Los pobres de ayer son los indigentes de hoy; y los pobres de hoy son de la castigada clase media. Los datos pueden ser gráficamente correctos, pero estadísticamente son imperfectos. La serie histórica sobre el comportamiento de la pobreza y de la indigencia en el Gran Tucumán-Tafí Viejo tuvo un freno entre 2013 y 2016. No hubo informes; sólo estimaciones de una pobreza que rozaba el 25%. El último registro disponible en ese período daba cuenta que en el principal aglomerado urbano, la tasa difundida por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) era del 4,6%, mientras que al volver a empalmar la serie, llegaba al 35,8%.

Las crisis económicas y financieras marcan a fuego las estadísticas oficiales. Así, tras la debacle de fines de 2001 y gran parte de 2002, el Gran Tucumán registró un nivel de pobreza del 67,3% al primer semestre de 2003. La indigencia, a su vez, marcó al 37% de los habitantes del aglomerado, que no tenían los ingresos necesarios para alimentarse mínimamente. La baja de la tasa fue gradual. Néstor Kirchner dejó su gestión, en diciembre de 2007, con una tasa de pobreza del 29%. La caída de 42 puntos de ese estatus socioeconómico encontró explicación en los efectos de una tonelada de soja a U$S 500, además de una gestión que cabalgó sobre los superávits gemelos (fiscal y comercial). La redistribución del ingreso fue posible. Para los dos mandatos de Cristina, la situación económica no era la misma. Los gemelos desaparecieron y la inflación comenzó a alimentarse. Entre 2008 y 2013, la pobreza fue del 27,7% al 4,6%. En los dos años siguientes no hubo mediciones oficiales. El empalme se realizó en la gestión de Mauricio Macri. Al primer semestre de 2016, la tasa fue del 35,8% al 37,3% siempre en el Gran Tucumán. Con Alberto Fernández, el índice fue creciendo hasta llegar al 43,5% al segundo semestre de 2020. La pandemia tuvo algo que ver, pero el problema de fondo es la prolongada recesión económica que lleva más de tres años. La inflación es el eje de los males socioeconómicos. Mientras no baje, seguirá siendo una fábrica de pobres, que se come sostenidamente el ingreso de los argentinos.