En su graduación, estuvo acompañada de su hermana, que le sostuvo un cartel que armaron con el director de la institución donde cursó, en el Chaco salteño. Luisina Pérez decía en ese afiche: “soy originaria de la etnia wichí y me recibí de profe de nivel inicial en época de pandemia". El docente que la acompañó en su formación tomó la foto, la publicó en las redes y la imagen inmediatamente se convirtió viral, emocionando a cada uno que le dio un like o la compartió en sus cuentas.
Después, Luisina enrolló la cartulina, saludó a su profesor y caminó los ocho kilómetros de tierra que separan al Instituto de Educación Superior Nº 6050 de su casa, en la comunidad originaria de Misión San Luis (en la localidad salteña de Santa Victoria Este), tal como lo hizo todos los días que cursó la carrera de docente inicial. No hubo fiesta, tirada de huevos u otro ritual de graduación urbana, pero si hubo felicidad y satisfacción que enorgulleció a la familia y a sus docentes, en especial Jorge Rodolfo Chaile, quien con su posteo dio a conocer la historia.
“Fuiste un ejemplo para todos. Tu humildad y constancia dio su fruto. Siento un orgullo enorme el haber sido parte de tu formación”, publicó Chaile en su cuenta de Facebook. Es que, el año pasado, la institución estuvo cerrada y, allí, muchos estudiantes no tienen acceso a internet y tampoco cuentan con teléfono celular –como es el caso de Luisina-, por lo que debieron caminar periódicamente, bajo las inclemencias climáticas de la zona, para buscar el material de estudio que el profesor fotocopiaba. Así pudieron seguir su formación.
Hoy, Luisina espera conseguir un trabajo y enseñar en su comunidad, tras el esfuerzo que significó conseguir este título de docente.
“Fue muy difícil llegar a esta institución y hablar en otro idioma, en castellano. Me costó mucho”, recordó Luisina, en diálogo con LA GACETA.
La joven de 30 años contó emocionada cómo vivió su evolución. Aseguró que al principio de su carrera le costaba pararse al frente de la clase, por resultarle complicado hablar en español e incluso por ser originaria. Temerosa de las burlas o de cometer un error, se sentía a veces con vergüenza. Pasado el tiempo, los cinco años que estudió, esto cambió y hoy se enorgullece de su formación y sus orígenes.
Ahora, “me gustaría seguir estudiando para maestro de grado. El próximo año abriría la carrera en la institución. Es muy difícil, pero sé que si se puede”, dijo, esperanzada.
También querría que sus hermanos y los miembros de las comunidades originarias tengan esa posibilidad. “Tengo otra hermana que quería estudiar educación artística, pero como no tenemos más plata, no pudo”, explicó.
Luisina vive con sus padres y sus cinco hermanos. Ella y la joven que en la foto viral sostiene su cartel son las únicas que iniciaron estudios terciarios. “En mi casa me felicitaron y yo les doy la gracias por todo lo que me apoyaron. Ellos cobran una pensión y gracias a eso pude comprar algunas cosas”, detalló.
"Hay muchas necesidades por acá", dijo. Durante la charla con este medio, también expresó su deseo de conocer Salta capital, al gobernador de la provincia Gustavo Sáenz y por qué no al presidente de la nación, Alberto Fernández.
“Al presidente le diría que vea y que nos ayude a conseguir algunas cosas, libros y útiles, para los jóvenes sobre todo que necesitamos materiales para estudiar”, comentó Luisina, quien estuvo acompañada durante la entrevista por su amiga María Emilia Díaz, también recientemente graduada de docente y perteneciente la comunidad originaria chorote.
Ambas son el orgullo de Chaile, en medio de las limitaciones que tiene la zona y que profundizó la pandemia. El profesor y director de la institución, donde asisten más de 200 estudiantes del Chaco salteño y de los cuales 80 son de pueblos indígenas, expresó su felicidad y deseó que pronto las maestras consigan trabajo.
“Estas jóvenes demostraron que a pesar de tener excusas para no seguir estudiando, se aferraron a la única fuerza que tuvieron en sus espíritus”, dijo a LA GACETA. Aunque reconoció que el camino para ellas puede seguir siendo pedregoso.
“Es muy cruel el sistema, lo he palpado con ellas dos y otros alumnos que ya pasaron. No pueden competir con los egresados de las grandes urbes. Después de egresadas, tienen que entrar a un sistema tan perverso como es el cuadro de puntajes, en donde un postítulo, un curso o una diplomatura les ayudarían a conseguir un cargo. Pero para eso necesitan internet y muchas veces tienen costos, que ellas no pueden afrontar”, lamentó Chaile, quien este año pudo abrir la institución, con las mismas necesidades que antes, pero con la esperanza que le generan las nuevas generaciones.