La máxima obsesión de Boca, de un tiempo a esta parte, se llama Copa Libertadores. Así, con la cabeza puesta en el duelo del miércoles 25, en Porto Alegre contra Internacional por el duelo de ida de octavos de final, comenzó a calentar motores en la Copa de la Liga Profesional.
El Boca de Miguel Russo es el último campeón de la Superliga y desde que el DT volvió al club, allá por enero, el equipo se transformó prácticamente en una “maquinita” de triturar rivales: jugó 15 partidos, ganó 12 y empató tres. Pero eso no es todo. Además, mantuvo su arco en cero en nueve de esos juegos.
Pero ese Boca demoledor, que hasta acá se mostraba bien contundente (llegaba poco y marcaba mucho) tenía una “falencia”: la falta de un hombre-gol; de ese tipo de jugadores a los que la pelota parece buscarlos para tocarlos antes de cruzar la línea de sentencia.
Desde su llegada, Russo apostó por Franco Soldano para ocupar el centro del área. Pero el ex Unión resultaba ser un “9 mentiroso”; ese futbolista que hacía el trabajo “sucio” para que sus compañeros pudieran terminar las jugadas.
Por eso desde que el “Xeneize” se clasificó para la instancia decisiva del certamen continental, el debate entre los hinchas apuntó a que al equipo le faltaba un delantero de área para intentar ir por la gloria.
Sin embargo, Russo anoche volvió a darle una oportunidad a Ramón Ábila y el cordobés dejó en claro que pasta para ser el punta titular le sobra.
“Wanchope” jugó como “9” clásico. Se paró en el centro del ataque, luchó con los centrales, exigió siempre y marcó el 2-1. Antes, en el amanecer del juego, había resuelto con soltura una chance clara que el palo de Lautaro Morales le negó el primer grito.
Pero Ramón siempre dice presente; y Boca debe aprovechar porque al “9” que tanto busca, lo tiene en casa.