Recuperar el centro de la escena. Esa fue la premisa que se puso el presidente Alberto Fernández en la recta final de este pandémico 2020. El inicio del plan de vacunación masiva con la rusa Sputnik V en todo el territorio nacional fue el punto de partida para la consolidación de una gestión que llegó al primer año de gestión con la crisis y con la emergencia a cuestas y con idas y vueltas en materia institucional que no hizo más que afianzar la división en la sociedad por la instrumentación de algunas políticas de intervención sobre el sector privado (caso Vicentin, por ejemplo) o los avances en el Poder Judicial. El prolongado Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio devino en distanciamiento social que, sin embargo, afectó a amplios sectores de la economía que cierran un año con un balance, a todas luces, negativo. No obstante, en el último tramo del año, la Casa Rosada avanzó con una promesa electoral, la sanción de la ley para la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), y con la aprobación de la Movilidad Jubilatoria, una medida que está en línea con lo que el Fondo Monetario Internacional ha sugerido a la Argentina para encarrilar el rumbo de sus finanzas públicas y generar capacidad de pago de la deuda.

El nuevo año viene cargado de incertidumbre. Otro año impar de elecciones de medio turno, con un Gobierno que espera sentarse con el Fondo para acordar nuevos términos de la vieja deuda, con la inflación y con el dólar rondando como fantasmas en una economía que aún sigue inestable, y con el dilema político y electoral de Alberto Fernández acerca de poner sus fichas en la provincia de Buenos Aires o si escuchar la demanda de los gobernadores para la suspensión de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Esa son algunas de las cuestiones que se definirán, probablemente, en marzo de 2021.

Según el director de Observatorio Electoral Consultores, Julio Burdman, con la sanción de leyes polémicas en el Congreso Nacional, el oficialismo ha realizado una demostración de fuerza política e institucional, en un marco de emergencia por la pandemia del coronavirus, que recibe a 2021 con un gran signo de interrogación. “Creo que se presenta un escenario bastante duro en el que el Partido Justicialista, de alguna manera, ha quebrado el contrato electoral entre ese partido y sus votantes al avanzar, durante este 2020 que se va, con medidas consideradas impopulares”, dice en un contacto con LA GACETA. Burdman sostiene que se percibe cierta holgura institucional de la actual gestión, con mucho poder en ambas cámaras del Congreso y con un presidente que ejerce con todas sus facultades plenas. “Desde esa orientación, observo un gobierno institucionalmente potente, pero mi preocupación como politólogo es la gobernabilidad, porque ese mismo gobierno no se está alineando con las demandas sociales”, advierte. “Frente a ese interrogante, tan grande como el Obelisco, lo lógico sería que la gestión se vuelva más peronista durante el año electoral”, acota.

El doctor en Ciencias Políticas indica, además, que la Casa Rosada no deberá descuidar la cuestión económica porque la Argentina sólo pateó los vencimientos de la deuda hacia adelante, porque el Banco Central está prácticamente sin reservas internacionales, porque el índice de inversión es muy bajo y porque la reactivación económica esperada para 2021 es muy básica, con rebotes inerciales en el consumo de los argentinos. De todas maneras, y mirando el escenario internacional, como sucedió cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia de la Nación, en 2003, la Argentina puede resultar favorecida por la paulatina recuperación del precio internacional de la soja. “Por todo eso, matemáticamente, 2021 será mejor que este 2020, salvo que caiga un meteorito en Buenos Aires, con un panorama económico gris en el que el electorado esperará del Frente de Todos más de lo que el Gobierno puede llegar a ofrecerle”, sintetiza Burdman.

Las cartas de Cristina

Más allá de la pandemia, Cristina Fernández de Kirchner ha tenido algunas intervenciones durante el año que también impactaron en el corazón del poder de la Casa Rosada. La vicepresidenta de la Nación publicó dos cartas. La primera de ellas la difundió el 26 de octubre, al cumplirse 10 años del fallecimiento de su esposo, Néstor Kirchner, en el que criticó a “los funcionarios que no funcionan”; fustigó la herencia económica que dejó Mauricio Macri a Alberto Fernández y remarcó que “el problema de la economía bimonetaria es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro país”. A los pocos días, el Presidente eyectó del gabinete a la titular de Desarrollo Territorial y Hábitat, María Eugenia Bielsa, que fue reemplazada por el vicepresidente del Instituto Patria: Jorge Ferraresi. La segunda carta hizo un balance de gestión al cumplirse, el 10 de este mes, el primer año de gestión. No mencionó directamente al Presidente, pero la titular del Senado criticó duramente al Poder Judicial, en general, y a la Corte Suprema en particular.

