Carlos Duguech

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Se escribió y se opinó mucho sobre la “Declaración de guerra” a la Alemania de Hitler. Fue con el decreto 6945, de un día como hoy, pero de 1945, dictado por el General Edelmiro J. Farrel en ejercicio irregular de la presidencia del gobierno de facto de nuestro país. Su redacción arrastra un tufillo remanente de lo germanófilo. Claro que después de desatada la Segunda Guerra Mundial (IIGM) en septiembre de 1939 y particularmente con el ataque de improviso a la base estadounidense de Pearl Harbour (Diciembre de 1941) comenzaron -en Argentina- a perfilarse tres grupos: los que apoyaban a los “aliados”, los neutralistas (mayoría) y los “germanófilos”, de menor cuantía.

Decreto 6.945/45

El artículo primero alude a la invitación de “veinte repúblicas americanas” para que Argentina, finalmente, participe “de la Conferencia Interamericana sobre problemas de la Guerra y la Paz y se adhiere al Acta final de la misma”. Sólo faltaba Argentina, que fue requerida muchas veces por otros estados latinoamericanos para participar de la Conferencia que produjo el Acta de Chapultepec, un magnífico compendio sobre la soberanía e igualdad de los estados y valoración del derecho internacional. Le sirvió a nuestro país, finalmente, para tener derecho de suscribir la Carta de San Francisco (EEUU) unos meses después (junio de 1945) que diera inicios a Naciones Unidas. No le resultó fácil a la Argentina acceder como uno de los países fundadores. Por ello debió valerse de muchas recomendaciones que prosperaron, no obstante las votaciones en contra a su ingreso en la ONU por parte de la URSS, Grecia, Yugoslavia y Checoslovaquia. La “no beligerancia” (o neutralidad) de Argentina durante la IIGM le significó, entre otros, el calificativo de “fascista” o, más directamente, “germanófila”, lo que la posicionaría desfavorablemente entre los “aliados”.

A Japón primero

En el artículo segundo del decreto se enfatiza (“A fin de identificar la política de la Nación con la común de las demás Repúblicas americanas…”) y se concreta la definición esperada: “declárase el estado de guerra entre la República Argentina por una parte y el Imperio del Japón por otra”.

Pese a que Japón ingresa a la IIGM un año después de iniciada por Alemania, la nación dominada por el nazismo recién forma parte en el tercer artículo del decreto 6945. Aquí viene una inquietante endeblez de la política exterior argentina de entonces. En la redacción del decreto se intenta morigerar el sentido de la decisión argentina y se elige un formato “de carambola”. Esto para no ser tan más ni tan menos. Tibieza política degradante. Y para posicionarse uno en el lugar de la tribuna internacional cabrá decir que 40 días antes de la rendición de Alemania se le declaró la guerra. Una guerra que tardó 6 años y fue la tragedia más grande de la Humanidad con su hache mayúscula degradada totalmente.

La carambola

Era predecible que la prensa mundial y no sólo la de nuestro país titulara “Argentina declaró la guerra a Alemania” aunque el texto del decreto merodea en torno al eje del “EJE” y lo sitúe recién en el “Artículo 3”: “Declárase igualmente el estado de guerra entre la República Argentina y Alemania atento el carácter de esta última aliada del Japón”. Recuerdo un dicho popular: “Demasiado gre gre para decir Gregorio”. No he visto, todavía, en algún medio que informase “Argentina declaró la guerra a Japón. Y también a Alemania”.

Los eufemismos en política exterior

No pocas veces se ha comentado que la política exterior desde el Palacio Itamaraty (Brasil) es más consistente y lineal que la del Palacio San Martín (Argentina). Esos palacios desde donde surgen las decisiones de política exterior de ambos países son, cada vez más en este tiempo de la multilateralidad, la tarjeta de identificación del país. Frente al mundo y a las organizaciones internacionales de las que participa.