Estamos en un momento histórico en el que, si quienes nos gobiernan ganan las elecciones legislativas y obtienen mayoría en las dos Cámaras, nos van a llevar a toda velocidad a un  régimen “Bolivariano”, donde el  autoritarismo, la destrucción de la clase media, la  pobreza e ignorancia son los condimentos maquiavélicos del populismo más rancio. Una vez alcanzado ese escalón irán por lo que les queda: nuestra dignidad, nuestra libertad y nuestros bienes.  Eso será  grave. Pero lo peor, lo que me aterra, lo imperdonable, es que van a dejar a nuestros hijos sin futuro. Mientras vemos pasivamente estos peligros, deberíamos preguntarnos si estamos haciendo lo suficiente para evitarlo. ¿Dónde está nuestra responsabilidad cívica, nuestro patriotismo? Pensar egoístamente solo en nosotros, en el corto plazo y no preocuparnos por el futuro, nos dejará ante la historia como una generación de tibios, mediocres y sobre todo cobardes. Es hora de hacernos cargo de lo que nos pasa, antes de que sea demasiado tarde. Si no hacemos algo solo nos quedarán dos caminos: huir o entregarnos mansamente. Como parte de esta generación, siento una enorme vergüenza ante la mirada de nuestros próceres que tanto sacrificio hicieron por este gran país que año tras año nos empecinamos en destruir. Por favor, imaginemos por un segundo un país en manos de la Cámpora y su “Máximo” exponente. Solo cabe esperar la destrucción total de la Argentina que conocemos. Ni hablemos de nuestro pobre Tucumán, el mayor ejemplo de decadencia nacional, por lejos. Vivimos bajo un régimen que solo promueve la cultura del no trabajo financiada cada vez por una mayor presión impositiva sobre el sector privado, cuya subsistencia, en estas condiciones, ya se hace imposible. Sin empresas no hay inversión, no se generan riquezas ni puestos de trabajo, mucho menos recaudación. El populismo necesita de “cajas” que lo financien. A lo largo de estos años ya las han saqueado todas. Solo les queda a mano lo poco del sector privado que queda en pie. ¿Qué va a pasar cuando ya no quede nada por arrasar? Irán por el último paso, una dictadura populista. Solo miremos el espejo que adelanta: el régimen venezolano de Maduro, al que hace 48 hs. nuestro país acaba de avalar abandonando el Grupo Lima. No dudo que esta es la última oportunidad que tenemos, por lo menos para nuestra generación; ya perdimos una muy valiosa en el 2015 y fue una gran desilusión. Es hora de que  tomemos conciencia de lo que está en juego. Basta de dejar en las peores manos nuestro destino. Intentemos frenar esta decadencia en las urnas y eso se logra si todos nos comprometemos. A los dirigentes de la oposición debemos reclamarles mayor grandeza, una mirada más ambiciosa que la de pelear por un “carguito” buscando solo perdurar en lugar de transformar. Que sean más generosos en la construcción de un destino común. Trabajen para ganarse nuestra confianza proponiendo con seriedad y argumentos sólidos como volver a producir y crear valor. Basta de política barata. Un capítulo aparte merece la Justicia sin la cual no hay futuro para la salud de nuestras instituciones. Pero, ¿podemos exigirles a los jueces que hagan lo que nosotros no hacemos? Esto es fijar una posición clara denunciando y manifestándonos frente a la corrupción. Basta de disimular casos probados de corrupción en nuestro entorno y  por lo menos ejerzamos la “condena social” para que los corruptos, aunque sea por vergüenza, empiecen a cuidarse. Los jueces necesitan sentir el apoyo de la sociedad para dictar sentencias ejemplares. Argentinos, tucumanos,  dejemos la queja de café, ¡hagamos algo! Sumemos voluntades para votar con responsabilidad y frenar esta locura.

Javier Zerda

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