El humo rojo de una bengala -espeso, violento, irrespirable- invade el interior de un local comercial del centro. La persona que sostiene ese elemento se aleja del lugar con tranquilidad, sin que nadie le impida hacer lo que está haciendo. No se ve a quiénes están del otro lado de esa barrera de humo, es decir, dentro del negocio. Pero seguramente hay mujeres y hombres de todas las edades. Entre ellos, trabajadores a los que el Sindicato de Empleados y Obreros del Comercio (SEOC) dice representar. Todos terminan siendo víctimas de una agresión inesperada y artera.

El párrafo anterior es una descripción de la foto que ilustró la portada de LA GACETA de este viernes. Esa imagen da cuenta de la manifestación que realizó SEOC en el microcentro de la capital para exigirles a los comerciantes que trabajen en horario corrido y que cierren las puertas a las 19. Es una imagen tan triste como alarmante. Triste porque confirma que en Tucumán, la violencia y la prepotencia están por encima de cualquier otra instancia de negociación; la agresión parece haberse convertido en la herramienta más efectiva para imponer la propia voluntad sin importar lo que el otro piense o sienta. Y es preocupante porque este conflicto entre comerciantes y sindicalistas expone la aparente inacción de algunas autoridades.

A esta situación se la advierte en distintos niveles. En primer término, las medidas que toma el Ministerio de Seguridad no parecen ser suficientes para garantizar la paz social y la libertad de trabajo. A pesar de que había policías en la zona, durante la protesta del jueves nadie le impidió a los manifestantes utilizar esas bengalas de humo que ponen en riesgo la salud de todos aquellos que quedan expuestos a ellas. El viernes, los comerciantes, indignados, se preguntaban: ¿para qué mandan policías si no van a impedir los atropellos?

Existen distintas normas que se refieren al horario comercial. Por un lado, la disposición del Comité Operativo de Emergencia provincial (COE), que dice que los comercios deben atender de lunes a viernes de 10 a 19, y los sábados de 9 a 15. Los dirigentes de SEOC la utilizan como argumento para defender su postura. Al mismo tiempo, los comerciantes insisten con el decreto 3074/2020, firmado por el intendente Germán Alfaro, que establece que el horario para la atención al público debe desarrollarse entre las 7 y las 21. Claramente, la definición de esta situación no ha de ser unívoca. Sin embargo, queda la sensación de que el sindicato quiere convencer a fuerza de miedo y no de argumentos.

En este contexto, es llamativo el silencio de las autoridades provinciales y municipales. Entre los comerciantes esto genera malestar, porque esperan respuestas que no llegan y, mientras tanto, el temor a las agresiones y a las presiones se expande entre clientes, trabajadores y patrones.

Distinta parece ser la actitud de la Justicia. El Ministerio Público Fiscal decidió intervenir y ayer, la Unidad de Decisión Temprana llamó a declarar a sindicalistas y comerciantes.

Merece un comentario, también, la llamativa fijación que parece tener SEOC con hacer cumplir normas únicamente en el microcentro de la capital. Allí es donde se suelen concentrar las ruidosas protestas con redoblantes, trompetas y bombas de estruendo. No se nota el mismo celo en otras zonas de la capital y del interior.

Lo concreto es que no se puede tolerar la violencia bajo ningún argumento. Creemos que la libertad de trabajo y el respeto por la postura del otro deben ser valores primordiales. Y que las autoridades están obligadas a velar por ellos.