Cuesta ser “serio”

Desde hace un tiempo la estructura formal de algunos vínculos -como el noviazgo o el matrimonio- fueron perdiendo peso. La cuestión llevó a replantearnos los contratos amorosos y la auténtica profundidad de los vínculos. “Actualmente los jóvenes trazan sus relaciones en base al presente y la satisfacción sexual o emocional inmediata. No hay proyecciones a largo plazo y existe una indeterminación general. Nunca se termina de comprender los límites entre una amistad con derechos, una relación seria y exclusiva o el simple coqueteo virtual. Eso genera un nivel de insatisfacción e incertidumbre bastante grande entre los amantes. Además, las obligaciones compartidas y el respeto mutuo se vuelve menos sólido”, comenta la sexóloga Maira Lencina.

Celos excesivos

En esta época los celos son uno de los problemas centrales para las parejas. “El motivo es que aprendimos a encaran las relaciones desde el consumismo y terminamos por creer que nuestro compañero nos pertenece. Se popularizó bastante tildar estas relaciones como vínculos tóxicos, cargados de manipulación psicológica o verbal que generan en el otro sensaciones de culpa y necesidad”, explica el terapeuta Gabriel Boschetti. Además, la falta de comunicación y poca escucha activa incrementan los malentendidos. “Por suerte, el speech de ‘me cela porque me ama’ cada vez funciona menos, pero las peticiones que atentan contra la libertad individual son mayores. Desde la adolescencia aparecen los pedidos a la pareja para bloquear a los ex de las redes sociales o dejar de hablar con cierta persona por temor a un engaño. Así se construye una relación desgastante, sin confianza y que a la larga deteriora el autoestima”, acota.

Responsabilidad

Quizás uno de los términos más reiterados en 2020 fue el de responsabilidad afectiva. “Este concepto (rescatado por las teorías feministas y el poliamor) alude al ideal con que deberíamos encarar nuestras relaciones sexuales y amorosas. Se basa en relaciones donde nos hacemos cargo de nuestras emociones, expresamos lo que queremos sin tapujos y siempre optamos por el consenso y el respeto hacia la pareja”, sintetiza la sexóloga María Aguirre. Su prédica va en línea opuesta al amor romántico y enfatiza que debemos hacernos cargo de las cosas que sentimos y le decimos a otros. “No hay que confundir esto con el amor, sino pensarlo como un método para encarar las relaciones con la conciencia suficiente para evitar dañar o hacer lo que no deseamos que nos hagan (por ejemplo: ser engañarnos, ignorados de repente o maltratados)”, acota.

Yo voy primero

La incertidumbre económica y el incierto futuro tienen su correlato en el valor que se le da al enamorado en nuestra escala de metas personales. “Antes, cuando alguien se comprometía arrancábamos a trazar planes compartidos (sobre tener hijos, mejorar el presupuesto, hacer una mudanza, etcétera). En cambio, ahora la mira va por alcanzar primero el desarrollo profesional en vez de entablar vínculos serios. En el consultorio, son bastantes las parejas que se distancian porque afirman que no están en la lista de prioridades de sus amantes o porque prefieren dejar su vida romántica en stand by. Por eso, buscan personas que no interfieran ni reclamen demasiado esfuerzo resignando el amor ajeno por una causa mayor: el bienestar propio”, reflexiona el psicólogo Gabriel Callejas.

Diferencia de edad

¿Influye mucho la diferencia de edad en una pareja? Lo cierto es que las generalizaciones no sirven, pero hay una certeza: cada vez más gente opta por vínculos así. “Las dos últimas generaciones vienen con una serie de cambios incorporados a nivel relacional que resultan atractivos para quienes están acostumbrados a viejos hábitos. La deconstrucción de género es uno de ellos y hace que muchas mujeres y hombres en la treintena se sientan mejor al formar un vínculo con gente que transita los 20”, narra la sexóloga Constanza Escalante. De igual forma, el modelo de las familias ensambladas sin convivencia ni gastos económicos comunes es otra constante.

Hay menos sexo

La pandemia no fue de ayuda (claro está), pero incluso antes parece que el sexo ha sido desplazado de los nichos reservados al placer. “El exceso de trabajo, la cantidad de estímulos que aparecen en internet y los eventos o actividades a las que destinamos nuestro ocio hicieron que la frecuencia de relaciones sexuales quede diezmada”, afirma la terapeuta.

Sin embargo, la terapeuta Sofía Rossi Paz enfatiza que esto no es malo si tenemos en cuenta la apertura sexual de los últimos años. “Antes la falta de educación sexual, vergüenza y desconocimiento del autoplacer relegaban del disfrute un montón de fantasías eróticas. Este hecho cambió y la mentalidad de las parejas posmodernas permiten que el juego, las previas y los afters sexuales se resignifiquen. Sea con la incursión de sextoys (un rubro en auge), práctica del BDSM o la sexualidad libre”, acota.

Destino y “ayuditas”

¿Cómo saber si fue el azar quien nos cruzó? ¿Esta conexión podría mantenerse por siempre? Ante las dudas que se abordan en materia del corazón un curioso hecho es el auge de las mancias, los horóscopos y el tarot sexual. “La falta de certezas y tantas heridas de vínculos anteriores hacen que sea difícil confiar y entregarse a un nuevo amor. Así que hay gente que decide sacarse sus dudas sobre la duración, compatibilidad o bondades de un vínculo con una tirada de cartas o lectura de energía. Es interesante hacia dónde conduce la necesidad de pruebas que habiliten nuestros sentimientos, muchos necesitan de un tercero que tome las decisiones por ellos”, comenta la sexóloga Irina Sisterna.

Relaciones libres

No sin polémicas o críticas de por medio, el modelo de pareja heteronormativa y la monogamia dio espacio a otras concepciones igual de válidas. Dígase el poliamor o las relaciones abiertas (en general). “La construcción de este ideario lleva tiempo y en Latinoamérica estamos apenas a mitad de camino. Para avanzar hay que quitar el estigma de la infidelidad aceptada y trabajar sobre las nociones de libertad e igualdad. La legitimidad está en amar a varias parejas a la vez y hay un compromiso emocional de por medio (no como las prácticas swingers que apuntan al placer sexual)”, asegura la militante feminista Agustina Borda, creadora de una comunidad digital destinada a divulgar el tema.