¿Cuál es el rol del río Salí en la particular relación que mantienen la capital y la Banda? ¿Las une o las separa? El ojo del historiador es clave para analizar esta cuestión porque se enfoca, con la potencia de una lente, en procesos que no se explican con simpleza. Ana Wilde no tiene dudas: más que un elemento integrador, ya desde los tiempos de la Colonia el Salí ha sido una barrera entre el este y el oeste. Esto puede explicar, en buena medida, por qué lo miramos con tanta desconfianza, por qué el descuido convertido en deterioro, por qué esas postales que el río nos entrega, por ejemplo, debajo del puente Lucas Córdoba.

Wilde buceó en el entretejido de la Banda del Río Salí y el resultado fue el libro que integra la colección Historia de los Municipios de Tucumán, publicada en ocasión del Bicentenario. Esa investigación, en la que colaboraron Sandra Márquez y Constanza Cattáneo, expuso cómo San Miguel de Tucumán y la Banda construyeron una ligazón simbiótica, pero a la vez marcada por los vaivenes de ese curso de agua que los tucumanos nunca terminamos de abrazar.

- Al tomar el nombre del río de la zona y el gentilicio de bandeños sus habitantes, ¿qué representa el Salí en el imaginario social?

- El río en un primer momento fue fundamental para el desarrollo de las actividades económicas. Como el territorio era más bien seco, el desvío que podía hacerse de agua era fundamental. Pero también es cierto que dificultó y sigue dificultando las comunicaciones con San Miguel de Tucumán, con la que la Banda tiene una relación simbiótica. El río entra en esa ecuación porque viene a ser un canal en el que se arrojan basura, desechos industriales... Hasta se perdió el uso recreativo que se le daba al Salí hasta la década del 70. Fue así que el río fue perdiendo entidad para la comunidad. No sé hasta qué punto en el imaginario actual del bandeño el río tiene algún valor en ese sentido. Está más planteado como una herida, en el hecho de que es un espacio que la comunidad perdió. Llegó a convertirse en un accidente geográfico, una barrera en la comunicación con la ciudad.

- ¿Y cómo se relacionan los bandeños con el Salí?

- No pondría el acento en que la comunidad bandeña maltrata al río. Si hubiese una política pública de recuperación del Salí y de puesta en valor para uso de la comunidad, actitudes como arrojar basura no estarían ocurriendo. Esto trasciende a la responsabilidad social de la comunidad, porque es el Estado el que debe ofrecer una infraestructura mínima para que el río esté resguardado. Pero no hay una política seria y me parece que ahí hay intereses industriales más fuertes, cuando lo indicado sería sanear el Salí para que deje de ser un vertedero de desechos. Va más allá de los ciudadanos de la Banda en forma individual.

EL MISMO LUGAR, 40 AÑOS DESPUÉS. La foto de arriba se publicó en LA GACETA en el verano de 1981. La geografía y las costumbres sociales cambiaron. El balneario mutó en basural. archivo la gaceta

- ¿El Salí siempre fue visto como una barrera?

- En el pasado más antiguo, el territorio que actualmente forma la Banda estaba poblado por lules y tonokotés, pueblos cazadores y recolectores con una agricultura muy incipiente. Lo interesante es que se movilizaban en sentido este-oeste desde el Chaco hasta el pedemonte tucumano. Entonces incorporaban al río y a los pasos por los que se lo podía atravesar como parte de sus estrategias de recolección y de obtención de los recursos de la zona.

- ¿Y qué sucedió?

- Todo cambia con la invasión española porque produce una reorganización muy diferente del territorio que actualmente es Tucumán. Los indígenas no contemplaban al Salí como una barrera, sino que lo tenían incorporado a su sistema de vida. En cambio, los españoles no atraviesan el río hasta muy avanzado el período colonial, ellos sí lo vieron como una barrera. El primer vínculo nace en 1685, cuando San Miguel de Tucumán se traslada desde Ibatín a su actual emplazamiento. Este hecho estimuló el avance de los españoles hacia la banda oriental del Salí, antes no tenían interés por esa zona.

- ¿Cómo siguió ese proceso?

- A partir de la segunda mitad del siglo XVIII los españoles empiezan a poblar el este, sobre todo con grandes estancias ganaderas. Desde la segunda mitad del siglo XIX esas estancias se transforman en ingenios azucareros y desde entonces el territorio queda densamente poblado y muy vinculado con la capital. En el censo nacional de 1895, Cruz Alta se reveló como el Departamento más poblado después de la Capital y el que más azúcar producía.

