La llegada de la covid nos obligó a darle un giro de 180 grados a nuestras vidas; todo lo que conocíamos y acostumbrábamos se vio en la necesidad de mutar y amoldarse a la nueva normalidad, tanto las buenas como las malas costumbres.
Según un informe de la ONG Bullying Sin Fronteras, el 33 % de niños y adolescentes en etapa escolar de América Latina y España acusaron haber sido víctimas de ciberbullying durante la cuarentena de 2020. Un problema que se ceñía a las aulas pasó a la virtualidad y con algunos matices: para el acosado, el bullying solía terminar al finalizar las clases (fuesen en el ámbito que fuesen) y, ahora, con redes sociales y con la virtualidad en todos los ámbitos, continúa en los medios online y a todas horas. Sí, eso en los últimos años ya se venía gestando, pero con las clases virtuales se agravó: grupos de Whatsapp, redes sociales e incluso plataformas de video son algunos de los espacios dónde los acosadores se desenvuelven. “Con la pandemia hay una amplificación del tradicional concepto de bullying a través de las tecnologías y el uso de dispositivos electrónicos, donde el agresor ejerce un poder de intimidación hacia otro”, expone José Farhat, Secretario de Estado de Participación Ciudadana. Así, resulta oportuno hablar de ciberbullying.
“El ciberbullying es un enemigo invisible y muy poderoso”, asevera con total convencimiento Silvia Bono, psicopedagoga y especialista en acoso escolar.
Virtualidad desvirtuada
Bono explica que hoy el tradicional bullying tomó otros espacios donde es más difícil detectar síntomas. La experta habla de que vivimos en una “virtualidad desvirtuada”, dónde no solamente el niño sufre bullying de sus pares, sino también puede ser víctima de sus mayores. Sí, padres y maestros. Y es que, al estar más en casa, la violencia se potencia: “que una mamá le diga a su hijo que es tonto porque no entiende lo que la docente dice es bullying”, subraya. Silvina Cohen Imach, psicóloga clínica especializada en niñez y adolescencia y violencia familiar considera mejor reservar el termino bullying para el acoso entre pares y prefiere hablar de violencia psicológica: “tiene que ver con un maltrato que supone la intimidación, atemorización, indiferencia emocional y va generando las mismas consecuencia que el maltrato físico. Las pautas de crianza muchas veces facilitan o permiten el ejercicio de cierto poder o cierta violencia física en la crianza; entonces, como correctivo, muchas veces se acepta la cachetada, el golpe, el menosprecio o el insulto: ‘que tonto sos”, “tu hermano, tus compañeros son más inteligentes”, ejemplifica la profesional.
Volviendo al bullying, Cohen añade: "Esa persona que sufre bullying, ahora sobre todo virtual, sufre una disminución y un ataque a sobre todo su autoestima, su seguridad básica, su relación con los pares, con otros. Es absolutamente negativo y frustrante para aquel que lo sufre".
Llamados de atención
Bono comenta que no se puede hablar de una modificación en lo que respecta a los síntomas, es decir, los síntomas son los mismos al hablar de bullying tradicional y cyberbullying. “El síntoma destacado es el aislamiento, vive encerrado, no sale de su cuarto, no habla, no cuenta, no pregunta, tiene enuresis (incontinencia urinaria)... El bullying te provoca miedo: me aíslo porque tengo miedo, me orino porque tengo miedo”, explica y recomienda estar alerta a los síntomas. “Hay que tener en cuenta todo lo que llame la atención, no importa, así me digan “que ridícula sos”, lo que me llama la atención lo observo y averiguo, después pasaré a ser ridícula”, agrega.
"Las víctimas de bullying son personas que no tienen habilidades para reaccionar frente a la agresión, entonces son continuamente avasalladas por alguien que las está hostigando o generando actos discriminatorios. Hay que prestar atención a los cambios de comportamiento, tenemos que ver qué pasa con el dispositivo, si se aleja...", sugiere Farhat.
¿Cómo puede ayudar un padre? “Deben ayudar a que el niño lo pueda poner en palabras, y hacer intervenir a un tercero que pueda interceder imponiendo cierto orden, cierta legalidad. Esto (el bullying) sucede generalmente en aquellos grupos que hay un ausente retirado de su función de ordenador, de legislador, entonces se permite, se tolera, o es posible que aparezca el bullying”, reflexiona Cohen.
Whatsapp, un problema
Con mas de 2.000 millones de usuarios, el gigante de las comunicaciones es hoy, el medio más utilizado por todos. La agilidad y rapidez para enviar y recibir textos lo convierte en la mejor opción de contacto. En ese espacio suele producirse también el cyberbullying entre pares: “he recomendado a pacientes que salgan de grupos de Whatsapp, de compañeros y madres. No estamos preparados para hacer grupos, porque no estamos concientizados en que lo que yo digo agrede; estamos en el área de la agresión, no de buen hablar”, concluye.
Anominato
¿Una sensación o una realidad?
“Se produce un distanciamiento emocional. Al compartir o difundir a través de la viralizacion un elemento, hay una falsa sensación de anonimato. Es decir, no hay una sensación directa de daño a la víctima; a veces lo que hace el dispositivo es viralizalo y no sabemos a donde llega. Un niño o adolescente puede compartir algo pensando que no hace daño, pero realmente afecta y lesiona. Esto genera un daño sin que lo puedan meditar o reflexionar los niños, por eso hay que trabajar con ellos y que conozcan estos roles de discriminación en la web. Estos niños que hoy ejercen bullying pueden ser quienes caminen las calles mañana y tengan actitudes violentas para resolver conflictos”, considera José Farhat, Secretario de Estado de Participación Ciudadana.