Los argentinos estamos viviendo momentos de gran angustia, con la pandemia casi descontrolada y apelando al cierre total, casi como única solución para detener la propagación del cruel virus. Cuando todo el mundo civilizado basa el control de la pandemia en dos acciones imprescindibles: testeos masivos y vacunación de toda la población en el menor tiempo posible. Pero, además, de este desmanejo sanitario y falta de cumplimiento de las expectativas difundidas a la ciudadanía, se toman medidas sectoriales totalmente demagógicas y absurdas. El cierre de las exportaciones de carne es un claro ejemplo de incoherencia y cambio total a expresiones y definiciones del Presidente en su campaña. En septiembre de 2019, el Presidente dijo que Argentina para pagar la deuda, sólo puede hacerlo creciendo y exportando, porque el país no emite dólares, y que para conseguir los dólares que necesitamos el único camino es exportando, porque el otro camino que es el endeudamiento, está agotado. En ese momento se preguntó el Presidente: ¿cómo crecemos? Y se contestó él mismo: no sólo con el consumo interno sino con la exportación, que no son conceptos antagónicos, potenciando el campo y la industria, para lograr exportar, que es el único modo genuino para tener dólares. Parece que el Instituto Patria le hizo cambiar de opinión y en menos de dos años, prohíbe la exportación de carne por 30 días. Incoherencia y falta de conocimiento de medidas que demostraron fracaso y un retraso muy traumático para la actividad. En marzo de 2006, Guillermo Moreno cerró las exportaciones. La consecuencia fue carne barata por unos meses, y después el precio comenzó a subir por falta de oferta. Y en pocos años se perdieron 12 millones de cabezas, más de 100 frigoríficos cerraron sus puertas y se perdieron más de 20.000 puestos de trabajo. Hoy la producción de carne vacuna alcanza para el consumo interno y para la exportación. El problema no es de abastecimiento, el consumo está en 48 Kg/ habitante/año y exportamos el 29% de la producción, principalmente a China donde se exportan vacas de rechazo o conserva que no se consumen acá. El problema de no tener mayor consumo no es la falta de carne, sino la falta de trabajo, malos ingresos, e inflación de más del 4 % mensual que deteriora el poder adquisitivo. La cadena de la carne vacuna genera 400.000 empleos y el cierre de las exportaciones pone en riesgo a 100.000 familias en un contexto de 45% de pobreza. En el corto plazo puede haber una pequeña baja del precio o mantenerse en una meseta por muy corto tiempo, pero en el mediano plazo vuelve a subir como ya ocurrió por desaliento en la producción. Todavía hoy no recuperamos el stock ganadero del 2004. Entonces, es sin duda una medida demagógica y electoralista, que engaña por un corto tiempo, pero perjudica a productores y frigoríficos, y no beneficia a los consumidores. El gran problema es la inflación, que hace que el peso cada vez valga menos. Perderemos mercados, que serán absorbidos rápidamente por Brasil y Uruguay. Y el país dejará de percibir dólares, que hoy necesita para comprar vacunas. En síntesis, para afrontar esta dolorosa pandemia, se necesita crecer y exportar, para conseguir dólares. Parece que las instrucciones que recibe el gobierno son empobrecer a la Argentina, para cosechar votos con la limosna, y mantener el poder y la impunidad. El desafío de la oposición responsable es volver a la coherencia, y con capacidad y sentido común, volver a ser como hace 100 años el país orgullo de Sudamérica. Con un peso argentino que era de las unidades monetarias de mayor valor en el mundo, gracias a ser un país exportador por excelencia.

José Manuel García González

josemgarciagonzalez@yahoo.com.ar