La pandemia provocó cambios impensados en las ciudades del mundo, como evitar las aglomeraciones, llevar a bares y a restoranes a ocupar más espacios en la vía pública, higienizar las manos antes de ingresar a cada lugar o tomar medidas de distanciamiento social.

Otros cambios ya venían ocurriendo antes del coronavirus, pero fueron acelerados por la pandemia, como buscar medios de transporte alternativos, más económicos, menos contaminantes y más saludables, sobre todo en recorridos cortos y medios, como las bicicletas, los monopatines o los rollers.

Esta es una tendencia que estaba creciendo con fuerza, principalmente en grandes metrópolis, cada vez más congestionadas, ruidosas y contaminadas. Los atascos en el tránsito y las pérdidas de tiempo cada vez más prolongadas para movilizarse unos pocos kilómetros son un problema común y que se agrava en todo el mundo.

La pandemia además provocó restricciones en el uso del transporte público, como colectivos, trenes o subtes, lo que empujó más aún a la gente a optar por subirse a una bicicleta o simplemente por volver a caminar. Algunas ciudades argentinas, como Rosario, pasaron de tener 135 kilómetros de senderos exclusivos para bicicletas a 193 kilómetros, a raíz de que se implementaron espacios exclusivos para bicis de modo temporario. Del mismo modo que esas calles que se transforman en peatonales en determinados horarios o días.

Las metrópolis urbanísticamente más desarrolladas están avanzando en esa dirección: reducir el tránsito automotor en los sectores más concurridos, extender las peatonales o las semipeatonales, ya sean permanentes o temporarias, aumentar los espacios verdes y abiertos, y facilitar la circulación de ciclistas o de vehículos similares, con sendas o carriles exclusivos.

Salta es otra de las ciudades argentinas que tomó nota de esta oportunidad. “Se sumaron siete kilómetros de ciclovías... También hicieron estacionamientos nuevos de bici y se proyectaron más de 20 kilómetros de ciclovías para comenzar este año, además del reacondicionamiento de las ciclovías existentes”, explicó hace unos días en una nota a LA GACETA Jimena Pérez Marchetta, alcaldesa de la bicicleta de esa ciudad. Salta es una ciudad similar a Tucumán, con un trazado urbano tan estrecho y antiguo como el nuestro.

Yerba Buena anunció que este año comenzará la construcción de bicisendas y ciclovías para interconectar las áreas internas de esa ciudad, donde el 80% de los hogares posee bicicletas, según un relevamiento del municipio.

También están en proyecto líneas para bicicletas que conectarían Yerba Buena con Tafí Viejo.

El avance en las semipeatonalización de algunas cuadras céntricas de la capital es un comienzo, en la dirección hacia donde avanza el mundo más próspero. Pero es insuficiente para una ciudad cuya estructura hace años no puede cobijar al creciente parque automotor tucumano. En una calle diseñada para que circulen 100 autos no pueden andar 1.000, no hay soluciones mágicas para este problema.

Ya no pueden ingresar tantos autos y motos al centro, porque el caos, las demoras innecesarias y las peligrosas transgresiones sólo irán en aumento.Es tiempo de que sigamos los buenos ejemplos y avancemos más decididamente con las soluciones que funcionan en todo el mundo.