Las campañas electorales no sólo son discursos, afiches y publicidad audiovisual. Uno de los trabajos más arduos de los equipos de asesores es encontrar el tema musical “clave” para el proselitismo. La cuestión se acentuó desde que Juan Domingo Perón dijo el 12 de junio de 1974, en su último discurso desde el histórico balcón de la Casa Rosada, “Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”... Con independencia de que él desafinó varias veces los acordes durante su segunda presidencia, lo cierto es que a quienes vinieron después, definitivamente, les debe haber parecido mejor encontrar algún “hit” que sonara en la radio antes que andar interpretando lo que el pueblo pide.

Ya en el siglo XXI, por caso, los himnos de los dos grandes partidos de masas del país sonaban incómodos para sus referentes. De la “Marcha de los Muchachos Peronistas”, a la parte que dice “A la gran masa del pueblo, / combatiendo al Capital”, durante el menemismo la tarareaban, nomás. Ni hablar de la calamidad delaruista: al fragmento de la “Marcha de la UCR” que dice “que se rompa / y no se doble / el partido radical”, directamente, la silbaban. Y bien bajito.

Así que Néstor Kirchner cortó por lo sano: él abría y cerraba los actos de 2003 con “Color esperanza”, de Diego Torres. Claro que Cristina Fernández se encargó de desteñirlo prácticamente todo después… Y cuando Mauricio Macri asumió, el 10 de diciembre de 2015, bailó en el balcón de la Casa Rosada “No me arrepiento de este amor”, de Gilda. Huelga decir que todavía hay legiones arrepintiéndose de ese enamoramiento…

Ahora, en tiempos de pandemia, de proselitismo restringido, y de música en Spotify, el desafío de dar con “la nota” para una agrupación política es todo un albur para los “think tank” electorales. Salvo, por supuesto, en Tucumán. Aquí, lo que viene “sonando” camino a las PASO, da cuenta de que la letra y música de la campaña local les corresponde, enteramente, al mítico dúo de Charly García y Nito Mestre. Aquí hay “Sui Generis” para todos, todas y todes.

Mr. Jones por el Cambio

“Mr. Jones abrió la puerta, vio a su madre recién muerta / Y la sangre en el chaleco se limpió. Guardó a su madre en el ropero, le puso más leña al fuego / El invierno muy crudo se avecinó / Llamó a su esposa y le dijo: - “Mamá está muerta en el ropero” / - “Por supuesto, si yo la asesiné” / “Ella puso mal la mesa, le hundí un hacha en la cabeza / Y la sangre el tapizado me manchó” / (¡Ay, qué pena, nena!)”.

La psicótica letra de “Mr. Jones o pequeña semblanza de una familia tipo americana” parece una síntesis simbólica de la campaña de los referentes tucumanos de Juntos por el Cambio. Hacia afuera se esfuerzan por mostrarse como un nucleamiento político que tiene diferencias internas, pero que las debate hasta consensuarlas o las compulsa en las urnas. “Somos una familia muy normal”, cantaría Charly García. Pero por dentro se están masacrando.

Patricia Bullrich, presidenta del PRO nacional, vino el domingo a dejar en claro que su partido sólo hará campaña por Juntos para Construir. Es una retribución, a la vez que una promesa. En el primer caso, por el hecho de que es la única de las tres corrientes internas que lleva en primer término a un referente de su partido: Ramiro Beti, titular del PRO Tucumán, encabeza la nómina de Diputados. En segundo término, porque las otras listas, lideradas por radicales, no trabajarán en las presidenciales de 2023 por el PRO, sino por la UCR.

La “exclusividad” de los líderes del PRO para con el espacio del intendente capitalino, se ve, fue una bala que entró hasta el hueso de los adversarios internos. La inauguración de una sede alfarista en Yerba Buena y de otra en Concepción, las dos cabeceras de “Juntos por Tucumán”, resultó intolerable para los intendentes radicales del oeste. Mariano Campero destrató a la titular del PRO nacional y le dijo que “prefiere la billetera a la coherencia”. Y ayer hicieron campaña con Alfonso Prat-Gay, ex ministro de Hacienda de Mauricio Macri.

Pero la renuencia de “Patricia” a tomarse “la foto” con los referentes de “Cambiemos Juntos” fue un verdadero terremoto interno. Los que alcanzaron a “pispear” el teléfono celular de Bullrich juran y perjuran que hubo al menos un par de llamadas desde la Casa de Gobierno de Jujuy para pedir que se le diera un lugar en la agenda al espacio que encabezan el diputado José Cano y la senadora Silvia Elías. El “no” de las respuestas a los pedidos fue inconmovible.

- ¿Sabés qué, Patricia? Mejor no vengas a Jujuy –se escuchó cuando se produjo el último contacto.

- Bueno, no voy –fue la respuesta, en tono socarrón.

La agenda de Bullrich cambió entonces. Ella no siguió viaje a la tarde, por tierra, hasta Salta, sino que se quedó hasta la noche en Tucumán y luego embarcó en avión a Buenos Aires. Desde allí voló al territorio salteño al día siguiente. Nunca hubo escala jujeña.

Tribulaciones para Todos

“Yo era el rey, de este lugar / Vivía en la cima de la colina / Desde el palacio, se veía el mar / Y en el jardín, la corte reía”, dice la primera estrofa de un tema de Sui Generis cuyo título siempre fue un desafío a la memoria: “Tribulaciones, lamento y ocaso de un tonto rey imaginario, o no”. Durante el primer mandato de Juan Manzur y de Osvaldo Jaldo, esa letra parecía escucharse dentro de la Casa de Gobierno y dentro de la Legislatura. Pero en junio de 2019, días después de que el binomio consiguiese la reelección, el vicegobernador manifestó que en 2023 quería mudarse de palacio. Y al gobernador no le pareció buena idea.

