No se puede tapar al sol con una mano. La inflación sigue siendo la otra pandemia, la que carcome el poder adquisitivo de los argentinos que deben transitar el día a día en base a la pauta presupuestaria nacional y no a la realidad. Es que hasta julio pasado, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) ha alcanzado el 29% de incremento que el Ministerio de Economía de la Nación proyectó a fines del año pasado para todo este electoral 2021, pero que, de acuerdo con las proyecciones privadas, terminará en torno de un 50% de variación.

Tanto la inflación general (29%) como la suba de precios en el rubro de Salud (27,9%), que componen las prepagas y medicamentos entre otros, y el rubro Alimentos y Bebidas (31%) subieron por encima de lo que lo hizo la jubilación mínima que, en lo que va del año, creció solamente un 21,2%. De esta manera, las jubilaciones mínimas pierden un 6,5% de su poder adquisitivo frente a la inflación general, un 5,6% frente a la inflación en Salud y un 8,2% frente al rubro de Alimentos y Bebidas, advierte un informe de la Fundación Libertad y Progreso. El dato difundido ayer por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) no resulta alentador en este contexto inflacionario. Durante la primera mitad del año, el salario ha caído un 2%, en términos reales, mientras que sólo en junio la contracción ha sido del 0,9% respecto de mayo. Como sucede en todo proceso de crisis, los que menos ganan pagaron más los costos del cóctel de recesión y pandemia, con una baja del 10% entre enero y junio.

Los salarios vienen en picada desde hace cuatro años; tres por efecto de la recesión y un cuarto que se agravó por imperio de la pandemia de la Covid-19.

El Informe de Salarios de junio, publicado por el organismo que encabeza el economista Marco Lavagna, ha mostrado que las remuneraciones de los privados registrados fueron las únicas que pudieron ganarle a la inflación, con una mejora nominal de 25,4%. Es decir, una mejora real de casi 0,1% (tomando la inflación del semestre). En el primer semestre del año el Índice de Salarios total acumula un aumento de 22,8%, levemente por debajo del incremento de los precios en el mismo periodo (25,3%), reconoce el Ministerio de Economía de la Nación. En las últimas semanas se renegociaron paritarias en los sectores Bancarios, Comercio y Construcción, entre otros, lo que impactará en el crecimiento del índice los próximos meses. La reapertura de las paritarias inquieta no sólo a las empresas, que intentan salir de la difícil situación financiera que significó la prolongada cuarentena, sino también al sector público, en medio de una campaña electoral que amplifica las demandas de los gremios.

En términos interanuales, los salarios registrados del sector privado privados subieron 45,6% y los del sector público 40,5%. Los salarios del sector privado no registrado se incrementaron 39,9%. Los salarios del sector privado no registrado son los que más caen (-6,9% interanual). Es un gran desafío la mejora de los salarios reales de todos los trabajadores, cuestión que irá sucediendo en la medida que se siga consolidando la reactivación y que la inflación se sostenga en niveles moderados. La situación de los trabajadores informales es la más crítica, ya que llevan siete meses seguidos de caída real de los salarios. Los planes del gobierno tendientes a incentivar la creación de trabajo formal son vitales, dada la caída de puestos formales que se generó con la pandemia, advierte el economista Nadin Argañaraz.

Lo preocupante del escenario nacional es que las crisis fragmentan más a la sociedad argentina. Como sostiene el director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, Agustín Salvia, esas crisis dividen en tres a la sociedad. Están aquellos que pueden surfear porque aún pueden usar sus ahorros; también aquellos que con el trabajo y otros ingresos adicionales luchan para no descender en la pirámide socioeconómica y, finalmente, se ubica ese tercio de pobres estructurales que no tienen posibilidades de ascenso. Como corolario de esta situación social, el Consejo de Coordinación de Políticas Sociales que depende de Presidencia de la Nación ha llegado a la conclusión de que la pobreza ya afecta a casi la mitad de los argentinos, según el índice de pobreza multidimensional, que incluye aspectos como vivienda, empleo o salud, y es elaborado por un organismo oficial. En diciembre último el 49,6% de los habitantes estaba en situación de pobreza, lo que equivale a unos 22,7 millones de personas.

El informe, que se considera “no oficial” y va en paralelo al que elabora el Indec, que será difundido a fines de septiembre, toma en cuenta más indicadores para relevar la situación social que los que tradicionalmente se consideran. Así, este “índice de pobreza multidimensional” incluye indicadores sobre vivienda, hábitat y servicios básicos, educación, empleo y protección social y salud. Tras el impacto de la pandemia, el indicador de la pobreza multidimensional había pegado un salto de casi 20 puntos porcentuales. Aumentó del 28,8% en el primer semestre de 2019 hasta el 47%, por la disminución de ingresos familiares, que durante la cuarentena causó un fuerte deterioro de las condiciones sociales.

Los precios se mantendrán artificialmente hasta noviembre. Tras las votaciones, se prevé un sinceramiento de la economía que implicará ajustes en todos los precios. Si no hay un plan de fondo, la pobreza seguirá siendo la deuda eterna de la política.