Eduardo Spósito admite que la pandemia demostró que se puede trabajar desde casa, pero, también, que ello no es color de rosa. Este ingeniero civil y académico de la Universidad de Buenos Aires participó en la construcción de siete millones de metros cuadrados en América Latina y el Caribe. Hoy, desde su posición de cabeza de la empresa Spósito & Asociados, manifiesta que los desarrollos inmobiliarios y los espacios urbanos están tratando de adaptarse a los cambios con espacios específicos para las nuevas necesidades. Sin embargo, el gran ganador de este tiempo es un ámbito para nada novedoso. “Hay una revalorización del balcón”, asegura Spósito en una conversación telefónica desde Buenos Aires.
-Usted lleva todo un día en el Zoom. ¿Consigue los mismos resultados que con las reuniones presenciales?
-Creo que la interrelación y la posibilidad de vernos las caras es importante. Yo antes viajaba 10 días al mes y sigo sin solucionar las cosas que no solucionaba con esos viajes. Visitaba proyectos en Uruguay, Chile, Colombia, Perú y México. Hay cosas que se pueden manejar a la distancia, pero las relaciones personales, la intimidad y la generación de empatía son imposibles de generar por Zoom. Nadie sabe qué está pasando del otro lado de la pantalla y hay una tendencia a hacer varias cosas al mismo tiempo: chatear, responder mails, navegar por internet, etcétera. Esta pluriatención puede ser una atención dispersa. A eso se suma que es difícil saber cuándo termina el día. ¡De golpe aparecen notificaciones con mensajes enviados a las 3 AM!
-¿Qué pasará con la idea de ir a trabajar al centro de la ciudad?
-Con la pandemia la gente redescubrió el aire libre. El balcón adquirió un valor único para quien estuvo encerrado en un departamento. No hay ninguna duda de que en todo el mundo, los que pudieron cambiaron el “downtown” por los suburbios. En el sur de California, los precios de las viviendas suburbanas aumentaron el 15%: están en un valor récord. En ciudades como San Pablo o México DF, la gente llega a perder entre tres y cuatro horas en traslados. Es una vida muy compleja. Ante las oficinas vacías, la gente se pregunta si vale la pena volver a hacer semejantes esfuerzos. Muchos prefieren seguir con el formato remoto por la comodidad de no desplazarse. Pero la superposición de sesiones de Zoom en una misma casa implica un descontrol total. Estamos empezando a ver nuevas regulaciones técnicas sobre ventilación y circulación que pueden quedarse de manera definitiva. Hay una revalorización del espacio verde y el aire libre: el balcón vale más, lo mismo que los “amenities”. Las empresas no pueden ignorar esto y tendrán que adaptarse.
-¿Incluso permitir que el teletrabajo sea la norma?
-Algunos no van a volver más a la oficina. El profesional independiente, por ejemplo, tenderá a buscar un lugar en su casa o cerca, y valorará que el edificio donde vive tenga un espacio de “coworking”. Es fundamental separar las actividades para cortarlas. Si no, está todo mezclado. Hoy hacés un edificio y tenés que prever la administración del “delivery” y de los paquetes que llegan del comercio virtual.
-¿En qué medida la pandemia está impactando en los proyectos inmobiliarios?
-Sí hay readaptaciones. Hablábamos hace unos días sobre un edificio enfocado a los millennials en Lima dónde estábamos buscando soluciones para la entrega de paquetes, el esparcimiento y el aire libre. Sí existe un impacto derivado de la pandemia, pero hay que pensar que estos proyectos están naciendo ahora y su ejecución no será inmediata. En ciertas ciudades, la normativa exige balcones, por ejemplo, en Buenos Aires.
-¿Qué pasará con lugares pensados para una altísima concentración de personas que hoy están desolados?
-La desocupación del centro va a generar propuestas para estos espacios. Habrá una refuncionalización e incentivos de todo tipo. Se pueden buscar las formas para que la gente vaya. Ante determinado problema siempre debe haber una solución. Nada desaparece, sino que se transforma. Soy optimista en cuanto a lo que va a pasar, aunque tal vez lleve años.
-¿Qué le diría a alguien que tiene U$S 100.000 para invertir en bienes raíces?
-Buscaría un lugar urbano con un balcón-terraza que alguien esté regalando porque se quiere ir a vivir lejos, a un suburbio, y cuya ubicación me permita ir caminando a la oficina.