Simón es un mono carayá negro, una especie que habita en las selvas del norte argentino.

Aunque es joven y robusto ha perdido todos sus dientes y tiene una fractura en la mandíbula. Su vida no ha sido fácil. Capturado por el hombre y preso por una familia humana en La Rioja, estuvo varios años atado a la intemperie y comiendo guiso, milanesa, azúcares y otras comidas que, aunque pueden parecer buenas para el hombre, para él son veneno. Rescatado por la Reserva de Horco Molle, hoy vive una mejor vida. Tuvo una cría con otra mona que tuvo su mismo destino. Pero la consecuencia de la acción del ser humano es irreversible: ya nunca más podrá vivir libre en las selvas.    

Diego Ortiz, encargado del área de rehabilitación y reintroducción de fauna de la Reserva de Horco Molle, comenta que allí tienen fauna nativa, animales del norte de Argentina. “Por un lado, están las especies que están en un circuito guiado y no pueden ser liberados, por haber tenido mucho contacto con el ser humano o por lesiones, y cumplen la función de educación ambiental”. Por otro lado, Ortíz afirma que también hay un grupo de animales “que son rehabilitados o reproducidos para luego ser reintroducidos”.

La acción negativa del hombre sobre el ecosistema lleva a que la armonía que mantiene a los animales subsistiendo en su hábitat natural, se vea afectada. Entre estas acciones que afectan la vida de las especies, está la destrucción de los ambientes, la compra y tráfico ilegal de aves u otros mamíferos, como monos, pumas e incluso tortugas, la caza para traficar la piel o cuero de los animales e incluso para alimentarse de ellos y la más importante de todas, la falta de conocimiento.

Ortíz reitera esta última cuestión y afirma que “no se puede conservar o proteger lo que no se conoce; por eso la Reserva se centra también en la educación, principalmente en la educación ambiental, ya que se considera un mecanismo para que la relación con la naturaleza cambie”.

Especies en peligro en Tucumán

Tucumán es una provincia muy pequeña, densamente poblada, con una flora y fauna naturalmente rica, pero que sufrió modificaciones en los últimos años. En este sentido, muchas especies se extinguieron o están constantemente amenazadas con su desaparición. Entre estos animales extintos encontramos la vicuña, que vivía en el macizo del Aconquija y que probablemente se extinguió por la caza de su lana, que se caracteriza por ser fina y cara.

El oso hormiguero y el tatú carreta vivían al este de Tucumán y se extinguieron por la destrucción del bosque Chaqueño para el desarrollo de grandes cultivos. El tapir, que se extinguió hace 70 años, y el yaguareté desaparecieron por la caza y la expansión humana.

El loro hablador y la tortuga terrestre, que se compran para tener en hogares como mascotas, redujeron significativamente su población. “Los animales silvestres no son mascotas”, insiste Ortiz.  

El experto advierte que los animales silvestres también pueden contagiar enfermedades al ser humano y que por este motivo debemos respetarlos y deben permanecer en su ambiente, debemos evitar invadir su ecosistema y dejar que los ciclos ecológicos sigan su curso.