- ¿Cómo se conectó históricamente la Banda con la capital? ¿De cuándo datan los puentes?

- El vaso conductor del crecimiento de la Banda del Río Salí fue su conexión con el comercio y el mercado que San Miguel de Tucumán establece con otras regiones del país. Su posición en el camino que une a la capital con Santiago del Estero, de paso hacia Buenos Aires, es crucial para el desarrollo de la Banda. La comunicación con la capital era vía San Andrés hasta que el primer puente fue culminado por la Nación en 1883 luego de una década de trabajos, dificultades y postergaciones. El puente puso a los pujantes establecimientos azucareros bandeños a poco menos de cinco kilómetros de la plaza Victoria (que se llamó Independencia desde 1916). Este pontón fue de madera durante mucho tiempo y necesitó reparaciones con regularidad. Sin embargo, resistió no pocas crecientes del Salí. En 1931 se lo reemplazó por uno de hormigón. Además, cuando el ferrocarril empezó a atravesar Cruz Alta se disparó el crecimiento azucarero.


- ¿Cómo se fue conformando la sociedad bandeña, en función de los movimientos poblacionales en Tucumán?

- Hablamos de los establecimentos ganaderos establecidos por los españoles, que tenían grandes parcialidades de indios dependientes. También empiezan a migrar para emplearse allí los españoles pobres. Así que la característica de la población de Banda del Río Salí es su alto grado de mestizaje. Sobre esa población española-indígena mestiza habrá movimientos. A fines del siglo XIX Tucumán empezará -tarde- a recibir oleadas de inmigración atlántica, incluyendo sirios, libaneses y europeos del este, y parte de ellos se afincan en la Banda. Después, a partir de la actividad fundamental para la zona como es la caña de azúcar, están las migraciones golondrinas y la Banda fue receptora de migrantes de otras provincias, en especial de Santiago del Estero.

- Pero se habla de que en la Banda la potencia inmigratoria no impactó tanto. ¿Por qué?

- La tierra en las zonas azucareras era cara. Por tanto, el destino rural de los inmigrantes dependió en gran parte de que llegaran con cierto peculio o accedieran a algún tipo de financiamiento por parte del Estado. Pero no todos los Departamentos presentaron iguales oportunidades para los recién llegados. En Cruz Alta la propiedad estuvo menos dividida y eso restaba accesibilidad a los aspirantes a la pequeña o mediana propiedad. En cambio, en Burruyacú, por ejemplo, el territorio era poco poblado y sus tierras menos valorizadas. Muchos inmigrantes, especialmente italianos y españoles, pudieron asentarse allí y llevar adelante sus producciones agropecuarias.

- ¿A qué se deben los profundos cambios económicos y sociales producidos en la Banda y zonas aledañas?

- Las políticas neoliberales iniciadas durante la Dictadura desde 1976 y profundizadas durante la década de 1990 provocaron la expansión e intensificación de la pobreza que alcanzó niveles inusitados. Las ciudades comprendidas en el Gran San Miguel de Tucumán fueron las que experimentaron -dentro de la provincia-, la mayor expansión de la pobreza, en tanto se constituyeron en receptoras de la población de las jurisdicciones vecinas afectadas por las crisis de las actividades agrarias, de las economías regionales y por el desmantelamiento de la trama productiva. Desde los 70 el municipio de la Banda vivió una formidable expansión de carácter desigual y sin planificación alguna. El tejido urbano presenta áreas con situaciones habitacionales muy precarias e importante porcentaje de la población con las necesidades básicas insatisfechas y núcleos de urbanización con gran deterioro. Además, durante el período comprendido entre 1976-2008 la superficie ocupada por asentamientos informales se cuadruplicó.

- Desde la mirada personal, ¿qué sentís al contemplar el estado en el que se encuentra el Salí? ¿Por qué será que los tucumanos lo tratamos de esa manera?

- Soy de la idea de que los tucumanos, en general, tenemos acceso fácil a una riqueza muy grande y quizás eso no despertó reflejos colectivos de cuidado del espacio. Entonces no cuidamos los recursos naturales. No ocurre en otros lugares, donde los cursos de agua son muy pocos y la fertilidad de la tierra es muy difícil. Pero también está que los intereses económicos le ganan la pulseada a los intereses comunes de más larga duración. Si ves fotos de comienzos del siglo XX y las comparás con las actuales se nota que hemos perdido gran parte del patrimonio histórico de Tucumán. Miramos los cerros y ríos de montaña, pero lo que está más cerca, como el Salí, no se defiende.