“En este momento hay 7.000 argentinos que esperan la oportunidad que nosotros tuvimos años atrás. Hoy gozo de una vida extraordinaria que no imaginé nunca cuando agonizaba en la lista de espera y todo gracias a un donante”, señala Héctor Etín Manca, deportista tucumano trasplantado.
Tucumán es una provincia comprometida con la donación de órganos y tejidos. Desde hace años se posiciona en los primeros lugares a nivel nacional, y encabeza la lista de donantes gracias a la solidaridad de la gente y a los profesionales que lo hacen posible. Muchos spueden dar testimonio a través de sus historias y concientizar sobre la importancia de ser donante, y más en el día mundial que recuerda la importancia de este tema.
Manca fue diagnosticado a los 34 años, en 1996, con una enfermedad hepática grave tras una descompensación severa por una hemorragia digestiva alta. Los médicos determinaron que desde su nacimiento padecía la enfermedad de Wilson, muy poco frecuente, un trastorno que impide que el hígado produzca la enzima ceruloplasmina, encargada de metabolizar el cobre.
El camino a un trasplante era irreversible, ya que el hígado estaba muy dañado. En ese momento, no se hablaba como ahora de la donación de órganos y circulaban muchos mitos alrededor del tema, cuenta Etín.
“Cuando te dan el diagnóstico, se te parte la tierra, porque pensás que es el final. ¡Qué equivocado está muchas veces el ser humano en sus apreciaciones apresuradas! Después de 17 años y medio de trasplantado dimensiono que era el comienzo de mi nueva vida”, agrega.
Durante siete años estuvo con una costosa medicación importada paliativa a la enfermedad. En abril de 2003, se descompensó nuevamente; la Provincia no contaba con aviones sanitarios, por lo que se escapó de un hospital y prácticamente muriendo se subió a un colectivo y viajó hasta Buenos Aires acompañado de una doctora y de su hermano, quien paradójicamente falleció al año de su trasplante.
Lo internaron de urgencia y entró en lista de espera. Estuvo 25 días en emergencia nacional y se despidió de su familia optimista, sabiendo que volvería a verlos. “Llegué al límite porque el mismo día que recibí el órgano, me había entregado a Dios, no podía más. Ese 1 de julio sabía que en algún lugar del país alguien había fallecido y había una familia llorándolo -detalla con la voz entrecortada- y que era la única posibilidad de vida que tenía. Mantengo un profundo respeto por el alma de mi donante. Yo soy tucumano de nacimiento y santafesino de renacimiento”.
Actualmente Héctor tiene 58 años y está viviendo plenamente los mejores años de su vida, acompañado hace seis años por Maricel Espíndola. Encontró su refugio en el deporte, con logros personales: campeón dos veces en el Campeonato Regional del Sur y subcampeón en el campeonato tucumano, fue la única persona trasplantada que participó del trasmontaña y en 2013 representó al país en el Mundial de Atletas Trasplantados en Sudáfrica. Promueve la donación de órganos en diversas campañas como ser las travesías en bicicleta.
Un antes y un después
Laura Babot es tucumana y en 2004 fue diagnosticada con leucemia mieloblástica aguda, en un estudio de rutina y comenzó con un tratamiento urgente.
Sus hijos eran pequeños: Sofía tenía un año; y Lautaro, dos años y medio. Siempre se mantuvo fuerte y en ningún momento se desplomó. “Tuve que empezar quimioterapia al instante. Recuerdo ir camino al hospital dándole por última vez la teta a mi hija. Fue un shock emocional muy fuerte”, detalla.
Su única cura era un trasplante de médula en Buenos Aires, y es muy complicado conseguir un donante de médula que sirva. “Tenés que ser absolutamente compatible con tu donante, al extremo de que los únicos que pueden hacerlo dentro de tu familia son tus hermanos al compartir el material genético”, agrega.
Según Babot, esa posibilidad es del 25% y ella tiene un solo hermano, Fernando, quien le salvó la vida. La otra opción era buscar en los bancos mundiales de médula. Hasta el día de hoy considera que fue un milagro.
Su familia se instaló en La Plata y a ella la derivaron a la unidad de trasplantes en el Hospital Antártida de Buenos Aires. Asegura que fue muy duro porque todo el proceso lo pasó relativamente sola, a pesar del apoyo incondicional que recibió a la distancia de su familia y sus amigos, porque su prioridad era que sus padres cuidaran a sus hijos.
“Yo nací el 15 de diciembre, pero en mi familia festejo dos cumpleaños, porque volví a hacerlo el 11 de agosto cuando recibí el trasplante. Todos los años compramos una torta, cantamos el cumpleaños feliz, nos fundimos en un abrazo con mi hermano agradeciendo. Ese día es sin dudas el más importante de mi vida”, detalla.
Laura hace hincapié en la importancia de promover la donación de sangre, que fue uno de los mayores problemas que atravesó cuando su vida estaba en riesgo, un sencillo acto que le da oportunidad a muchos.
“Tener una enfermedad horrible, sin lugar a dudas. No es grato para nadie – acota-. Pero también sé que todo esto, mi enfermedad, el proceso, todo lo que yo he visto, vivido, las personas con las que me he cruzado, me ponen en el lugar en el que quiero estar hoy. Entonces, aunque suene una locura lo que te estoy diciendo, no cambiaría nada. Lo digo con el diario del lunes, sabiendo que ha salido todo bien y que estamos acá, pero es lo que siento”, le dice a LA GACETA.
Ocho años en diálisis
Liliana Reynoso tiene 58 años y fue trasplantada de riñón hace 17 años. Para entonces tenía una hija pequeña, Carolina, que requería cuidados especiales.
Estuvo conectada a diálisis ocho años y asegura que fue extremadamente duro. “No se lo deseo a nadie, los riñones son silenciosos al enfermarse, no te das cuenta”, acota.
Estaba en el puesto 12 para recibir un riñón, pero por un motivo u otro las personas que la antecedían fueron quedando en el camino con el tiempo. De un momento a otro la llamaron para recibir el trasplante.
“Soy muy feliz y agradezco eternamente a mi donante, al que le llamamos ángel. Sus hijos supieron vencer su dolor y permitir que su madre partiera, pero decidieron que sus órganos se quedaran para dar vida. Ojalá ellos puedan dimensionar el bien que hicieron a tantas familias con un verdadero acto de amor y entereza. Mil gracias. Bendecidos sean”, agradece Liliana en este día.
(Producción periodística: Marian Ávila)