El tema al que estamos invitados a meditar con ocasión del encuentro de hoy es la evangelización.

1- Nos encontramos en Cafarnaún. Sale Cristo de la sinagoga y con Santiago y Juan se dirige a la casa de Simón y de Andrés. Allí sana a la suegra de Simón (Pedro) de modo que ésta puede levantarse enseguida a servirles.

Tras la puesta del sol, llevan hasta Cristo a “todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta” (Mc 1,32-33). Jesús no habla pero lleva a cabo la curación: “Curó a muchos de diversos males y expulsó a muchos demonios”, se lee en las escrituras. Al mismo tiempo, una observación significativa: “y como los demonios le conocían no les permitía hablar” (Mc 1,34). Seguramente todo ello duró hasta entrada la noche.

Muy de mañana, Jesús está ya en oración. Llega Simón con sus compañeros y le dice: “Todo el mundo te busca” (Mc 1,27). Pero Jesús responde: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí: que para eso he venido” (Mc 1,38). Leemos a continuación: “Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios” (Mc 1,39).

2- Fundándonos en aquella jornada transcurrida en Cafarnaún, puede afirmarse, en síntesis, que la evangelización realizada por Cristo mismo consiste en la enseñanza sobre el reino de Dios y en el servicio a los que sufren. Jesús realizó signos y todos ellos formaban en conjunto un solo Signo. En este Signo los hijos y las hijas del pueblo, que conocían la imagen del Mesías descrito por los profetas y sobre todo por Isaías, pudieron descubrir sin dificultad que “el reino de Dios está cerca”: he aquí a Aquel que “tomó sobre sí nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores” (Is 53,4).

3- Jesús no sólo predica el Evangelio como lo han hecho después de Él, por ejemplo el maravilloso Pablo, sobre cuyas palabras hemos meditado hace poco. ¡Jesús es el Evangelio!

Un gran capítulo de su servicio mesiánico está dedicado a todos los tipos de sufrimiento humano: espirituales y físicos.

No sin motivo también leemos hoy un pasaje del libro de Job que pone de manifiesto la dimensión del sufrimiento humano: “Acaso pienso, ¿cuándo me levantaré?; se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba” (Job 7,4). Sabemos que, atravesando el abismo del sufrimiento, Job obtuvo la esperanza del Mesías.

4- ¡Cuánta actualidad tiene este Evangelio! La Iglesia está llamada permanentemente  a “estar en Salida evangelizadora”. La vitalidad de nuestras comunidades surge en la medida que desarrollamos una tarea misional permanente.

La pandemia sanitaria del coronavirus ha dejado también una pandemia espiritual. Más que nunca, como Iglesia estamos llamados a una renovada acción de fortalecer a nuestros hermanos con la vacuna espiritual de la verdad y misericordia de Dios.

El camino es arduo pero maravilloso, tiene la incertidumbre de los tiempos que corren pero también la garantía de Aquel que no defrauda, El Señor.