El 25 de agosto de 1949, en las alturas de la torre de la nueva iglesia Nuestra Señora de La Merced, se ubicó una antigua campana. El emplazamiento se realizó con mucho cuidado, ante la expectación general. Devotos, curiosos y autoridades eclesiásticas participaron del espectáculo.
La campana había sobrevivido a dos edificios anteriores. Izada por primera vez en 1812, en el pequeño edificio que frecuentó el general Belgrano y su tropa, en la década de 1870 tuvo que adaptarse a las torres pretenciosas de una iglesia de mayor envergadura. Si el primer edificio fue pobre, el segundo era malo. Hacia 1920 su estado era tan calamitoso que se resolvió su derribo una vez más. Recién en 1947 comenzó a levantarse la iglesia que sigue hoy en pie, con obras que se extendieron hasta la década del 50. En las guerras de Independencia no sólo la Virgen sino todo el solar mercedario tuvo un fuerte protagonismo patriota, por lo que alberga varias piezas de valor histórico. Entre ellas la reliquia revolucionaria, que ocupaba nuevamente su lugar ese día de 1949. Cuenta la tradición que se la mandó fundir en agradecimiento del triunfo del 24 de septiembre, tras una colecta entre el vecindario tucumano. La campana tiene un pequeño escudo de la congregación y una leyenda: “Me hizo Miguel Mariano D. Silva el año 1812. Viva La Patria”