Hay días en que nos cuesta levantarnos de la cama, y otros en los que arrancar la rutina entre las sábanas trae el doble de beneficios. Conocido en la cultura popular como “el mañanero”, hay quienes argumentan que tener sexo al despertar puede convertirse en el shot de energía que necesitamos para aumentar nuestro desempeño laboral.

Una verdad a medias que tiene su explicación en el funcionamiento del sistema endocrino. “Al tener relaciones sexuales se liberan endorfinas, serotonina, oxitocina y dopamina. Un mix de hormonas y de neurotransmisores que nos hacen sentir más relajados y combaten el estrés. Así que hay una mayor predisposición a que, por varias horas, estemos de buen humor”, señala la sexóloga María Aguirre.

Además, las tempranas sesiones amatorias (con remoloneos incluídos) estimulan el sistema inmunológico y la circulación sanguínea durante -al menos- una parte de la jornada.

AM versus PM

Por costumbre o falta de tiempo, es común que en Occidente las parejas apelen a la noche como testigo del amor y el placer.

Sin embargo -en cuestiones fisiológicas- nuestro organismo está mejor preparado para tener sexo al despertarnos.

“El buen descanso hace que la recepción erótica se intensifique ya que, por la mañana, el cuerpo alcanza el pico de producción de ciertas hormonas asociadas al deseo. En los hombres, la glándula que regula la testosterona es más activa por la noche. Por lo que al abrir los ojos la cantidad acumulada mejora la líbido y la erección”, agrega Aguirre.

Este vigor no debe ser confundido con las erecciones automáticas. “Las mujeres suelen quejarse de que sus parejas ya están 'activas' y que ellas, en cambio, necesitan tiempo para estimularse. En realidad, las erecciones masculinas matutinas son un mecanismo espontáneo. El acto permite oxigenar los tejidos cavernosos del pene, pero es algo físico y dista de la experiencia de excitación o lo psicológico”, aclara la especialista. La sexóloga Maira Lencina también afirma que los encuentros durante la mañana son sensitivos y “mejor remunerados”.

“Hay estudios enfocados en el ritmo circadiano que aluden a un 25% más de placer. Lo cual se entiende si tenemos en cuenta que por la tarde/noche ya acumulamos cansancio, debimos lidiar con los problemas cotidianos y las dosis de melatonina (interventora en el ciclo natural del sueño) son altas”, detalla. El resultado es que muchas veces optemos ver la tele o las redes sociales antes que intimar.

En otras investigaciones, la cuestión horaria tiene la precisión de un reloj suizo. Según un trabajo del Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (publicado en la revista British Medical Journal, hace un par de años) el rendimiento óptimo de los sex breaks es a las 5.48.

Y, para quienes prefieran evitar el sacrificio, un estudio del médico alemán Peter Platz (especialista en cronobiología) apunta a la franja desde las 9 a las 16.

A medialuz

Aunque las horas de somnolencia nos pesen, el factor decisivo para experimentar la gracia del ”mañanero” es la inhibición.

Hay muchas parejas que rechazan la práctica por la cantidad de factores poco controlables. Por ejemplo: estar despeinados o hinchados, tener un pijama viejo y mal olor bucal.

“Para darle un giro a los encuentros, el sexo matutino brinda una perspectiva visual diferente. La confianza es más alta debido a la luz y hay que hacerle frente a las inseguridades individuales y el espejo. A diferencia de por la noche, no va a salvarnos apagar el velador o estar bajo las sábanas. En cierta forma la entrega es arriesgada. Y tiene su lado positivo al descubrir gestos y expresiones que habían pasado desapercibidas”, reflexiona Lencina.