Como buen dominico, prefiere nadar en las aguas abiertas y profundas del pensamiento. Le gustan los desafíos, aunque sea el debate sobre el aborto. Confía en que en algún punto va a traer enseñanzas para la Iglesia. Su vida sacerdotal, que hoy cumple 50 años, creció a la sombra del gran árbol del Concilio Vaticano II, que empezó en 1963, junto con su ordenación, y todavía sigue recogiendo sus frutos. Monseñor José María Rossi, obispo emérito de la diócesis de la Santísima Concepción, también celebra el martes sus 20 años de obispo. Desde el convento de Tucumán, donde eligió vivir, conversa con LA GACETA sin esquivar a los temas más candentes como la discusión del aborto y la corrupción de los poderes.

Por la pandemia, no habrá celebraciones sociales, pero sí monseñor Rossi oficiará una misa en acción de gracias hoy a las 11, en la iglesia de Santo Domingo. Todo esto del aborto y de la pandemia le ha posibilitado a monseñor Rossi ver el valor de la vida con mayor nitidez. Y sobre todo porque después de 55 años ya no usa anteojos porque se operó de cataratas, reconoce con una sonrisa que descubre una mirada despejada y unos ojos “color del tiempo”.

En una hora de charla, monseñor Rossi cuenta que al comparar la discusión del aborto de ahora con la de 2018 observa que se maduró en los argumentos, sobre todo del lado provida. Que aunque la ley se apruebe la Iglesia gana en mucha reflexión y autocrítica. Considera que “a Iglesia le falta profundizar en una Pastoral de la Vida para transmitir ese valor a las nuevas generaciones”. Y que si algo tiene que plantearse la Iglesia con mucha fuerza es de empezar a “evangelizar al Poder”, para embeber de valores cristianos a los poderosos. Con ustedes, esta síntesis:

- ¿Qué cambios ha visto en 50 años?

- Yo ingresé al convento en el 63 cuando comenzaba el Concilio Vaticano II. Hubo una mirada nueva sobre la Iglesia y sobre el mundo. Y todos estos años ha ido creciendo la conciencia de la Iglesia sobre sí misma, según lo que el concilio planteó. He aprendido mucho en 50 años.

- ¿Dónde ha aprendido más?

- Ríe. Si tengo que decir un lugar, antes de ser obispo, en Salta, en la misión que teníamos los dominicos, en la diócesis de Orán. La misión de los wichis, que luego entregamos a la diócesis. Siempre me gustó trabajar con las comunidades rurales, ahí estuve cinco años trabajando con comunidades aborígenes. Fue un aprendizaje muy grande, descubrir ese mundo interior espiritual de los aborígenes. Me acuerdo que en las reuniones los hombre se sentaba n y las mujeres estaban paradas atrás. Pero eran ellas las que le apuntaban en su idioma. Aprendí mucho de sus tradiciones ecológicas porque ellos viven en un ambiente muy frágil, el Chaco salteño, y han aprendido a cuidarlo.

- ¿De ahí se fue a Concepción?

- Sí, que es otra comunidad rural. Allí estuve 19 años. Y sí uno extraña ahora, por eso digo que dejé mi corazón enterrado en Concepción, acordándome de una canción que decía así. Me vine prácticamente sin despedirme.

- ¿Qué más aprendió?

- El Concilio me enseñó todo. Fue una gracia para la Iglesia y para el mundo y todavía estamos recogiendo los frutos de ese momento histórico tan fuerte. Dio vuelta muchas cosas. El Concilio invitó a mirar con otros ojos la realidad, la iglesia misma. Fue un camino de crecimiento en profundidad. Todos los papas lo han dicho que todavía nos falta aplicar el Concilio, hasta Francisco lo dijo.

- Según creo único lugar que visitó Bergoglio fue Concepción.

