Muy cerca del cerro, en el barrio Castillo de Yerba Buena, un grupo mayormente formado por mujeres se pone manos a la obra. Con pinzas, comienzan a desencofrar los pilares de hormigón que construyeron hace unos días. En otro rincón del predio, llenan botellas con desperdicios. Todo se compacta con paciencia y esmero. También están aprendiendo a usar una sierra para cortar maderas. Dentro de poco, el fruto de este trabajo les cambiará el escenario donde se reúnen todos los días: dejarán de estar bajo un plástico negro que cuelga de los árboles para tener un salón de actividades. Y sienten un doble orgullo: porque todo lo están haciendo con material reciclado.
Son un grupo de jóvenes que forman parte de “Cuidadores de la Casa Común”. Es es un movimiento social que nació en la Argentina a finales de 2015, inspirado en la Encíclica Laudato Sí, del papa Francisco. La iniciativa - es coordinada a nivel nacional por el Obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones- promueve la inserción sociolaboral de jóvenes en situación de vulnerabilidad. La idea es capacitarlos para que aprendan a ejecutar proyectos sustentables, que ayuden a proteger el planeta y a generar conciencia ambiental.
En Tucumán se puso en marcha en 2016. Tiene unos 60 integrantes, que asisten a distintos talleres que se dictan en la Ciudad Jardín. Justamente fue durante esas capacitaciones que surgió la idea de crear un espacio más confortable que el que tienen ahora, que es al aire libre y cuenta con muy pocas comodidades.
“Tuvimos que idear esta sala de usos múltiples de forma que después nos podamos llevar las estructuras porque este es un terreno prestado”, cuenta Cecilia Córdoba, que coordinadora el programa en Yerba Buena.
Detalles
La obra se hará casi íntegramente con desperdicios, en especial los cerramientos. Tendrá una pared hecha con ecoladrillos (botellas de plástico rellenas de basura), otra de madera y otra de adobe con bolsas de arpillera -las que usualmente se usan para frutas y verduras- y tierra hidratada. Para hacer el proyecto contaron con la ayuda de José Haedo, que es un estudiante avanzado de arquitectura.
Por otro lado, como en ese terreno, ubicado en Guatemala al 500, no tienen sanitarios, están ideando una estructura para hacer un baño seco. Son construcciones que ahorran en consumo y no contaminan. En vez de agua, utilizan aserrín y requieren de un tratamiento especial de las heces.
El proyecto de este salón de usos múltiples arrancó hace un mes. Alumnos de distintos colegios de Yerba Buena están juntando botellas de plástico para donarles y así podrán avanzar con las paredes de ecoladrillos, cuenta Guillermo Yunes, que dicta el taller de carpintería. Otros materiales consiguen por donaciones o directamente buscando en lo que otros vecinos descartan, resalta Córdoba.
Ana Paula, que tiene 22 años y forma parte de Cuidadores, cuenta que a pesar de haber estudiado una tecnicatura en turismo no conseguía trabajo. Se sumó a este movimiento con la idea de poder hacer algo con su especialidad y que tenga que ver con la ecología. Por eso, mientras colabora con las huertas y la obra de construcción, también hizo un proyecto de ecoturismo, que incluye cabalgatas, actividades de aventura y caminatas por Horco Molle.
Las y los cuidadores de Tucumán trabajan en distintos proyectos: tienen huertas, talleres de carpintería, de arte y diseño, de panadería y de costura. También hacen reciclado de bolsas con las que diseñan objetos tejidos con plásticos.
En los últimos meses se sumaron a Cuidadores mujeres del programa provincial “Ellas hacen” y hay un grupo que produce en San Pablo plantas de cúrcuma y de maracuyá, que luego venden al público.