Milagros Abigail Jiménez era santiagueña, tenía 12 años y luchaba contra el cáncer de huesos (Sarcoma de Ewing) en la pierna izquierda desde los siete. En 2016, fue trasplantada y en 2019 tuvo una recaída por la que tuvo que hacer quimioterapia hasta enero de 2020. Desde hacía tiempo trataba su enfermedad en el Hospital de Niños, en nuestra provincia. Su caso salió a la luz con un desafortunado hecho, el 16 de noviembre, en el límite con Santiago del Estero.

Ese día el efectivo William Sosa, del puesto de control limítrofe en Las Termas, les prohibió ingresar a la vecina provincia, con el argumento de que necesitaba la autorización previa del Comité de Emergencia de Santiago del Estero, a pesar de tener autorización del intendente.

Video desgarrador

Entre la desesperación y los gritos de dolor de la niña por una herida que tenía en la pierna, el padre, Diego Armando, la tomó en brazos y abandonó su vehículo para caminar. "No podía creer la situación”, contó hace dos meses Carmen, la mamá. “Caminamos con mi hija en brazos hasta que apareció un auto con un funcionario municipal y nos llevó hasta nuestra casa. Fue un dolor muy grande ver a Milagros cómo lloraba y que la Policía no tenga nada de piedad. Después llegaron cuatro patrulleros a mi vivienda y nos dijeron que no podíamos salir por 15 días porque debíamos hacer la cuarentena obligatoria”, añadió.

La situación quedó registrada en un video filmado por Carmen, por el cual más tarde se viralizó un dibujo en las redes e incluso el hashtag #FuerzaAbigail se transformó en tendencia en Twitter.

El 23 de noviembre se conoció que Abigail fue internada en el Centro Provincial de Salud Infantil (Cepsi) en Santiago del Estero, luego de padecer fiebre y sufrir una descompensación en su casa. El intendente de Las Termas, Jorge Múkdise, estuvo acompañando a la familia en esos momentos e informó de la situación al gobernador Gerardo Zamora, quien se presentó más tarde junto a su esposa Claudia Ledesma Abdala para seguir de cerca su situación.

Viaje y frustración

Durante la mañana del 24 del mismo mes, la nena partió en un vuelo sanitario hacia Buenos Aires para continuar su tratamiento en el Hospital Austral. La mamá había asegurado que estaba un poco mejor y tranquila. El 25 se emitió un parte médico que indicaba que “los resultados de imágenes evidencian progresión de enfermedad local y sistémica desde los últimos estudios realizados no presentándose oportunidades de ofrecer un tratamiento con objetivos curativos”. La situación de la niña era delicada. Los médicos le dijeron a la familia que debían prepararse para lo peor e incluso pensaron que le quedaban horas de vida; en las redes llegaron a darla por fallecida. Sin embargo, para el 24 de diciembre su estado de salud mejoró y pudo pasar Navidad y Año Nuevo con su familia.

El último paseo

El domingo Abigail pidió a sus padres salir a pasear hasta que quiso volver a casa. Pudo pasar el día con su familia y “al regresar, los abrazó”, según la referente del equipo de cuidados paliativos del hospital provincial, Estela Di Cola. “Abi nos pidió dar una vuelta en auto porque estaba lindo, fresquito, nublado y fuimos a pasear por la ciudad, por la costanera, yo la tenía y ella sacaba la cabeza por la ventana y le daba el viento. Sonreía, m´hija, cerraba los ojos y el viento le hacía el pelito para atrás. Cuando la vi así sentí algo raro en el pecho, una mezcla de alegría y tristeza, y ella me miró y me agarró bien fuerte la mano”, contó Carmen a los medios. Una vez de regreso, según la mamá, Abigail dijo que estaba cansada y se acostó en la cama de su habitación, que contaba con aparatos de monitoreo y respirador artificial. “Poneme el oxígeno en dos nomás, no me pongas en tres”, bromeó la pequeña con la enfermera que estaba permanentemente allí por orden del gobernador.

No había tratamientos para su enfermedad. Abigail falleció mientras dormía, de un paro cardiorrespiratorio, alrededor de las 19.30 del domingo en su casa del barrio San Martín, en Termas de Río Hondo, donde había pasado las fiestas en la vereda y cuyo momento sus padres consideraron como “un milagro”.

Abigail fue sepultada en el cementerio municipal de Termas de Río Hondo y hasta ese lugar fue llevada en la autobomba de los Bomberos Voluntarios para recorrer las calles para que la gente que no pudiese asistir al velorio pudiera despedir a la pequeña.