La Real Academia Española define la empatía como “sentimiento de identificación con algo o alguien” y “capacidad de identificarse con alguien y compartir sentimientos”. ¿Quién de nosotros no ha sentido empatía hacia las víctimas de esta pandemia? A nuestro cerebro le cuesta procesar unas imágenes que son sin duda impactantes, pero que a fuerza de repetidas a través de los medios de comunicación y redes sociales van perdiendo su poder de sacudir conciencias. Nuestra capacidad de asumir el dolor ajeno parece estar llegando al límite. La solidaridad y la compasión parece ceñirse solo al personal sanitario que convive a diario con esta situación traumática física y emocionalmente ofreciendo sus vidas. Es obvio que no todos los seres humanos somos iguales y por eso los hay con mayor sensibilidad que otros hacia los demás; parte de esta responsabilidad, de que haya llegado a esta pérdida de sensibilidad y solidaridad ante el dolor ajeno es atribuible a algunos políticos, por entender que anteponen sus intereses personales contribuyendo a aumentar o disminuir nuestra sensación de angustia, mientras ellos se pelean como chicos malcriados. El cansancio emocional que sufre la sociedad actual tiene muchas causas; nos da miedo no poder controlarlas y sentirnos desamparados y ello nos produce incertidumbre y angustia ante la sensación de abandono. La covid-19 pone a prueba a los líderes políticos y sus valores con que se han educado cada uno de ellos, mientras el ciudadano afronta esta pandemia con justificado miedo, muchos están más preocupados por hacer campaña electoral o sacar algún tipo de ventaja política de esta grave situación que vivimos, que por cuidar la salud de sus conciudadanos,  buscando solo satisfacer sus deseos y necesidades pensando en sus mezquinos intereses particulares, más que en el interés comunitario.

Pablo José Giunta

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