Hace 10 días se realizó la quinta edición del Softys Innovation Week 2021, acontecimiento organizado por empresas dedicadas al desarrollo de productos de higiene y cuidado personal, transmitido a América Latina, cuyo eje se centró en la industria de consumo masivo y su futuro tras la pandemia de covid-19. En la ocasión, el pensador israelí Yuval Noah Harari, autor de “21 lecciones para el siglo XXI”, que se ha convertido en un best seller, realizó un análisis sobre los desafíos que plantea la pandemia. Algunos extractos de su pensamiento son comentados por cuatro destacados intelectuales tucumanos.
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* Los peligros de la concentración de datos y de la concentración del poder en solo algunas manos, en las manos de solo algunas corporaciones o de solo algunos gobiernos. Esto es tan peligroso para las compañías como para las personas porque estamos entrando en una era en la que, si no tenemos cuidado, veremos un tipo de proceso en el que el ganador se queda con todo, en el que una corporación que es dueña de todos los datos de todos los ciudadanos de un país, o de una región, está en una posición, básicamente, de dominar a todas las industrias. Tanto las compañías como las personas tendrán que colaborar para evitar esta sobre concentración de datos y de poder, en las manos de solo algunos actores poderosos.
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* El año 2020 fue testigo de un fracaso total del liderazgo global (…) no hubo un esfuerzo coordinado para limitar la propagación de la pandemia, que es la razón por la que ahora ha llegado a todos los rincones del planeta… cada país debería invertir más en sus sistemas de salud pública. Esto parece ser obvio, pero tanto los políticos como los ciudadanos a veces tienen éxito en ignorar la lección más evidente. La humanidad debería establecer un sistema global poderoso para monitorear y prevenir las pandemias mundiales. Sé que mucha gente teme que el Covid-19 marque el comienzo de una nueva ola de pandemias, pero, si al menos se implementan estas dos lecciones, el shock del Covid-19 podría, en realidad, dar como resultado que las pandemias sean menos comunes.
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* Los mismos factores, los mismos eventos pueden llevar a futuros muy diferentes dependiendo de las decisiones que los gobiernos, las compañías y las personas tomen hoy… las empresas deberían ver diferentes escenarios y qué es lo que impulsará a esos escenarios, en vez de ver un solo escenario y convencerse de que eso ocurrirá inevitablemente debido al Covid.
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* Durante la Covid-19 estamos viendo en las instituciones de muchos países que la confianza se debilita hasta alcanzar niveles alarmantes. Esta es la consecuencia de las estrategias adoptadas años antes por aquellos políticos que han buscado, deliberadamente, minar la confianza en los medios de comunicación, en las instituciones académicas y en las autoridades. Ahora nos damos cuenta de lo peligroso que es, ya que la confianza es el motor del sistema. Nuestro mundo se basa en la confianza depositada en desconocidos. Éramos cazadores recolectores hace 50.000 años y vivíamos en grupos muy pequeños, por lo que conocíamos a todas las demás personas que nos rodeaban. De este modo, confiábamos en que nos conocíamos. En el mundo moderno depositamos nuestra confianza en instituciones impersonales y colaboramos con miles de millones de desconocidos, de forma que si esa confianza desaparece, el mundo entero se desplomará y toda nuestra civilización se vendrá abajo.
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* No puedes ir personalmente a ver qué está sucediendo, ni entrevistar a los periodistas que redactan las noticias, así que al final todo se resume en qué revistas o en qué televisiones confías. Por eso tenemos que construir buenas instituciones en distintos ámbitos, en la medicina, en la ciencia y en los medios de comunicación, porque al final eso es lo que nos garantiza que recibimos información buena y fiable.
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* Debemos recordar que seguimos siendo animales y, como tales, formamos parte del ecosistema. En cierto modo, podemos decir que la naturaleza ha sido benévola con nosotros, ya que solo nos ha lanzado un pequeño aviso. El Covid-19, en lo que a las epidemias se refiere, es algo relativamente leve. No tiene nada que ver con la peste negra, ni con el sida, que mató a casi todas las personas que lo contrajeron en los años 80. De alguna manera, la naturaleza nos está diciendo qué es lo que puede llegar a pasar con un virus relativamente leve procedente de un murciélago. Pero hay cosas muchísimo peores esperándonos si no tratamos el problema medioambiental.