“Desde aquellas cartas, el Gobierno intentó tomar la iniciativa que, hasta entonces no había tenido, y avanzó con la ley de la IVE como estrategia propia frente a una debilidad estratégica opositora para frenar la iniciativa”, indica a nuestro diario Gustavo Córdoba, director de Zuban Córdoba y Asociados. Según el analista político, “la fortaleza que puede haber cosechado al final del año el oficialismo no es tanto mérito del gobierno, sino de la poca capacidad de influencia que ha tenido la oposición frente a los debates que se sucedieron”. Tomando como ejemplo el caso de las vacunas, Córdoba reconoce que hubo críticas como la de la titular del PRO, Patricia Bullrich, que no cayeron bien en la opinión pública, o la falta de tacto o de impacto para evitar el avance de la IVE en el Senado. “El Gobierno, a su vez, no tuvo el tono triunfalista que se esperaba, pero sí protegió a los senadores que se habían mantenido indecisos hasta la votación. Eso marca que hubo consensos previos, como una medida inteligente en medio de tanta polémica, algo que la oposición no pudo generarlos y, al final, terminó desdibujada”, opina.

Córdoba afirma que no se puede proyectar lo que puede suceder en el futuro, más allá de dos o tres meses, debido a la volatilidad natural de la Argentina. Pero, en un análisis electoral, sostiene que los jubilados, afectados por la Movilidad Previsional, nunca fueron un segmento que sufragó al peronismo, ya que la fortaleza del Frente de Todos, según las últimas elecciones, está en los ciudadanos menores de 45 años. “Por primera vez, el Gobierno tiene a las mujeres como el diferencial electoral más importante, por la sanción de la IVE, las políticas de paridad de género o la creación del Ministerio de la Mujer”, subraya. En suma, Córdoba indica que Alberto Fernández se juega, en 2021, la gobernabilidad de los dos años que le restarán de gestión. “Si se manejan como el caso Vicentin, los problemas serán permanentes; si lo hacen como la estrategia usada para sancionar la IVE, habrá mostrado mayor destreza política”, agrega.

Los metamensajes

Cristian Buttié, director de CB Consultora Opinión Pública, afirma que el Gobierno cierra un año extraordinario por la pandemia, con el cumplimiento de una promesa de campaña: convertir en ley a la IVE, “pese a que los sectores que celebraron la sanción legislativa no representan a la mayoría de las mujeres”. “Se trata de un metamensaje que lanza el Presidente acerca de que las propuestas electorales se van a cumplir, pensando en los comicios que se vienen y en las eventuales demandas del electorado”, remarca a LA GACETA. Pero la incursión parlamentaria le salió redonda al oficialismo, ya que si no avanzaba la IVE en el Senado, la movilidad jubilatoria aparecería como un hecho aislado que “hubiese tocado la esencia del peronismo que es conseguir más derechos para los desposeídos y mejorar el poder adquisitivo de los sectores sociales más vulnerables (en este caso los jubilados)”, indica.

Diciembre termina mejor de lo que se pensaba para el Gobierno, en un año en el que el dólar rozó los $ 20, y esperando lo que sucederá, política y económicamente en marzo, un mes que el analista considera bisagra para la gestión.

De todas maneras, el jefe de Estado se enfrenta a una puja entre el planteo de la mayoría de las gobernadores para que se suspendan las PASO y la estrategia del jefe de la bancada oficialista en Diputados, Máximo Kirchner, que “resiste aquella idea con la idea de promover la jubilación de varios barones del conurbano bonaerense”, dice Buttié.

El politólogo considera que el Presidente se encuentra frente al gran dilema de mirar hacia el distrito que aporta el 37% de los votos del país o aceptar la propuesta de los gobernadores que, electoralmente tal vez no tengan la fuerza de Buenos Aires, pero que cualitativamente aportan dos senadores por distrito. “La formación de un bloque de mandatarios del Norte Grande, directa o indirectamente, plantea cierta autonomía para imponer la agenda política desde la zona de origen y con proyección nacional, lo que resta hegemonía a la Casa Rosada”, observa Buttié.

Ese dilema expone al presidente de la Nación a pensar si pone el foco de atención en el Área Metropolitana de Buenos Aires o si le da la derecha a los gobernadores, con un tono más federalista, generando disgustos en la cúpula del Frente de Todos a las puertas de un año electoral.