El barrio 280 viviendas de Villa Quinteros tardó cinco años para conseguir la habilitación de su servicio de cloacas. Las casas les fueron entregadas en 2016 a sus propietarios con la promesa de que las plantas de propulsión o bombeo y la de tratamiento de líquidos iban a ser puestas en funcionamiento en poco tiempo. La promesa se extendió en el tiempo y eso ocurrió apenas hace dos semanas.

¿Qué demora la llegada de las cloacas?

Las instalaciones se pusieron en funcionamiento, a raíz de las gestiones del comisionado comunal Gustavo Marcial, de autoridades del Ente Único de Control y Regulación de los Servicios Públicos de Tucumán (Ersept) y del Instituto de la Vivienda (IPV), que lograron destrabar un conflicto con la empresa Fortino.

“Ambas plantas ya estaban construidas en el 2016 pero nunca fueron entregadas formalmente a la provincia por la constructora. Por esa razón no se las puso en funcionamiento y a lo largo de cinco años fue desmantelada por los ladrones y vándalos. Ahora fue reequipada de nuevo y puesta en marcha” explicó Marcial.

Los vecinos del 280 viviendas vivieron un tiempo largo de penurias. Al liberar los líquidos de sus viviendas a un servicio inhabilitado, colapsaron pronto las cañerías y las cámaras sépticas y muchos se vieron obligados a construir pozos ciegos.

“Los riesgos sanitarios fueron enormes. La gente vivió en medio de las aguas servidas”, observó el funcionario.

Villa Quinteros se constituyó en el interior tucumano en otra de las pocas comunas rurales en las que una parte de su población comenzó a tener a duras penas servicio cloacal. De las 93 comunas de los 17 departamentos de la provincia, más del 90% carece de esa infraestructura sanitaria. Son más de 300.000 personas que liberan sus líquidos cloacales a pozos sépticos o ciegos.

Comunidades centenarias como Arcadia, Santa Ana, Los Sarmiento, Río Chico, Río Seco o León Rougés, con más de 7.000 habitantes, nunca tuvieron servicio cloacal.

“Es un verdadero problema para el medio ambiente y la salud pública. La contaminación de las napas freáticas, la saturación de los pozos y la necesidad de los vecinos de construir otros, van agravando una situación que necesita ser atendida ahora”, advirtió Gustavo Mahmud, titular de la Fundación Ambientalista Ave Fénix.

“La causa más común de contaminación en el subsuelo se debe a los pozos negros y fosas sépticas, sistemas anticuados que corrompen con materia fecal y residuos domésticos las aguas subterráneas. Esta puede llegar a pozos de agua para uso humano con el riesgo de provocar enfermedades”, añadió el dirigente.

En Villa La Trinidad, el barrio Las Rosas tiene servicio cloacal, pero el sistema está colapsado. “Las cañerías necesitan ser renovadas y que se instale una planta de tratamiento. Ahora el líquido va a parar al efluente del ingenio” observó Mahmud en diálogo con LA GACETA.