Las ganas de estar lejos de la casa y pasar un fin de semana en los Valles Calchaquíes pudo más que los controles y las medidas de prevención sanitarias dispuestas por las autoridades provinciales y municipales.

LA GACETA comprobó ayer un tránsito constante en la subida a Tafí del Valle, por la serpenteante ruta 307. La conjunción del fin de semana largo por el feriado de mañana y de un clima ideal para estar en el principal destino turístico de Tucumán fue irresistible. Pero no todos podían trasladarse, ya que los permisos estuvieron restringidos a quienes tienen casas en la zona o habían reservado en algún hotel.

El movimiento vehicular de ayer fue constante pero menos que en días previos. Las restricciones dispuestas por el Comité Operativo de Emergencia y vigentes desde ayer para reducir la circulación interjurisdiccional impone que sólo se podrá transitar con la autorización correspondiente hasta las 15 hoy y mañana (en los días hábiles, ese límite se extiende hasta las 18). Pasado ese horario, sólo podrán hacerlo quienes se desempeñen en tareas esenciales de actividades habilitadas o puedan acreditar razones de fuerza mayor.

En el control de Las Mesadas, personal del Siprosa controlaba ayer la temperatura de los ocupantes de cada vehículo y registraba los datos del conductor y de la patente. Para franquear el retén, se debe acreditar reserva de alojamiento o la propiedad de una casa; en este caso, sólo se puede llegar para realizar tareas de mantenimiento, con la obligación de retornar al domicilio fijo en el transcurso de la misma jornada para evitar sanciones.

“Podemos controlarlos, pero hasta cierto punto. No podemos estar de niñeros. La gente debe entender que estamos en una situación epidemiológica grave y que la mejor forma de evitar la propagación del virus es circular lo menos posible, así que quien no tiene necesidad de hacerlo, mejor que no lo haga”, instó el oficial Juan Carlos Salazar, en diálogo con LA GACETA.

En la villa y con el sol brillando a pleno, bares, restaurantes y comercios se ilusionaron con un alivio a sus finanzas golpeadas por el coronavirus. El desafío de encontrar un equilibrio entre evitar el colapso de la economía y preservar la atención del sistema de salud se vivencia en las calles, con gente caminando (no demasiada), andando en bicicleta o tomando un café o almorzando con mesas al aire libre, aunque con sólo la mitad de su capacidad instalada y manteniendo la distancia social entre las mesas (no todas están ocupadas).

La actividad en la zona céntrica es intensa, pero sin amontonamientos. La sensación es que la gente llegó para relajarse y tomarse un respiro del encierro y el aire viciado de la ciudad. Están prohibidas las actividades grupales, como visitas guiadas, museos o excursiones, y todo lo que se hace es diurno. “Para ser sábado, hay bastante más movimiento de lo habitual, pero siempre todo es a la mañana. A la tarde empieza a bajar un poco, hasta las 23, que ya cierra todo”, corrobora Miguel, en la estación de servicio YPF del centro de la villa. “En las últimas semanas se fue recuperando un poco el tema del turismo interno”, agrega y en sus palabras se filtra una ilusión.