La sonrisa del violín ilumina su mirada. Un misterio del Cáucaso se mece en las cuatro cuerdas. La música travesea entre sus dedos: desde “My way” y “Someday my prince will come” a “Como dos extraños” o “Juana Azurduy”. La pandemia la tuvo como animadora en un balcón de Barrio Norte, desde donde acariciaba con su arte a los vecinos. “El recital surgió como una posibilidad, aunque sea con restricciones, de volver a tener contacto con el público. Para un artista, tocar, interpretar, es esencial. Una necesidad y a la vez, una realización”, cuenta la violinista rusa Marianna Kazakova que se presentará esta noche, a las 20.30, en el teatro San Martín, con el patrocinio del Ente de Cultura. La sala estará habilitada solo al 30%, y se respetarán los protocolos de prevención establecidos. Los socios del Club LA GACETA tendrán 2x1 en entradas.

La intérprete, nacida en Piatigorsk y radicada en Tucumán, contó que le propuso a Quique Yance y a Café Valdez que la acompañaran en este desafío, “el primero que afronto como solista desde que decidí radicarme en Tucumán tres años atrás”. “Claro, en mi caso, las 60 apariciones desde el balcón de mi domicilio durante el comienzo de la pandemia podría considerarlas como antecedentes en ese sentido, pero por supuesto, estar en uno de los escenarios más prestigiosos del país, es distinto y conmovedor”, añade Marianna. El año pasado, editó “Shir”, un cedé cuya producción artística realizó el tucumano Marcelo Bellagamba, y contó con el aporte de Bernardo Baraj y César Franov, entre otros.

- ¿Cómo armaste el repertorio?

- Incluirá temas de la música popular internacional. También del folclore ruso y argentino, como expresiones culturales de mis sentimientos originales y formativos, junto a los que adopté por decisión y afecto. Además, abordaré dos temas icónicos de Ástor Piazzolla, ese enorme y talentoso músico y compositor, en homenaje al centenario de su natalicio.

- ¿Qué te atrae de la música de Piazzolla?

- La música argentina es atrapante. Sin ser argentina, al escuchar los acordes nostálgicos de una zamba tucumana o el ritmo alegre de una chacarera, es natural enamorarse de esos ritmos. Si hablamos de Piazzolla, nos introducimos en algo mucho más singular y conmovedor. Sin importar la preferencia musical, cultural ni la edad del público, embrujará al oyente, sin duda. Porque Piazzolla tiene algo de clásico, algo de jazz, tango, folclore y quien sabe qué más.

- ¿Qué lugar ocupa el violín en tu vida?

- Mis juegos y pasatiempos infantiles duraron poco. Desde niña tuve en mis brazos un violín, y esa inicial búsqueda y curiosidad por el instrumento, se fue transformando en disciplina y responsabilidad, en competencia y desilusiones, para luego, convertirse en una comunión entre mis manos y las cuerdas, en pasión, entre mis sentimientos y su caja de resonancia. El violín, sobre todo, forjó mi personalidad, sensible, perseverante y laboriosa.