Como un déjà vu de un trago amargo, volvemos a ver cifras en alza de pacientes y fallecidos por coronavirus. Pasó un año, nos encerramos, salimos, nos esperanzamos con la vacuna pero casi estamos nuevamente donde empezamos. En un abrir y cerrar de ojos volvimos a tener en Tucumán más de 400 casos diarios y el registro de las consultas febriles anticipan un panorama que nadie quería admitir. El miedo y la incertidumbre vuelven a convivir con un virus cuya mutación es más rápida que los reflejos políticos.

¿Volvemos al inicio de todo? ¿La segunda ola nos pegará como en septiembre del año pasado o será aún peor? ¿Cuánto incidirá la vacuna para lograr torcer esta tendencia? La fatiga y la resignación pueden ser malas compañías en tiempos de repliegue.

Pero esta segunda ola nos revela que el tiempo no es tan lineal como aprendimos en nuestra infancia. El paso de los días y los meses son más bien una geometría cuyas propiedades parecen sacadas de un conjuro: la banda de Moebius. Si uno toma una cinta de papel y la pega en sus extremos obtiene una especie de brazalete, una forma donde hay un adentro y un afuera, dos caras que nunca se tocan. Pero si antes de pegarla giramos 180 grados uno de sus extremos, tendremos una banda de Moebius.

Esta forma nos invita a jugar para descubrir sus hechizos. Por ejemplo, si empezamos a pintar la banda de Moebius y nos vamos deslizando por su superficie, cuando lleguemos de nuevo al punto por el que empezamos veremos que toda la superficie está pintada del mismo color. La banda entonces, es una superficie con una única cara. Si caminamos por ella, cuando lleguemos al punto de inicio estaremos cabeza abajo. Si pintamos uno de sus bordes, cuando lleguemos al inicio habremos pintado todos los bordes de la misma.

Este objeto fue descripto por el matemático y astrónomo alemán August Ferdinand Möbius en 1858 y tiene una aplicación más bien teórica en las matemáticas. Sin embargo, fue fuente de inspiración de artistas, escritores, músicos y arquitectos. En todos ellos existe la idea de repetición pero cuyos ciclos son distintos unos de otros. Cada vez que se vuelve al punto de origen, se vuelve diferente, transformado, con algo de más o de menos.

La explosión de casos de covid-19 es quizás la señal de que estamos llegando otra vez al inicio de la cinta de Moebius. Si aplicamos sus propiedades geométricas podemos inferir que la historia no será la misma, es decir, no viviremos otro 2020. Las variables para saber si será mejor o peor escapan a nuestro alcance y, más allá del efecto que tenga la vacuna, habrá que ver si la idea de acción colectiva sigue vigente como alguna vez nos ilusionamos en el inicio de la cuarentena.

El artista Maurits Escher estuvo fascinado con la banda de Moebius y la inmortalizó en una ilustración donde nueve hormigas caminan por su superficie. Las hormigas avanzan pero están atrapadas a pesar del flujo continuo de sus pasos. Esa trampa parece agobiarnos también a nosotros, que a pesar del tiempo y las ilusiones, estamos nuevamente donde partimos.

Por ahora seguiremos caminando, quizás un poco como las hormigas de Escher y seguramente más cansados que antes. Sin embargo, cada tanto reaccionamos colectivamente ante el embate de lo ajeno. La resiliencia, condición humana como nunca antes hecha cuerpo, estará presente a la hora de arrojarnos a otro ciclo, distinto pero ya conocido. Separados o juntos, esa será otra vez la cuestión para decidir antes de girar otra vez la rueda de la historia. Y la ciencia, ese resguardo de la modernidad que sigue resistiendo ante incrédulos y visiones corporativistas, quizás sea la única capaz de cortar la cinta de Moebius y regalarnos un nuevo destino.