Cómo se puede despedir a un amigo, cuando él no se habría imaginado nunca que llegaba el momento de su última mirada del mundo, que no había marcha atrás de ese maldito momento que le tocó vivir antes de expirar su último aliento. Checho querido, nos conocimos en un abrazo, en lo que fue siempre un lugar de nuestros circunstanciales encuentros en la montaña, acompañados de tantos amigos cercanos y lejanos, siempre rodeados por aquellos que vivían, amaban y entregaban en sus relatos las mejores enseñanzas de sus andanzas. La Laguna del Tesoro nos convocaba siempre como un resumen mágico de un paraíso, que siempre te llama como un alimento necesario del alma y al que pudimos compartir con la familia. Despedirte lleno de energía, haciendo de tus momentos libres una rutinaria caminata por esa ruta, que de solo verla con su escenografía de fondo, siempre bella, con los magníficos nevados invitando a seguir, se hace incomprensible que te haya emboscado la muerte.
Segundo Anselmo Díaz
Florida 69
Banda del Río Salí