La burbuja presencial tuvo, en los últimos años, distintos significados. Cuestionada, antes, por su “calidad” y resultados pedagógicos, tiene, hoy, un significado predominante: la escuela como parte de las aperturas y “normalización” de actividades. Lo demás un barniz de justificaciones pedagógicas. La “socialización” frente a la vida de docentes y alumnos. La escuela es el país y el mundo, con todas sus tendencias, concentrado en una pequeña comunidad. Como ocurre con otras actividades y en Europa, el futuro cercano se asemeja a las aperturas y cierres recurrentes de establecimientos. Una publicación del Banco Mundial cuenta que menos de la mitad de la población mundial ha hecho uso efectivo del aprendizaje a distancia. “Antes de la pandemia, en los países de ingresos bajos y medio la pobreza de aprendizaje (la proporción de niños de 10 años que no podía leer y entender un texto) era ya de un 53%, cifra muy alta, con el cierre masivo de escuelas, esa cifra podría aumentar al 63%. Es decir 72 millones de niños más serían pobres de aprendizaje”. La “presencialidad” fue puesta a prueba durante los actos escolares manifestándose con diversos resultados. Los padres, sobrecargados laboralmente (trabajos externo, doméstico y escolar) expresaron diversas actitudes, desde el encono a la aprobación, con el docente en la misma situación. Las propuestas de “retorno”, delegadas a la implementación de los equipos de conducción de cada establecimiento, van a depender de los puntos de equilibrios desarrollados, con los docentes, en la fase de “virtualidad”. La falta de vacunación junto a protocolos de “papel”, en escuelas y transporte de pasajeros llevan a la desorganización laboral y al contagio masivo. El tema salarial al “tener un corte económico” (ministro de Educación de Tucumán) parece no ser parte de la “presencialidad”. Necesita un 50% de incremento en el básico ($ 14.000 en el bolsillo), cuando se encuentra congelado en $ 12.796, desde el 22 desde septiembre del 2019, para aproximarse a la lejana canasta familiar que supere la pobreza.

Pedro Pablo Verasaluse

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