Pandemia, aislamiento, crisis económica. Sí, el coronavirus dejó el mundo en llamas y las secuelas se sienten a flor de piel, en particular si se lo analiza por estos días. El fin de año y las fiestas dan el último sacudón del 2020 y para la mayoría de los rubros fue complicado, pero… ¿cómo lo viven los emprendedores?
En medio de esta vorágine hay quienes se han propuesto no dejarse vencer y han repetido incansablemente "al mal tiempo, buena cara". Ese es el caso de cientos de tucumanos que, con mucha, poca o incluso ninguna experiencia han elegido adentrarse en el mundo de las ferias y del trabajo ambulante.
Todos coinciden: feriar salva
"Yo me dediqué toda la vida a la gastronomía, siempre me manejé en ese campo. Gracias a Dios pude aprender mucho durante ese tiempo, viajé, estudié y aprendí el oficio. Hacer esa actividad durante tanto tiempo me dio las habilidades necesarias para que me vaya bien en el comercio, por eso cuando tuve que dejar ese rubro (por la pandemia) tuve las herramientas para seguir peleandola. Ahí fue cuando pensé en feriar, pensé que sería una buena idea para tratar de mantenerme y tuve razón. Hoy vendo muy bien, tengo clientes en el interior, voy a distintos predios con mi puesto y estoy feliz. La verdad es que es una comunidad que te apoya mucho. Todos sufrimos este año, pero tratamos de ayudarnos", contó Ramón Sena.
Verónica Molina, coincidió: “estoy muy agradecida por la oportunidad de poder trabajar. En mi caso como tengo más de 40 años conseguir un trabajo formal se hizo complicado, busqué bastante tiempo, pero no me salió nada. Así que le hice caso a una amiga y me vine a vender un poco de ropa, así comencé, ahora tengo más productos y vendo un poco más”.
“Para mí, la feria es la única oportunidad que tengo hoy por hoy para ganarme la vida y mantener a mi familia. Eso es un montón”, expresó, conmovida.
Si bien la mayoría resalta que la retracción económica por la pandemia ha afectado sensiblemente las ventas, entienden que también ha sido el contexto "ideal" para que resurjan otras formas de trabajo. En contar con un espacio para continuar con sus emprendimientos encuentran un destello de esperanza.
Melisa Morales tiene 33 años y ya tiene un camino recorrido en el rubro. “Yo vengo a la feria hace unos dos años. Siempre vendí ropa, tanto por redes sociales como en mi casa, pero quería crecer un poco más. La verdad es que me animé porque siempre pasaba por acá y veía mucho movimiento, eso me dio el impulso para decidirme. Arranqué con ropa americana, se vendía realmente muchísima cantidad, la gente se llevaba todo, después vino lo del dólar y los precios se fueron a las nubes. Ahí se complicó un poco”, admitió.
María Elena Roldán, su compañera en el puesto, agregó: “tuvimos una época muy buena, pero con la pandemia y el cierre de las ferias las cosas se complicaron. Igualmente hoy por hoy supimos adaptarnos y aunque no se vende tanto podemos mantenernos”.
“Por más de 18 años me dediqué a trabajar con mi salón de fiesta, después incursioné en el mundo de la costura, ese es mi fuerte. Hoy lo combino con la feria y como un paliativo en medio de esta situación tan difícil. La verdad es que hay que trabajar muchísimo para mantenerse y sobrevivir”, consideró.
Otros, resaltan cuán complicado es navegar en las aguas de la informalidad, aún más en tiempos de coronavirus.
“Lamentablemente no se está vendiendo demasiado, la gente pregunta mucho, busca precio y, en definitiva, compra poco. Con la pandemia se ha afectado mucho nuestra actividad, no hay punto de comparación con otros años. Ahora lo que se ve mucho es que viene cualquiera a vender cualquier cosa, la gente tienen necesidades y salen a tratar de vender lo que sea”, opinó Vanesa Mercado, dueña de una verdulería.
“Mi negocio pudo sobrevivir porque somos una familia grande, somos siete, y todos estamos enfocados en sacar adelante el emprendimiento. Cada uno hace una tarea y así nos damos vuelta. La verdad es que esperábamos que a estas alturas la gente ya empiece a comprar un poco, pero eso no está pasando. Más allá de lo feo del panorama agradezco poder venir, vender y llevar el pan a la mesa”, consideró.
“Yo soy, o era, ama de casa. Ahora tuve que salir a vender juguetes para ayudarlo a mi marido que quedó sin trabajo. Si no salís a batallar no se puede, hoy por hoy las cosas están muy complicadas, y en nuestro caso, tenemos un nene chiquito que mantener. Lo bueno es que por lo menos puedo venir acá y hacer algo productivo que ayude a mi familia”, contó María Alejandra Cabeza.
Pero cuando la urgencia de mantener una casa y una familia no están presentes las cosas parecieran tornarse un poco más positivas. Gabriela Morales es estudiante de nivel inicial, profesora de danzas y, ahora también, feriante. “Como estoy en mi etapa de estudios y quiero recibirme estuve buscando una salida laboral un poco más flexible y que no me demande tanto tiempo. Acá puedo vender mis artesanías, vengo solo un par de días y puedo hacer un dinero que me ayuda. Me gusta el movimiento del predio, es tranquilo y me da una solución”, celebró.