Realmente da mucha bronca las injusticias del gobierno nacional. Para con los jubilados, y me refiero a la discriminación que sufrimos los jubilados como docentes que, al igual que los docentes universitarios, pusimos el lomo durante más de 30 años, trabajando a sol y sombra en escuelas de zonas de favorable y aportando al estado un 2% más que cualquier otro trabajador para tener una jubilación digna, sin embargo el Gobierno nos mete la mano en el bolsillo para regalar jubilaciones a gente que nunca aportó nada al Estado y me refiero a gente que nunca trabajó y no piensa trabajar porque el Estado le regala todo, achicando de esta manera nuestro salario, ya que los docentes tenemos dos aumentos al año, en marzo y en septiembre. En marzo nos dieron un 10, 37% y a los universitarios un 7%, mientras que los “demás jubilados“, por así decirlo, tienen aumentos trimestrales; en marzo 8,07%, en junio 12,1%, además de un bono de 1.500 pesos en abril y mayo. Ahora el Gobierno tiene preparado darles un bono de 5.000 pesos en agosto para “compensar la inflación“. ¿Acaso el Presidente cree que la inflación no nos afecta a los jubilados docentes? ¿Acaso piensa que no pagamos impuestos, no comemos, no pagamos remedios y demás? Si quiere hacer política y cosechar votos, que no sea con nuestro bolsillo. Que reduzca los suculentos y abultados sueldos de los legisladores, diputados, senadores, etc. y que regale toda la plata que quiera pero no castigándonos a los que siempre trabajamos. Espero que el mes de septiembre nuestro aumento sea igual que el 40% que se otorgaron los legisladores y que justificó la diputada kirchnerista Fernanda Vallejos, afirmando que “da vergüenza el sueldo que cobran los legisladores y que son los más bajos de toda la región“. Si a ella le da vergüenza lo que cobran “por lo que no hacen”, ¿qué podemos decir nosotros de nuestro mísero sueldo? Ojalá mis palabras lleguen al Presidente y sepa que los docentes jubilados también merecemos estar bien pagados.
Argentina del V. Nieva
Santiago del Estero 3.212
- San Miguel de Tucumán