La Ciudad de Buenos Aires quiere volver a poner en marcha el turismo tras el parate total durante el 2020 por la cuarentena. Las heridas en el sector son profundas, pero los ámbitos público y privado vienen planteando distintas estrategias para reactivarlo.

Los actores involucrados coinciden en que hay un antes y un después de la pandemia. El distrito capital pasó de tener un récord de casi tres millones de visitantes extranjeros en 2019 a recibir ninguno. La mirada, entonces, se volvió hacia los vecinos de la propia ciudad y a los del interior del país. Aún con el aumento de los contagios en todo el territorio nacional, la idea es sostener las actividades.

En una charla con periodistas de la que participó LA GACETA, el presidente del Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires, Gonzalo Robredo, explicó que tienen buenas expectativas porque pretenden captar a los viajeros que antes elegían como destino a países limítrofes, como Uruguay o Brasil, para descansar un fin de semana o durante los feriados ¿Cómo? Apostando a ganar el espacio público y a potenciar las virtudes que ya tiene la ciudad, como su exquisita y variada gastronomía, las actividades culturales y los recorridos por sus pintorescos barrios.

Robredo detalló que el distrito cuenta con una capacidad de 66.000 plazas de alojamiento, pero que el 40% de los hoteles permanecen cerrados por el momento. Algunos bajaron la persiana para siempre; otros están aprovechando para hacer remodelaciones y a otros no les parece rentable abrir sus puertas aún. Muchos de ellos funcionaron como centros de aislamiento al inicio del confinamiento.

Cada establecimiento tiene su propio protocolo de funcionamiento. En general, el uso de tapabocas es obligatorio; se toma la temperatura en los ingresos; los desayunos se sirven en las habitaciones; hay pisos que no están habilitados, las piletas se usan por turnos y los espacios comunes se desinfectan permanentemente.

“Esperamos recuperar los niveles de actividad de antes de la pandemia en 2023”, proyectó Robredo.

Desde fines del año pasado, la ciudad cuenta con el sello internacional Safe Travels, del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC). Se trata de un respaldo para aquellos destinos que cumplen con los protocolos de seguridad para evitar los contagios y que involucran higiene, sanitización y distanciamiento físico. La idea, además de que se disfrute del viaje es que sea, fundamentalmente, una experiencia segura.

Paseo de la Historieta

Al llegar…

Implementar los testeos masivos en los accesos a la Ciudad es una de las estrategias que implementó el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta. Desde diciembre, que hay centros en las entradas por aire y tierra. Según el área de Salud, hasta febrero habían testeado a casi 850 mil turistas y residentes.

¿Quiénes deben testearse? Los turistas mayores de 12 años que permanezcan al menos un día y lleguen desde más de 150 kilómetros. Es muy importante hacer un trámite previo antes de llegar: llenar una declaración jurada en internet (https://turismo.buenosaires.gob.ar/es/RequisitosTuristas).

En el caso de que los que lleguen en avión, los centros ubicados en Aeroparque y Ezeiza funcionan sin turno previo, las 24 horas ¿Cuánto hay que pagar? El costo es cubierto por las obras sociales y los seguros médicos o bien, por el Gobierno de la Ciudad.

El aislamiento de los visitantes se da sólo en el caso de que se detecten positivos, porque por el momento los turistas y los residentes nacionales no tienen que hacer cuarentena.

El procedimiento del hisopado es sencillo y se produce antes de dejar las terminales. Los voluntarios captan a los viajeros que se quedan en Capital y los derivan a los boxes individuales donde se efectúa el procedimiento. Las enfermeras piden datos personales y luego explican cómo se hará el test. La demora no es de más de 20 minutos, salvo que hayan confluido los aterrizajes de varios vuelos. Aún así, el trámite es relativamente rápido.

Los resultados se pueden consultar por WhatsApp (+549115050-0147) y están disponibles entre 12 y 24 horas después. Un sistema inteligente va requiriendo los datos y brindando la información.

Si es positivo, el resultado es informado mediante una llamada de teléfono y se explica cómo se debe efectuar el aislamiento. Quienes no tengan dónde hacerlo, hay hoteles que están dispuestos por la Ciudad.