- Yo lo traje a un retiro. Los curas me lo pidieron. Yo pregunté quién quería que venga y ellos dijeron Bergoglio. Me impresionó porque apenas llamé a Buenos Aires para invitarlo inmediatamente me dijo que sí, y después se fijó en la agenda. Luego me enteré que él siempre daba prioridad a las diócesis más chicas. También ofició misa en la Catedral. Lo único que en ese tiempo no se reía mucho como ahora, era más serio (sonríe son picardía). Se ve que encontró su lugar en el mundo y desde ahí hace tanto bien ...

- ¿Es difícil ser católico ahora? Digo pensando en el aborto, en las nuevas generaciones.

- No sé, siempre fue difícil, pero el desafío es lindo. Los chicos hoy reciben más agresiones. Lo que hoy tenemos es una época de mucha inestabilidad cultural. Nuestra cultura ya no es aceptada, está muy atacada, desde muchos ángulos, y los desafíos se hacen más fuertes. Ahora todo se discute. En el mundo, no solo en Argentina. La crítica a las culturas tradicionales llega de un momento de inestabilidad y desconcierto. El desafío es lograr transmitir los valores más profundos para que sigan vigentes en la convivencia y en la organización social.

- ¿Cuál es el desafío?

- El mundo se está transformando muy rápido y en mucha profundidad. Todo está complicado porque nuestra cultura está puesta en cuestión. Y en cada país y cada región se puede decir lo mismo. Cuando el Juan XXIII convoca al Concilio tenía esa intención: observar este cambio y proponerse como Iglesia evangelizar de otra manera. Había una expresión en el Concilio que decía: ‘no es solo una época de cambios, sino un cambio de época’. Hoy también tenemos ese desafío, miramos como Iglesia a nosotros mismos y ver cómo nos paramos en el mundo y a quién tenemos que evangelizar.

- ¿Y a quien hay que evangelizar?

- Hay ambientes que nos desafían más que otros, sobre todo nos falta evangelizar los ambientes del poder. Todavía no hemos encontrado la manera de hacerlo. Estamos intentado, el desarrollo de la Pastoral Social es eso, evangelizar ese mundo para que la sociedad pueda ser más como Dios quiere.

- ¿Cuáles son las resistencias?

- Y buenooo... (se acomoda en la silla) Las resistencias vienen del poder económico fundamentalmente. Es el más reacio a la mirada evangélica, a la mirada de Jesús. El papa Francisco lo dice con un estilo practico, por eso molesta.

- Yo estaba pensando en el impuesto a la riqueza ...

- Sin meternos en la legislación, desde el punto de vista de los criterios evangélicos, el que más puede es el que más tendría que aportar. San Agustín decía cada según su posibilidad, o sea que el que más puede más tiene que aportar, no solo en lo económico. Es un aterrizaje del Evangelio en la sociedad humana Y los que siempre están dispuestos a aportar son los pobres. Cuando uno ve la generosidad de la gente más sencilla a mí me da vergüenza. Cuando un tiene la posibilidad de tener plata y puede estudiar uno puede armar toda una teoría para cuidar los privilegios. Hoy el dinero es poder, el conocimiento es poder, y el mundo es del poder económico.

- ¿Cómo va a terminar la cuestión del aborto ?

- Estamos pasando por un momento de crisis cultural. Pero los pueblos no se suicidan, aunque cuesta mucho sufrimiento este proceso. Una sociedad no se destruye a sí misma. Llega un punto en que nos damos cuenta que juntos tenemos que cambiar de dirección. Estamos sufriendo, pero vamos a ponernos de acuerdo en qué valores queremos compartir. Los procesos culturales son largos. La ley se puede llegar a aprobar porque si no se aprueba ahora van a seguir insistiendo. Pero la defensa de la vida ha cambiado, ha madurado la discusión. No quiere decir que vayan a convencer a los que tienen que votar. Pero estamos madurando en la conciencia. Pase lo que pase el 29 como Iglesia vamos a profundizar nuestra pastoral sobre la vida. Vamos a seguir creciendo como Iglesia.