Aunque la palabra “carrera” puede remitir a la noción de velocidad, lo cierto es que en pruebas tan largas como el “Batalla de Tucumán”, con un trazado de 2.000 metros, es indispensable una buena y precisa estrategia. Dicho de otra manera: en el “Batalla” no gana el que corre más rápido, sino el que mejor sabe correr. Y si hubo ediciones en la que ese honor estuvo muy reñido, en la del sábado no hubo dudas: la dupla entre Arnoldo y el jockey José Vizcarra triunfó con una superioridad pasmosa sobre el resto, y en eso mucho tuvo que ver la muñeca del conductor al administrar las energías del potente zaino.

Así lo explicó el entrenador Juan Francisco Jiménez. “Le había dicho (a Vizcarra) que al caballo lo veía muy tranquilo, que corriera sereno porque en 2.000 metros es muy difícil ganar de punta a punta. Las carreras se ganan acá -en el disco- y no allá. Y la verdad que lo hizo de manera extraordinaria, a la perfección”, calificó “Pancho”, quien ya desde la mitad de la carrera veía que Arnoldo estaba para ganar.

“Ya en los 1.000 metros lo sentí, porque veía que venía con mucha solvencia, sin pelearlo al jockey. Muchas veces lo vi correr y no estaba así, eso me tranquilizó. Independientemente de en qué puesto terminara, para mí ya era un orgullo verlo así”, cuenta Jiménez.

No obstante, la ventaja de 13 cuerpos que Arnoldo le sacó al segundo fue un estallido de felicidad para él. Primero, por la magnitud de la prueba: “es una de las más prestigiosas de nuestro turf. Lo esperé por muchos años. Entré segundo, tercero, pero no imaginaba ver ganar un ‘Batalla’ en la forma en que lo hizo. Algo impagable”. Y segundo, porque fue una especie de redención, para el caballo y para él mismo: “le tenía mucha confianza por la serenidad que tuvo en los últimos 10 días. El caballo venía de una lesión, estuvo en el campo y lo apuré mucho. No hice bien las cosas, el caballo estaba muy gordo. Me di cuenta de que no debía seguir exigiéndolo, porque no le gustaba. Esos kilos de más hacían que se fatigara demasiado. En la carrera anterior, el caballo estaba enojado. Muy enojado”.

Sabor a revancha

La victoria también tuvo sabor a revancha para Vizcarra, que no estaba seguro de ser el jinete de Arnoldo después de una actuación reciente por debajo de sus expectativas. En un “Batalla”, es indispensable tener la cabeza clara para tomar decisiones determinantes a toda velocidad y las pulsaciones a mil. Pero “Pancho” intentó transmitirle confianza. “Le dije que quería que lo corriera él. Que no tuviera en cuenta la carrera del otro día, que la culpa no había sido ni del caballo ni de él, sino mía. Que no se preocupara, que el caballo le iba a responder. Y así fue. Lo corrió con mucha fe y entusiasmo, y eso sirve mucho”, destaca Jiménez.

Francisco destaca el trabajo en equipo como otra de las claves. “Esto no lo hace uno solo, hay mucha gente por detrás. Gente que está con el caballo constantemente, viendo si come, si duerme bien, cómo se siente. La noche anterior a la carrera, el peón durmió en la puerta del box toda la noche. Le dije que se fuera a descansar, pero él quería dormir ahí, a la par del caballo, para cuidarlo. Y todo ese trabajo que hay detrás mucha gente no lo ve, no lo sabe. Y es lindo, más allá del resultado. Por eso, antes de la carrera, le dije ‘m’ijo, no se preocupe si el caballo no gana, usted siéntase satisfecho de que el caballo corra bien y llegue bien’. Conseguir el resultado es muy difícil. Corren 15 caballos, pero gana uno. Y fue el nuestro, así que la felicidad es enorme”.

Un evento esperado

Más allá de los resultados, fue un triunfo para todos que el “Batalla de Tucumán”, la carrera más importante del turf del NOA, se llevara a cabo finalmente pese al contexto de pandemia. “Agradezco el sacrificio de toda la gente que hizo posible que se realice este evento, que tanto nos hace falta. Dios y la Virgen quieran que pronto pase todo esto”, anhela Giménez.