La vida es bella
Salí un poco, para ver verde, para respirar aire fresco, para sentir el aroma de las flores, para disfrutar el canto de los pájaros... ¡y estaba todo ahí! Como si nada hubiera pasado. Y pensé qué noble naturaleza la nuestra que reverdece y rejuvenece siempre. Y pese a todo. Pese a nosotros mismos, sus cuidadores, que pocas veces la cuidamos. Y sale de incendios maltrecha... ¡y se levanta de nuevo! Y se inunda y el agua arrasa con todo, y sin embargo vuelve a pararse airosa. Y salió de tantas cosas imposible de enumerar, con la ayuda del hombre o no (porque muchas veces es su peor depredador), que volví de esa salida renovada, con fe, segura que de esto tan triste también se sale. Con el hombre y pese al hombre. Recordé las reflexiones hermosas que se hacían al principio de esta pandemia, y un tironcito bien interior casi me hace perder el optimismo con el que regresaba. Porque nada fue como se soñaba. No me dejé llevar. Decidí ser práctica. El mundo no va a cambiar. Van a seguir estando los buenos que sueñan con una humanidad “humanizada”, y seguirán los malos, que, desde lo más recóndito de los lugares, continuarán odiando, separando, destruyendo, “deshumanizando”. Quizás la proximidad de unas Fiestas que probablemente sean distintas, me haga rogar que, como en los cuentos, el bien triunfe. ¿Pintado de qué color? El bien no tiene colores, y personas buenas las hay en todos los grupos. Brindo sinceramente por ello. Para que seamos noticia por los logros y no por los errores. Para que no sea solo la naturaleza la que reverdece en todo su esplendor año a año. Para que nos convenzamos que depende de nosotros, sólo de nosotros, vivir en paz. Olvidemos, dejemos de lado nuestra animalidad. Que triunfe la razón, que es lo que nos enseñaron como facultad que nos hacía ser los reyes de todo lo creado. Y seamos valientes, los héroes de hoy. Sepamos triunfar por sobre todo lo malo que está sucediendo.
María Estela López Chehín
24 de Septiembre 1.431, Concepción