Los que lleguen en ómnibus, tienen que pasar por un centro de testeos ubicado en la Terminal Dellepiane. No es necesario pedir turno. En el caso de que se arribe en auto, moto o bicicleta se debe reservar, y se debe pasar por La Rural (Av. Sarmiento 2704, de 8 a 20).

Opciones para todos

Tomar la calle y disfrutar de los espacios al aire libre es la apuesta. El Ente de Turismo amplió la oferta de este tipo de actividades.

Los circuitos al aire libre son la “vedette” de la oferta en pandemia. Y en Buenos Aires hay mucho para recorrer. La propuesta oficial está sectorizada por barrio, porque es lo más práctico para los visitantes, que no deberán trasladarse grandes distancias para visitar distintos atractivos en una mañana o tarde. Las alternativas son a pie o en bicicletas. Además, se puede completar un circuito que cubre sólo espacios verdes, que tomaron especial notoriedad durante la pandemia.

Los celulares se convirtieron en un aliado clave, porque funciona tanto de guía como de GPS, porque se puede descargar de manera gratuita distintos recursos para no perderse ningùn detalle de interés. La otra posibilidad es buscar algún guía oficial. La Ciudad esconde demasiados secretos como para pasarlos por alto.

Entre los trazados que se pueden cubrir caminando hay varios en el clásico casco histórico, que incluye desde la Plaza de Mayo hasta iglesias y bares notables. También hay opciones por los barrios, como San Telmo, Chacarita o Recoleta. Los que se pueden concretar en bicicleta tienen previsto paseos por Caballito, Villa Crespo y Colegiales o las bicisendas que conectan Saavedra, Villa Urquiza y Coghlan.

San Telmo

San Telmo

Antiguo y emblemático, es uno de los más elegidos por los visitantes y queda muy cerca del centro. Tiene tantos sitios para ver que hay que estar muy atentos a la cartelería y a los folletos, sobre todo si es la primera vez. La experiencia que ofrece es histórica, cultural y gastronómica. Meterse por las callecitas de adoquines es una invitación al pasado. Literalmente, se puede entrar a una casa de época y a una vistosa pulpería. En el Pasaje Defensa, por ejemplo, se puede recorrer la residencia de los Ezeiza, construida en 1880, y que funciona ahora como una galería en la que se pueden ver antigüedades y obras de arte. A la hora de hacer un alto, se puede optar por concurrir a la pulpería Quilapán, que ofrece deliciosos platos criollos o también se puede adquirir una jarra “pinguino” de cerámica.

Para comer, se puede optar por el Mercado. Inaugurado en 1897, se encuentra en proceso de restauración. La estructura interna es la original y hay que levantar la vista para poder ver todos sus atractivos, como los arcos y la cùpula de metal. Se pueden comprar especias; antigüedades y frutas y verduras de todo tipo. Cuenta con cantinas gourmet, como la parrilla Juan Bautista, donde se puede comer choripanes y parrillada de verduras y cerrar con un postre vigilante. Los tragos con gin y yerba mate son la especialidad.

El paseo puede terminar en la plaza Dorrego, rodeada de hermosas casonas. Se trata de un lugar histórico y que tiene un poco de Tucumán: allí, en 1816, se anunció al pueblo porteño que se había declarado la Independencia en nuestra provincia.

La noche y la gastronomía

Una de las virtudes de Buenos Aires es que tiene la capacidad de adaptarse a todos los gustos y bolsillos. La noche no es la excepción. La gastronomía es uno de los atractivos por excelencia de la ciudad y los bares y restoranes pudieron adaptarse a la “nueva normalidad”.

Una de las medidas que se tomó para poder dar mayor seguridad a los comensales fue la de habilitar áreas peatonales transitorias en los barrios. Permite respetar la distancia social y estar en mesas al aire libre. Los espacios públicos pueden usarse para caminar y también permanecer allí, más allá de sentarse en un establecimiento.

Los espacios culturales también están funcionando, como centros culturales y museos. En la mayoría de los casos hay que reservar online. En el caso del Centro Cultural Recoleta, por ejemplo, abrió sus jardines durante el verano para ser escenario de picnics en los que jóvenes podían reunirse y escuchar algún DJ o distintos artistas en vivo.