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* Se preveía que los cambios radicales en el mercado laboral llevarían 10, 20 o 30 años, pero el Covid-19 está acelerando el proceso. Hay sectores enteros que se están hundiendo o desapareciendo. Ahora bien, surgirán nuevos puestos. El problema radica en disponer de las actitudes necesarias para llevar a cabo las tareas que implican dichos puestos de trabajo nuevos. Como no podemos predecir el futuro, no podemos saber cómo será el mercado laboral en 2040 y, por lo tanto, no podremos formar a los niños de hoy en día con las aptitudes que se requerirán para entonces. Es necesario estar en constante formación y reinvención. Una y otra vez. Y esto constituirá una carga enorme. Pensemos que tenemos que volver a empezar a los 40 años, luego a los 50 y de nuevo a los 60.
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* La tormenta pasará, pero las decisiones que tomemos ahora podrían cambiar nuestras vidas en los próximos años. Debemos actuar con rapidez”.
Gestionar la incertidumbre
Por Gustavo Guersman
Violinista-Director orquestal
A más de un año de pandemia y leyendo los pensamientos de Harari, pienso que esta situación extraordinaria nos muestra claramente innumerables realidades: ciertamente la falta de liderazgo global y en la mayor parte de los países, es muy difícil encontrar líderes que se reúnan para llegar a acuerdos por el bien común. Prevalecen los individualismos, la solidaridad ha quedado en la caja de las utopías. También se ha potenciado más que nunca la duda sobre la palabra. La palabra, ese don que nos define, ha perdido hoy más que nunca valor en medio de la duda sembrada de manera constante frente a la verdad de los hechos. Los políticos y los medios de comunicación han llevado al extremo a la pérdida de la confianza y de la credibilidad. El relato ha matado la verdad.
Respecto a la innovación, creo que hubo cambios sin duda, pero no necesariamente para mejorar, en algunos casos esos cambios son solo pérdidas, la falta del contacto directo, el mirarnos a los ojos, el sentirnos y percibirnos nos empuja cada vez más a una soledad desdibujada, y tratamos de asirnos a lo que podemos. Por otra parte, esta pandemia nos muestra también la paradoja del enorme avance de la ciencia (vacunas en tiempo récord) pero hoy los viajes, la globalización, etc., hacen que aunque Israel e Inglaterra estén inmunizados solo se podrá terminar con esto si el mundo entero lo está. Gestionar la incertidumbre es y será nuestro desafío cotidiano.
La recuperación de la confianza
Ricardo Salim
Arquitecto - teatrista
Hemos sido testigos durante esta pandemia, de enfrentamientos partidarios y económicos, falta de liderazgo y coordinación. Intereses que sembraron desconfianza en la población frente a las soluciones planteadas, y que produjeron en países como en la Comunidad Europea, acciones contrapuestas, idas y vueltas e inseguridades en la toma de decisiones para inmunizar la población. Perdieron el tiempo y aumentaron los fallecimientos.
Sabemos que, frente a lo desconocido, recorremos caminos de prueba y error, y que equivocarse es posible, pero especular es inadmisible. El rechazo a las vacunas, el no acatamiento a las medidas de prevención planteadas, la priorización de lo económico frente a la salud de la población, han sido algunos de los resultados de estos enfrentamientos. Tristes ejemplos son Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, y la oposición en nuestro país, entre otros.
Podríamos llegar a conformarnos, al tomar conciencia que frente a la Peste Negra o al sida, el Covid-19 ha sido más controlado, y que las posibles soluciones llegaron con mayor rapidez que en el Medioevo en los años ‘70. Pero en un mundo altamente desarrollado como el nuestro, comparado con esos momentos de la historia, las soluciones deben llegar más rápido.
