El otoño marca el inicio de una etapa para la provincia en la que convergen expectativas y preocupaciones. Es que a tres semanas de la inauguración de la zafra 2021, los augurios por una buena cosecha se mezclan con los reniegos de buena parte de la sociedad tucumana por todo lo que esta actividad acarrea en esta época del año: las rutas se poblarán de rastras cañeras, los ingenios trabajarán a pleno y el cielo se irá poblando de cenizas hasta fines de la molienda, como consecuencia de la quema de cañaverales y de pastizales.

En rigor, la quema de cañaverales es una práctica que genera más de un “dolor de cabeza” al personal de las reparticiones encargadas de sofocar los incendios, como bomberos voluntarios, Defensa Civil, Delitos Rurales de la Policía y la secretaría de Medio Ambiente. Las consecuencias las padecen los tucumanos, por la degradación del aire que respiran, por los cortes de energía eléctrica que muchas veces ocurren y hasta por los accidentes de tránsito que se producen en las rutas. Además, esta práctica también es perjudicial para el productor: cuando la caña se quema en pie hay una menor recuperación de azúcar y se pierde el rastrojo o el residuo de cosecha. En definitiva, resulta desventajosa para todos los miembros de la comunidad, estén directamente o no involucrados en la actividad.

Tucumán, de hecho, cuenta con la ley 7.459 que prohíbe la quema de caña de azúcar como método auxiliar de la cosecha e impide a los ingenios recibir caña quemada, pero los resultados reflejan que algo no se hace correctamente. No obstante, la práctica se mantiene año tras año y los registros satelitales y de imágenes dan cuenta de una costumbre difícil de erradicar.

La buena noticia, en los inicios de una nueva zafra, la dio en nuestro suplemento Rural del 15 de mayo pasado Juan Fernández de Ullivarri, técnico integrante de la Mesa de Gestión Ambiental (MGA). El especialista recordó que año tras año crece el área certificada de cultivo de caña sin quema. ¿De qué se trata? Desde 2014 existe en Tucumán un programa de certificación que sirve para prevenir la quema, creado por la MGA y gestionado por la Estación Experimental Obispo Colombres. Este sistema permite corroborar que es posible la producción de caña de azúcar de manera limpia y sustentable, sin utilizar en su manejo la quema y haciendo todo lo posible para evitar el ingreso del fuego desde el exterior al cañaveral. El programa con los productores brinda una prueba ante las autoridades de que en el campo se hace todo lo posible por evitar la quema y que se cuenta con medidas preventivas en caso de que ocurra un siniestro.

Aunque la certificación tiene un costo, resulta ínfimo a comparación del costo de las multas por los campos quemados. Y las expectativas puestas en este programa se sustentan en que la superficie certificada con estas normas viene creciendo año a año y durante el año pasado, a pesar de las restricciones impuestas por la pandemia de la covid-19, se sumaron más de 47.000 hectáreas con esta norma, convirtiendo a la caña de azúcar en el cultivo con mayor superficie certificada en la provincia.

Por todo esto, sería importante que ahora que la nueva zafra está en sus comienzos, el Estado realice una campaña de concientización, recuerde a los productores que cuentan con herramientas alternativas y profundice los controles para evitar los históricos padecimientos que esta actividad provoca entre los tucumanos.