la caída del Gobierno apoyado por Estados Unidos en manos del talibán.
“Tememos que lo peor está por llegar y que la mayor ola de hambre se acerca rápidamente (...) La situación tiene todas las características de una catástrofe humanitaria”, dijo Thomson Phiri, del Programa Mundial de Alimentos, en sesión informativa de la ONU.
A la preocupación por los alimentos se suma la alarma ante un casi seguro retroceso en los derechos humanos. Sobre todo, el control talibán es un peligro para la vida, la libertad y los derechos de las mujeres, y tendría un “impacto catastrófico en la población civil”, según la ONU.
Los talibanes buscan imponer su versión estricta de la ley islámica, que incluye un nulo aprecio por la vida y el desprecio por las mujeres. Cuando gobernaron, impusieron castigos como la ejecución pública de asesinos, la amputación de manos a los ladrones, la lapidación o flagelación de mujeres consideradas “impuras” e incluso de niños.
Uno de los efectos mas visibles para la población femenina es la obligación de vestir burka, una túnica prenda que cubre el cuerpo de pies a cabeza, incluso la cara. A medida que avanzan, los talibanes van cerrando escuelas a las que asisten mujeres, que tienen prohibida la educación más allá de los 10 años. Bajo la ley del talibán tampoco pueden hablar en voz alta en público o salir a la calle sin un pariente varón. El incumplimiento de estas normas puede significar que sea azotada por cualquier hombre.
A todas estas prohibiciones sobre las mujeres se suman las que tienen que ver con las tradiciones o la moral, destinadas a erradicar las influencias “occidentales”: la televisión, la música o el cine.
Si se concreta la toma del poder por parte de los talibanes, unos 40 millones de personas quedarían sometidas a estas leyes.
Evacúan embajadas
El Pentágono en Estados Unidos dijo que enviaría alrededor de 3.000 soldados adicionales en las próximas 48 horas para ayudar a evacuar al personal de la embajada estadounidense.
Reino Unido dijo que desplegaría unos 600 efectivos para ayudar a sus ciudadanos a dejar el país, en tanto que otras embajadas y grupos de asistencia también estaban colaborando con evacuaciones de extranjeros.
Atta Jan Haqbayan, jefe del consejo provincial de Zabul, afirmó que su capital, Qalat, está ahora controlada por los talibanes y que las autoridades están en un campamento militar próximo, alistándose para marcharse.
Dos legisladores de la región sureña de Uruzgan señalaron que las autoridades locales rindieron su capital, y el gobernador se dirigía al aeropuerto para partir hacia Kabul.
La capital puede caer en unos 30 días, según informes de inteligencia estadounidense.
Estados Unidos invirtió casi dos décadas y 830.000 millones de dólares en tratar de establecer un estado funcional luego de derrocar al Talibán tras los ataques del 11 de septiembre de 2001.
Los combatientes viajan a bordo de Humvees de fabricación estadounidense con fusiles M-16 robados a las fuerzas afganas colgados al hombro. (Reuters-Especial)
Claves de una debacle
El grupo fundamentalista nunca fue derrotado por completo. Se refugió en las montañas y volvió a atacar cuando Estados Unidos retiró sus tropas
¿Quiénes son los talibanes?
El grupo armado del talibán -“estudiantes” en la lengua pastún- formados en seminarios religiosos fundamentalistas, se inició en los 90. En 1989, los muyahidines derrotaron a las tropas de la Unión Soviética en Afganistán tras una década de guerra. Desde la frontera afgano pakistaní, los talibanes, prometieron orden y seguridad en su ofensiva. En 1996, la guerrilla arrebató el Gobierno y la presidencia al líder muyahidín Burhanuddin Rabban.
¿De aliados a enemigos?
Los talibanes se convirtieron en blanco de Estados Unidos, tras los ataques a Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. Se los acusó de servir de santuario a los sospechosos de los ataques: Osama bin Laden y su movimiento al Qaeda. El 7 de octubre de 2001, una coalición militar liderada por Estados Unidos, su antiguo aliado contra la Unión Soviética, lanzó ataques en Afganistán y, para la primera semana de diciembre, el régimen talibán ya se había derrumbado.
¿Qué hicieron después de la caída?
Durante la etapa de transición hacia un Gobierno afgano con apoyo de Estados Unidos, los talibanes mantuvieron influencia en el interior y en la frontera paquistaní. El grupo se replegó a zonas montañosas y de difícil acceso o fuera del país. Desde allí, mantuvieron diferentes estrategias, desde la guerra de guerrillas tradicional a los atentados terroristas contra fuerzas de seguridad, funcionarios, políticos, mujeres, periodistas.