Jubilado tras una larga carrera en la gestión pública, Alieto Guadagni (Buenos Aires, 1932) ahora ocupa una silla en la Academia Nacional de Educación y desde allí busca hacer oír su preocupada voz. Esta semana, en una entrevista con el programa “Panorama Tucumano”, de LG Play, Guadagni conversó con Federico van Mameren y Carolina Servetto sobre los déficits del sistema educativo argentino y aprovechó para advertir que el país está por perder el tren del siglo XXI, que, según él, no será el siglo de los recursos naturales sino el del conocimiento.

Durante la charla, repasó (y lamentó) algunos datos sobre la educación nacional y consideró que solo dejarían de empeorar si la política emprendiera una gran reforma educativa. “Cuando un ministro de Educación enfrenta una disyuntiva en la toma de decisiones, tiene que hacerse una sola pregunta: ¿qué es lo mejor para el futuro de los pibes?”, sentenció.

-¿Qué le espera a la educación el día después de la pandemia?

-Bueno, creo que antes de pensar en el después tendríamos que reflexionar sobre cómo fue el antes de la pandemia. Tenía tres características: primero, incumplimiento sistemático de todas las leyes de educación por casi todos los Gobiernos provinciales; segundo, incumplimiento de la ley de obligatoriedad de la escuela secundaria, porque en las escuelas estatales apenas se gradúa el 35 % de los pibes, y tercero, desigualdad en la calidad educativa, que está íntimamente vinculada al nivel socioeconómico de cada familia. Esto quiere decir que la escuela argentina no quiebra la reproducción intergeneracional de la pobreza, o sea, que los hijos de los pobres están condenados a serlo. Y, de vuelta a la pregunta, lo que la pandemia hace es castigar a los pibes pobres, a los que no tienen clases a distancia y viven hacinados en un rancho o un conventillo.

-¿Por qué esto no se discute? ¿A quién le importa?

-Yo no puedo explicar por qué no, pero es notable la indiferencia de los políticos argentinos, la poca atención que le prestan a la situación educativa. El problema es muy serio desde donde uno lo quiera mirar. Por ejemplo, un dato muy importante es cuántos pibes terminan la secundaria. En 2007, en Tucumán habían entrado al primer grado estatal 28.000, pero en 2018 se recibieron 8.800. Eso da 31 %. En cambio, entre los pibes que fueron a escuelas privadas, entraron 6.100 y se recibieron 5.000, lo cual da 82 %. Es jaque mate. ¿Sos pobre? ¿Naciste en una familia pobre? Bueno, vos no tenés futuro, porque vos no vas a terminar la escuela secundaria.

-Pero antes, al menos, en Argentina se suponía que la educación pública era muy buena.

-Alguna vez hubo grandes reformas educativas que surgieron de decisiones políticas de altísimo nivel. La Ley 14.020 (de instrucción primaria gratuita y obligatoria), por ejemplo, la promovió Roca inspirado por Sarmiento. Pero eso ya no existe. Si uno mira el PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, por sus siglas en inglés) de 2018, ve que el nivel de los pibes argentinos en matemáticas nos ubica en el puesto 71 entre 77 países. Para no hablar de la graduación universitaria, que es muy pobre incluso comparada con la de países que tienen regímenes muy restrictivos, como Chile o Brasil. Todos los países que tienen examen de ingreso a la universidad tienen más graduados que la Argentina.

-Pero acá se plantea el ingreso irrestricto como una cuestión de igualdad y un punto a favor.

-No, no, no. Eso es una trampa. Es como que usted me diga que la semana que viene vamos a correr una maratón de 42 kilómetros gorditos como estamos (risas). Pero no solo es una trampa, sino que es perverso. Si usted mira bien, nuestras universidades son las que tienen más alumnos, en proporción a la población, en América Latina, pero también son las que tienen menos graduados. Claro que esto también tiene que ver con el gran retroceso argentino de los últimos 30 o 40 años. Cuando usted compara el producto bruto interno per cápita, ve que en 1980 el de Argentina era el segundo más alto de América Latina. Hoy ya hay dos países vecinos, Chile y Uruguay, que tienen un nivel de ingreso por persona superior al argentino. Y los demás, Bolivia, Paraguay y Brasil, han avanzado económicamente, lo que les ha dado una gran solidez para mejorar sus sistemas educativos.

Tendría que haber una gran reforma liderada por el Gobierno, pero lo que vemos es que se cierran las escuelas y a nadie se le ocurre reabrirlas.

-¿Cuáles cree que son las soluciones a estos problemas?

-Tendría que haber una gran reforma, liderada por el número uno del Gobierno, para acumular capital humano altamente calificado y no perder el tren del siglo XXI, que será el de la tecnología, no el de los recursos naturales. Sin embargo, lo que vemos es que se cierran las escuelas y a nadie se le ocurre reabrirlas. Lo primero y más elemental es cumplir el calendario escolar. Si usted ni siquiera puede hacer eso, olvídese de todo lo demás. Yo tengo nietos que van a escuelas privadas y todos los días tienen clases a distancia, pero a los pibes pobres, que viven de a cuatro o cinco en una pieza, ni siquiera los ayuda la Televisión Pública. Yo a veces miro el canal educativo y me da pena la mediocridad: no enseñan ni las cosas fundamentales.

-¿Hay responsabilidad de los gremios?

-Es cierto que este es un tema delicado porque tiene dos polos: uno, de carácter médico, que es el riesgo de contagios, y otro, de derecho, que es el acceso a la educación. Pero, en todo caso, ya son muchos los países que reabrieron las escuelas, incluidos los países comunistas. Si la escuela no tiene importancia, si no se la dan los mismos maestros, los pibes pobres van a seguir siendo víctimas de eso.

-¿Considera que hay que repetir este año?

-La respuesta es siempre la misma: hay que hacer lo que sea mejor para los pibes. ¿Qué es mejor? ¿Repetir el año o que les dé por aprobado todo y en 2021 pretenda hacerlos entrar a niveles superiores de conocimiento sin haber obtenido la fase previa? Creo que hay que hacer el máximo esfuerzo por recuperar el año, apurar el reinicio de clases y agrandar el caledario escolar. Pero no es solo lo que me parece a mí, sino que es lo mejor para el futuro de los pibes pobres.

PERFIL
Un viejo peronista
Guadagni es contador por la UBA y doctor en Economía y Filosofía por la Universidad de Berkeley. Ocupó la Secretaría de Energía de la Nación dos veces (con Menem y Duhalde) y la Embajada en Brasil, entre otros cargos. También fue consultor de la OEA y la ONU.