No enojarse con el coronavirus. Aprovechar cada momento que tengamos para conectar con nuestras emociones. Cuidarnos nosotros y a los otros. Recuperar hábitos saludables. Alejarnos de lo que nos hiere. Estas acciones son parte de la receta que Silvia Bentolila, psiquiatra y especialista en salud mental en emergencias y desastres cree que debemos poner en práctica para sobreponernos del tal vez el peor año de la modernidad. En diálogo con LA GACETA desde Buenos Aires, la Integrante del Equipo Regional de Respuesta frente a Emergencias Sanitarias de la OMS y de la OPS asegura: “el riesgo puede ser medido, y por ende, gestionado”.
¿Cómo salimos de este estrés que nos generó la pandemia?
- Es mejor no pensar en términos de “salir del estrés” porque nos puede generar más ansiedad aún. Una cuota de estrés es normal en la vida diaria. La clave es modularlo para que no esté activada esa respuesta hormonal todo el día. El hiperalerta nos pone irritables, con ira, ansiosos, nos distrae, aumentan los latidos del corazón y la tensión arterial, altera el ritmo del sueño -cuesta dormir o dormimos todo el día- respiramos cortito y más rápido y hace que hiperventilemos. La diferencia en el contexto de la pandemia es que de un día para otro tuvimos que cambiar la forma en que vivíamos, se alteraron casi todos nuestros planes y esto no es gratis, porque a las cuestiones habituales se le sumó un alto nivel de incertidumbre. Nos percibirnos bajo peligro y aparece la sensación de todo o nada, que aumenta el estrés. Deberíamos organizar algunas rutinas diarias con momentos para volver a sentirnos en calma y disfrutar, por ejemplo, tiempos de escuchar música, solos o en familia, de compartir conversaciones, hacer ejercicios de relajación y respiración, bailar, aún en un monoambiente o en la puerta de calle con los vecinos respetando el distanciamiento y las medidas de cuidado, tener contacto con la naturaleza o nuestras mascotas. ¿Por qué? Porque las hormonas del estrés se metabolizan en los músculos. Como respiramos cortito y más rápido cuando estamos estresados o ansiosos, eso hasta nos da cierto embotamiento, los ejercicios de respiración son muy potentes. Y algo que no viene mal recordar, “esto también pasará”, y lo importante es que lleguemos en las mejores condiciones posibles a la otra orilla. Es primordial también recordar que si el estrés es producto de necesidades básicas no cubiertas, esto es lo primero a resolver, tenemos que ayudarnos solidariamente, desde lo personal, lo comunitario y desde el Estado.
¿Cuánto influye la llegada de fin de año en esta situación de cansancio físico y mental?
- Al cansancio propio del fin de año se le suma el agotamiento que produjo el esfuerzo de adaptación a un contexto totalmente nuevo y disruptivo. La respuesta del estrés cuando se mantiene activada sostenidamente produce agotamiento. Por eso es muy importante modularla.
¿Cómo tenemos que manejar el enojo que nos produce esta situación?
- El enojo, la impotencia, la frustración, la ira son reacciones normales, creo que nadie hubiera elegido vivir esta situación, pero hay muchas cosas que no se eligen en la vida. Antes de la pandemia, cada uno vivía a nivel individual o familiar el diagnóstico de una enfermedad severa, hoy el mundo está expuesto simultáneamente a este flagelo. Es momento de cuidarnos, de revisar algunas viejas rutinas, y desarrollar un recurso escaso por estos tiempos, la paciencia. Alguien dirá, fácil decirlo. Sé por experiencia personal que no es fácil, pero desde el enojo no vamos a poder modificar nada de lo que ocurre y pone en riesgo nuestra salud mental.
¿Cuánto influye el aumento del consumo de drogas, legales y no, dentro del estrés que estamos viviendo?
- Está ampliamente documentado que hubo en el mundo un aumento de consumos. El hiperalerta es desagradable, y muchas personas apelaron a lo que se denominan reacciones evitativas para calmar el malestar. Estamos frente a un riesgo de que esas conductas se instalen y luego resulte más difícil erradicarlas.
¿Por qué dice usted que no hay una nueva normalidad?
- Me preocupa que los medio titulen a cada cosa “la nueva normalidad”. Eso no hace más que disparar el estrés. ¿Por qué? Porque estamos aún en plena crisis, y durante las crisis todo cambia vertiginosamente, es como si quisiéramos aferrarnos a un orden preestablecido desde afuera, y no lo hay, ni puede haberlo, aunque nos enoje o angustie. Gestionemos nuestras rutinas personales, familiares, con amigos, vecinos, sabiendo que es transitorio.
¿Toda esta situación nos ayuda como humanidad para estar preparado para escenarios peores?
- ¡Ojalá! No lo sé, no puedo asegurarlo, veo las fiestas clandestinas, la cantidad de gente circulando sin respetar los protocolos mínimos, cuando simultáneamente mueren miles de personas que podrían no haber muerto sino existiera la enfermedad por coronavirus y siento tristeza.
¿Se puede rescatar algo bueno de esta situación?
- Como toda situación crítica puso a la luz lo mejor de muchas personas. Solidaridad, entrega desinteresada. Puso en evidencia quienes son los esenciales. Y nos da la oportunidad de revisar y elegir muchas cosas a nivel personal , como por ejemplo cuántas horas gastábamos por día viajando. Cuántas horas pasábamos lejos de nuestros hijos. Y hasta tenemos el poder de cambiar el resultado, cosa que no en muchas crisis es posible.
¿Cuáles son los síntomas ante los que debemos preocuparnos por esta situación de estrés?
- Si el enojo es persistente, o aparecen reacciones violentas, si perdimos la capacidad de disfrute, si el insomnio se sostiene durante varios días o semanas, si aumentó considerablemente el consumo de alcohol u otras sustancias y obviamente si aparecen ideas o pensamientos ligados al suicidio. Allí es momento de hacer una consulta sin demora.
Perfil de una experta: buenas referencias a la salud en Tucumán
Magister en Gestión de Servicios de Salud Mental. Fue fundadora y coordinadora general de la Red de Salud Mental en Incidente Crítico en la Dirección de Manejo de Emergencias Sanitarias y Catástrofes del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires. Cuando Silvia Bentolila habla de Tucumán asegura: “Es una provincia con un equipo de salud mental pionero y muy comprometido, he transitado muchos momentos con ellos. Les dejo el número de Salud Escucha 08004444999 o al 4525679”.