La oposición reaccionó inexplicablemente, cuando la segunda autoridad de la Nación expuso la imposibilidad de pagar la deuda con el FMI, situación reconocida por el organismo de crédito y por los mercados financieros del mundo. Parte de la opinión pública desconoce (porque en su momento los medios adictos a Macri ocultaron los trasfondos del acuerdo) que la maniobra financiera violó el reglamento interno del FMI para otorgar un préstamo a Macri por U$S 57.000 millones (como máximo le correspondían U$S 22.600 millones), presionado por Donald Trump. Semejante deuda en principio disimulada, como el “combustible” del motor que pondría en marcha la economía local, un segundo escenario relataba el pago de un falso endeudamiento, el tercer capítulo lo anunciaba como una herramienta electoral para la reelección de Macri; todo fue una monumental mentira: la finalidad fue financiar una perversa fuga de capitales, coincidente con los giros del organismo de crédito al país. La coacción política y financiera de Donald Trump llegó al límite de forzar al FMI, a habilitar un crédito por encima del 152% de lo que correspondía a la gestión anterior, considerando la cuota ante el organismo de crédito, más la incidencia del DEG; por lo tanto corresponde dejar de lado la falta de conocimiento del reglamento interno, tanto de los gestores del crédito, como de los responsables de adjudicarlo, poniendo en claro la responsabilidad compartida de ambas partes, ante el pasmoso silencio de los otros países miembros. En este escenario, la embestida opositora apuntó a la vicepresidenta de la Nación, por haber marcado la imposibilidad de pagar la deuda (LA GACETA, 24/03), prejuzgando maliciosamente que la Vicepresidencia atentaba contra el Presidente y el ministro Guzmán en el acuerdo con el FMI; un periodista consideró que Cristina no debió emitir juicio sobre economía, olvidando que fue dos veces presidenta de la Nación, con la experiencia y los conocimientos que implica el cargo. El momento actual exige que los políticos digan la verdad al pueblo, de tal forma que cuando este reclame por mejor educación, salud, seguridad etcétera, la respuesta sea contundente: “hay que pagar la timba financiera y la fuga de capitales de la gestión de Macri”. Mi condición de tradicional lector de LA GACETA por más de cuatro décadas, me posibilitó organizar un sencillo archivo de consulta sobre temas que hacen a la marcha institucional y económica del país; y por medio del espacio “Cartas de Lectores” logré prever algunos escenarios que hoy tienen probada vigencia en la escena nacional (“Las deudas son de nosotros”, LA GACETA, 12/06/20; “El endeudamiento”, LA GACETA, 11/07/20; “ La deuda”, LA GACETA, 25/09/20).
José Emilio Gómez
Reyes Católicos Nº 112
Banda del Río Salí