“En tiempos de vacunas, en el mes del orgullo y después de 40 años de los primeros casos de Virus de Inmunodeficiencia Humana, estoy muy contento de haber recibido la primera dosis de una vacuna contra el VIH”. Este texto, y en la foto una enorme sonrisa (notable a pesar del barbijo) fueron el modo que eligió hace unos días el tucumano Nicolás Ávila (27 años) para contar en Twitter su emoción: acaba de integrarse formalmente al estudio Mosaico, un ensayo clínico que ya se encuentra en fase 3, busca probar la eficacia de una vacuna preventiva para hacer frente al VIH.

El estudio se está haciendo en tres instituciones de la Ciudad de Buenos Aires (el Hospital General de Agudos Ramos Mejía, la fundación Huésped, y la fundación Helios) y el Instituto CAICI en Rosario. El objetivo es que 3.800 personas VIH negativas de 18 a 60 años y con alto riesgo de infectarse participen: los voluntarios como Nico reciben aleatoriamente vacuna o placebo.

“El estudio busca hombres cis y personas trans VIH negativas de 18 a 60 años que tengan relaciones con hombres cis y/o personas trans. Yo soy uno de los voluntarios de la Clínica de Salud Sexual del Hospital Ramos Mejía”, informa desde la Buenos Aires que se transformó en su lugar en el mundo en 2016. Cuenta también que se enteró de la convocatoria por Instagram, y no lo dudó (aunque tuvo sus momentos de “¿en qué me estoy metiendo?”, confiesa).

AVANCE. Un tucumano en las pruebas de la vacuna contra el VIH.

Se inscribió en febrero, en abril le hicieron la entrevista... y ya tiene la primera de cuatro dosis, que se colocan cada tres meses.

“Te dan también la consigna de seguir cuidándote como los venías haciendo”, agrega. Y la les dijeron que si en algún momento del proceso las diferencias son ya significativas, quienes reciben ahora placebo (dato que ignoran tanto los voluntarios como los investigadores) recibirán sus dosis de vacuna. (Ver el subtítulo “Por qué ha sido tan difícil…?”).

Llegar hasta aquí

“Siempre fui muy curioso, especialmente en los temas que tenían que ver con la sexualidad, pero iba a un colegio católico y ‘de eso no se hablaba; así que me las ingenié para averiguar”, relata.

Su curiosidad iba de la mano con el hecho de que a alguien de la familia “le pasaba algo” de lo que nadie hablaba. “Hasta que un día se les ‘escapó’, pero tampoco me explicaron mucho -agrega-. Sin embargo, no me di por vencido, seguí buscando y aprendiendo; y al mismo tiempo fui entendiendo por qué quienes viven con VIH en muchos casos lo ocultan: el estigma y la discriminación, basados con frecuencia en la desinformación, siguen 40 años después”.

“En Argentina se notifican en promedio unos 4.800 nuevos casos por año -cuenta Nico lo que aprendió, transformándose en un nuevo eslabón de la trascendental cadena de saberes cruciales para poner fin a la pandemia de VIH-. Se estima que 136.000 personas conviven con VIH y que 3 de cada 10 personas que se infectaron lo ignoran”. Sabe también que, aunque hubo muchísimos avances en los tratamientos y en caso de infección controlada (indetectable es el palabra exacta) las personas seropositivas no transmiten el virus en los intercambios sexuales, la cura actualmente no es posible.

“Una vacuna es la mayor esperanza a largo plazo que tenemos de encontrar un método eficaz para controlar el crecimiento de la pandemia del VIH/sida”, señala. Y está orgulloso de ser parte de esta historia.

¿Por qué ha sido tan difícil encontrar una vacuna?

El virus es hábil para mutar y hay varios subtipos. El proyecto se llama Mosaico, precisamente porque les hace frente a pesar de las diferencias.

Para la covid-19, la primera vacuna se demoró poco más de un año. 40 pasaron desde que se diagnosticaron los primeros casos de VIH, y la fase 3 de un nuevo ensayo clínico abre esperanzas, pero aún es pronto para cantar victoria. ¿A qué se debe?.

“En la década de 1980, Robert Gallo (uno de los científicos cuyo trabajo derivó en la identificación del virus) calculaba que en dos años tendríamos la vacuna -cuenta Miguel Pedrola, director médico para América latina de Aids Healthcare Foundation (AHF)-. Pero no... pasó mucho tiempo, y venimos de frustración en frustración por las características del virus”.

“El VIH ha sido un virus muy difícil”, explica Larry Corey, investigador principal del centro de operaciones principales de la Red de Ensayos de Vacunas contra el VIH, en EE.UU.-. Se esconde mejor que ningún otro y utiliza distintos mecanismos para burlar al sistema inmunológico y no desaparecer. Es el más eficaz”.

Sucede que el virus se reproduce y muta muy rápido. Además -se descubrió- existen diferentes subtipos que suelen distribuirse regionalmente. “Y entre nosotros, desde 2001 tenemos subtipo B y subtipo F, y en algunos casos se observó el subtipo B/F”, dice Pedrola.

El mosaico

Precisamente, esa característica del virus le dio el nombre al estudio vacuna propuesta por el estudio: la vacuna se basa en la combinación de varias proteínas del VIH (de manera de generar inmunidad específica contra los diferentes subtipos del virus) que se agregan genéticamente a lo que se llaman vector viral: un virus probadamente inofensivo para los humanos, el adenovirus 26, el mismo que usa la vacuna de AstraZeneka contra la covid-19.

“El estudio permitirá evaluar la eficacia de una vacuna que, en las fases preliminares, mostró resultados promisorios. La ciencia del desarrollo de la vacuna contra el VIH es compleja, pero el conocimiento científico sigue mejorando continuamente. Si Mosaico puede demostrar que el régimen de vacunas del estudio funciona, será un paso muy importante en el camino para encontrar una vacuna segura y eficaz para la prevención del VIH”, explica Pedro Cahn, uno de los fundadores de la Fundación Huésped.

“Y es importante que Argentina sea uno de los países dónde se lleva adelante el estudio, porque nos asegura, en el caso de que se compruebe la efectividad, que los resultados sean extrapolables al resto de la población objetivo”, explica Pedrola. “Estamos ante la posibilidad de lograr una vacuna que permita prevenir la infección; y los voluntarios se van sumando; es una muy buena noticia”, añade, y se permite ilusionarse.