Hasta hace unos meses, la palabra “viajar” sonaba más lejana que cualquier destino al que hiciese mención. La pandemia parecía haberse tragado todas las posibilidades de transitar, incluso entre jurisdicciones de un mismo país. De pronto, al amparo de las nuevas flexibilizaciones en la circulación, el tránsito comenzó a recobrar su ritmo y esto se notó también en los aeropuertos que empezaron a recibir la solicitud de viaje de cientos de tucumanos.

Camino al eclipse total de sol en la Patagonia, el equipo de LA GACETA realizó una travesía en avión hasta Neuquén, pasando por Ezeiza, provincia de Buenos Aires, y vivimos y experimentamos en carne propia lo que sucede hoy en las terminales de vuelo, qué rol juega la pandemia, quiénes viajan y a dónde, cuáles son los controles sanitarios: el paso a paso como testigos de nuestro periplo hacia el sur del país.

Lo primero es llegar

Para que un vehículo ingrese al predio del aeropuerto internacional de Tucumán Benjamín Matienzo es necesario exhibir los pasajes. Una vez dentro del lugar, frente a la fachada del edificio, los viajantes son recibidos por personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria junto con un dispositivo de sanidad del Siprosa.

Sólo puede ingresar quien sea titular del ticket de vuelo, luego de que se le tome la temperatura y su nombre y documento sean registrados por el personal de salud. Los familiares deberán despedirse en el estacionamiento y los pasajeros entran solos.

Quienes ayer se encontraban dentro del edificio esperaban por el vuelo a Buenos Aires de las 21.40. Muchos de ellos se acercaron al lugar desde muy temprano por temor a que surjan contratiempos, algunos hasta cuatro horas antes de partida. Sin embargo, la atención al público se habilitó recién a las 19.30 horas. Antes de la apertura, el personal de limpieza del aeropuerto sanitizó todo el mobiliario.

“Estoy preocupada porque me reprogramaron el vuelo un día antes”, cuenta Karen Mallón, de 23 años. “Yo viajo a Río Grande a reencontrarme con mi familia después de un año y medio sin verlos, pandemia mediante. Mi vuelo salía a las cinco treinta y me lo pasaron para la noche, no llego a tiempo para tomarme el avión a mi destino, en Ezeiza; y el próximo vuelo a Río Grande sale en tres días”, enumera preocupada.

La mayoría de las personas consultadas por LA GACETA programaron su viaje por trámites, cuestiones familiares o razones de fuerza mayor; casi todos ellos por asuntos postergados debido a restricciones derivadas de la pandemia.

Tal es el caso de Lilian Páez y Gabriel Romano, ella es paraguaya y él, argentino, pero residen en Paraguay. En marzo de este año vinieron por cuestiones laborales por un mes y recién ayer emprendieron el viaje de regreso. “Estoy feliz porque voy a volver a mi madre y a mis hijos”, dice Lilian, que también aseguró que su vuelo fue reprogramado dos veces anteriormente: “Espero que la tercera sea la vencida”, concluye.

Distancia social

En la fila para realizar el check in y despachar equipaje la distancia social se mantiene. Lo mismo ocurre en los asientos ubicados en la sala de espera del pre embarque. Sin embargo, al momento de embarcar se desobedece la distancia y se pierden los protocolos. 

Una vez dentro de la nave, la comandante de a bordo pedirá por los altavoces que quienes presenten síntomas de covid, lo reporten. El avión despega sin asientos vacíos en un viaje de dos horas hacia Buenos Aires. No se sirven comidas ni bebidas.

El vuelo llega a Ezeiza a la 0 hora del viernes 11. En el minibús que recoge  a los pasajeros de la pista tampoco habrá distancia social, lo mismo en la zona de la cinta donde se recoge el equipaje. Sin control sanitario previo, los viajeros ingresan en la terminal. Sin embargo, los barbijos ocultando los rostros nos recuerdan que hay una pandemia.

Larga espera

Santiago Zavadiska, uno de los pasajeros, debe esperar seis horas hasta que salga un avión a Neuquén, su destino final. Le dijeron que no podía quedarse dentro del edificio fuera del rango de cuatro horas previas a su viaje, sin embargo, pudo pasar la noche en Ezeiza sin problemas: “lo difícil es conseguir un vuelo, porque sacás el pasaje para una fecha y te lo reprograman de manera indefinida”, cuenta. “Luego, durante el viaje, no me pidieron nada más que los pasajes y el DNI, yo pensé que en pandemia sería más complejo circular”.

Santiago tiene como objetivo presenciar el eclipse total de Sol que ocurrirá este lunes 14. Viaja hacia Neuquén en un vuelo de dos horas también repleto. En el desembarco a esa provincia, personal de salud le toma la temperatura: será el primer control sanitario en viaje después del efectuado en Tucumán.