Lo que resultó esperanzador, fue la contribución de científicos y académicos en la búsqueda de soluciones a la crisis. El aplauso de la población a médicos e investigadores renovó el valor del estudio y la innovación, y marcó un hito positivo en la pandemia. La recuperación de la confianza en el buen uso de la información, y del valor del trabajo intelectual creativo, nos abren nuevas perspectivas, y es de esperar que, una vez superada la pandemia, intentemos resolver, entre todos, problemas pendientes como el calentamiento global, y la crisis del medio ambiente.
No cuestiona lo que subyace al poder
Marta Gerez Ambertín
Doctora en Psicología
Obvio que el esfuerzo coordinado entre las naciones hubiera limitado la propagación de la pandemia y que cada país debería invertir más en sus sistemas de salud. Pero no fue posible coordinar nada cuando quienes presidían la primera economía del mundo (Trump), la sexta (Johnson) o la novena (Bolsonaro) desestimaban lo que ocurría. Tampoco ayuda a la “coordinación” que EE.UU. tenga el doble de vacunas de las que necesita y más de la mitad del planeta no tenga nada. Casi la mitad de los más de 200 millones de vacunas ya administradas se aplicaron en siete países donde vive solo el 10% de la humanidad.
Harari agradece a la pandemia el desarrollo del “músculo de la innovación”, aunque insiste en “los peligros que puede significar la concentración de los datos y la información”. Resulta intrigante que los dueños de Microsoft y Facebook recomienden sus libros; Harari cuestiona a Silicon Valley pero es allí donde tiene los más fervientes seguidores. ¿Rockefeller recomendando la lectura de Marx? Pero es que Harari no cuestiona lo que subyace al poder de las grandes empresas: la globalización de la producción capitalista que se ha vuelto casi autónoma de los controles políticos. Y lo que la pandemia ha demostrado es que pueblos, gobiernos y empresas no tienen los mismos intereses. Los pueblos desean curarse o no enfermarse, las empresas ganar dinero y los gobiernos ganar elecciones (y, en muchos casos, enriquecerse gracias a los sobres que les pasan “bajo la mesa” las grandes empresas). El rubro “salud de la población” no figura en los balances que analiza Wall Street. De allí que urja una suspensión temporal de patentes de vacunas y se las declare bien común de la humanidad. Si Harari propusiera eso, posiblemente Pfizer no recomendaría sus libros.
Este calvario es solo una muestra
Rodolfo Campero
Médico - Escritor
Casi todos coincidimos con Harari, quien aportó a la convocatoria un brillo académico superlativo. Esta tragedia tiene al menos tres componentes:
1- Por un lado, está siendo la pandemia más investigada de todas en la historia de la humanidad. Los hechos hablan por sí mismos: se ha desarrollado el genoma viral en menos de 90 días, las vacunas en un menos de un año, la capacidad cognitiva y el músculo de la innovación tecnológica se han fortalecido como jamás antes.
2- Por otro, sin embargo, somos testigos del más rotundo fracaso político-humano por la deplorable ausencia de un liderazgo global que atienda estas tragedias de manera colegiada, justa, equitativa y ordenada. La revolución científica debe ser acompañada por una respuesta política internacional coherente, suficiente y coordinada. Al contrario, la puja distributiva de un bien social como las vacunas, como se observa, y las pésimas decisiones colectivas, más la carencia total de cooperación internacional, han expuesto al mundo a soportar el sacrilegio de una suerte de “sálvese quien pueda”. Se ha desatado una severa crítica de los líderes globales. Estos dramas nos exhortan a organizar con urgencia tanto la coordinación empresaria como la creación de un sistema multilateral poderoso, mundial, alerta, preventivo y solvente.
3- Una buena noticia: People’s Vacine y el Club de Madrid, con muchos primeros ministros, 49 premios Nobel y 34 expresidentes, advertidos en forma casi unánime de este enorme drama, se expresaron categóricamente por la liberación temporal de las patentes. Debemos apresurarnos, este calvario es solo una muestra: no el último.