Este año, entre ambos edificios cruzan denuncias de conspiraciones para liquidarse mutuamente en materia política. Y lo que se entona frente a la plaza Independencia y frente a la plaza Urquiza es “Canción para mi muerte”: “Te suplico qué me avises / Si me vienes a buscar / No es porque te tenga miedo / Solo me quiero arreglar”.

Contra el apotegma peronista según el cual “el que avisa no traiciona”, ahí ya se avisaron de que se van a traicionar incluso durante el Día de la Lealtad.

Por estas horas, ser funcionario de primera línea de la Casa de Gobierno es, prácticamente, causal de juicio político en la Legislatura. Al titular de la cartera de Educación le corrieron traslado por 22 pedidos de destitución. Y ya le pidieron informes al ministro del Interior sobre el reparto de fondos a los municipios, en nombre de que a Tafí Viejo y a Aguilares, dos baluartes manzuristas, les dan más recursos que a Banda del Río Salí, la fortaleza del jaldismo.

En Casa de Gobierno hace tiempo que trabajan en una embestida feroz. La larga saga de cartas documento enviadas por los legisladores del bloque manzurista “Lealtad Justicialista” al vicegobernador, en reclamo por los 1.100 contratados a los que les dieron de baja cuando se escindieron de la bancada Justicialista, no fue otra cosa que “preparar un caso”. Los “halcones” del Poder Ejecutivo quieren ir con esos antecedentes directamente donde Sergio Massa para plantear la intervención de la Legislatura, argumentando que el presidente de la Cámara incumpliría con sus deberes y coartaría el desempeño de las funciones de los legisladores a los que presuntamente dejó sin colaboradores. Las “palomas” argumentaron que había que agotar las instancias provinciales antes de ir por el remedio federal. Por eso interpusieron un amparo en la Justicia provincial. Pero hasta aquí sólo ganaron tiempo. El “ala dura” manzurista quiere plantearle a Massa la drástica salida apenas haya una respuesta judicial.

Mientras tanto, desde que el 8 de marzo Jaldo consagró un defensor del Pueblo distinto que aquel que quería Manzur, un carnaval de traiciones domina la escena oficialista. En buena parte de la dirigencia del PJ lo único que cantan es “Bienvenidos al Tren”: “Si vendo mi alma, ¿quién la comprará? / Si compro tu tiempo, nunca mía serás. / Por eso es que vago, y esa es la verdad. / Si miento un poquito ya me perdonarás”.

Justicia para nadie

“Él era un fabricante de mentiras. / Él tenía las historias de cartón. / Su vida era una fábula de lata. / Sus ojos eran luces de neón. / Y nunca tengas fe / que sus mentiras pueden ser verdad”.

La letra de “Fabricante de mentiras” excede la política tucumana y se proyecta nacionalmente, para no perder de vista que no todo es “internas”. Y para lamentar que esa realidad, casi, es una mala noticia: lo que ha ocurrido de esta semana, más allá de las PASO y de esta comarca, es de tal gravedad que hace palidecer el mentidero de este subtrópico.

La impunidad volvió a mofarse de los argentinos esta semana con una noticia que llegó desde Oriente Medio. El militar Ahmad Vahidi, uno de los acusados de planificar el más demencial atentado terrorista perpetrado contra la Argentina, mediante la voladura de la AMIA el 18 de julio de 1994, fue nombrado ministro del Interior en Irán.

La Casa Rosada repudió ese nombramiento a través de la Cancillería. El mismo rechazo se había manifestado oficialmente durante la primera presidencia de Cristina Fernández, cuando en 2009 Vahidi también fue designado en el gabinete de esa república islámica. Sólo que esta vez el planteo diplomático dejó al descubierto el doble estándar kirchnerista respecto de ese oprobio que terminó con la vida de 85 compatriotas en un solo estallido.

Por un lado, el Gobierno nacional respalda la pesquisa que supo liderar el fiscal Alberto Nisman y que en 2006 alumbró la acusación de quiénes fueron los responsables del ataque contra nuestro país. Al mismo tiempo, el mismo Gobierno nacional hace todo lo posible por sepultar la investigación encabezada también por Nisman, en 2015, respecto de quiénes encubrieron tanta muerte. El 14 de enero, el fiscal sustanció su acusación. El 18 lo encontraron muerto.

En la investigación de 2006, uno de los acusados de planear el ataque es Vahidi. En la de 2015, una de las acusadas de firmar un pacto con Irán que beneficiaba a Vahidi es la actual vicepresidenta. Ese acuerdo internacional (fue firmado en secreto, contradiciendo toda la tradición de diplomacia pública occidental derivada de la I Guerra Mundial) proponía crear una “Comisión de la Verdad”, para sacar del “estancamiento” a la causa que se tramita en la Justicia. La comisión se integraría en conjunto con el país que ha vuelto a premiar a Vahidi.

Han pasado 27 años y una larga e impúdica carcajada ensordece la conciencia del país gobernado por los recitadores de la palabra “soberanía”, a los que tanto parece habérseles traspapelado la memoria, la verdad y la justicia.

“No hablo yo de fantasmas ni de Dios / Sólo te cuento las cosas que / se te suelen perder”, cantaban Charly y Nito. En una canción de título memorable: “El tuerto y los ciegos”.