En medio del oleaje de la pandemia, el mundo fue sacudido por una noticia inusual: el deceso de una jueza. La trascendencia de ese suceso acrecentó la popularidad que Ruth Bader Ginsburg (1933-2020) o “Notorious RBG”, como la llamaban sus seguidores, había alcanzado en vida. El renombre de esta jurista que llegó a la Corte Suprema de Justicia estadounidense en 1993 se desarrolló ante los sentidos y el intelecto de otra mujer, Linda Greenhouse (1947, Nueva York), célebre periodista judicial de The New York Times entre 1978 y 2008, y hoy columnista de ese medio e investigadora principal de la Escuela de Derecho de la Universidad de Yale. Desde su rol de analista y “traductora” de la Corte, Greenhouse narró cómo Bader Ginsburg se convertía, sin pretenderlo expresamente, en un ícono de la igualdad y de la independencia judicial. Quizá por eso su partida dolió tanto: con sus convicciones, Bader Ginsburg no sólo amplió los derechos para su comunidad de connacionales, sino que también fue un faro jurídico innovador para los restantes poderes judiciales del globo.

La pérdida de una magistrada con esta ascendencia repercute en una época de cuestionamiento y crítica para la Justicia por la exacerbada judicialización de la conflictividad política. La Corte estadounidense no es ajena a esa mirada escrutadora de la imparcialidad de sus integrantes, que deberán adaptarse a un nuevo orden ideológico si el mandatario Donald Trump consigue cubrir la silla vacante con la candidata de perfil conservador y religioso Amy Coney Barrett. Tanto preocupaba esta designación y sus connotaciones institucionales a RBG que, en su lecho de muerte, aquella pidió que sucediera en el próximo mandato presidencial. Por correo electrónico y en inglés, Greenhouse considera que la imagen de las cúpulas judiciales depende de cómo se posicionan ante los oficialismos. “El prestigio de un superior tribunal sufre si actúa como el Presidente quiere que lo haga”, razona.

Es justamente lo que Bader Ginsburg evitó: su mirada estaba posada en la Constitución, en la ética y en las injusticias que oprimían a su pueblo. En el intercambio con LA GACETA, la periodista, ensayista y académica Greenhouse la evoca como una “pionera” de la equidad reconocida como tal por sus contemporáneos, lo que es doblemente meritorio. Y lo logró con la fuerza del pensamiento y de la palabra. Bader Ginsburg pronunció ideas que rompieron las limitaciones y barreras de la justicia y de la república. “Al ser contemplado en su forma extrema, casi cualquier poder luce peligroso”, decía. Y en otra ocasión opinaba: “el pedestal sobre el cual han sido colocadas las mujeres, tras ser inspeccionado de cerca, con mucha frecuencia ha demostrado ser una jaula”. Bader Ginsburg también fue un ejemplo de la superación por el esfuerzo y el estudio. “Leer es la llave que abre las puertas a muchas cosas buenas en la vida. Leer les dio forma a mis sueños y seguir leyendo me ayudó a hacer realidad mis sueños”, aconsejaba. Greenhouse considera que no había ambiciones de celebridad ni de grandilocuencia en estos comentarios. “Ella sólo trataba de cumplir su trabajo de la mejor manera posible”, escribe.

-¿Cómo conoció a la jueza Bader Ginsburg y cuál fue su primera impresión acerca de ella?

-La conocí en una reunión social luego de que ella y su esposo (el tributarista Martin Ginsburg) se mudaran a Washington DC para que ella asumiera su función en la Corte de Apelaciones. Yo ya había escuchado hablar sobre ella. Y me encontré con una mujer muy amigable, con la que mantuve una conversación interesante.

-¿Qué hacía a RBG diferente de sus colegas en la Corte Suprema estadounidense?

-Por supuesto que en un tribunal de nueve miembros, cada cual es distinto a su manera. A ella la hacía especial el hecho de haber llevado casos ante la Corte cuando era una abogada joven y el tener una visión sobre la dirección que el Derecho debía recorrer.

-¿Cuál era el punto de vista de esta ministra sobre la prensa y la libertad de expresión?

-Ella no escribió sobre estos temas: de hecho no recuerdo que haya emitido votos propios al respecto. Pero sí sé que respetaba al periodismo.

-¿RBG quería convertirse en un símbolo de los derechos de las mujeres y de la igualdad ante la ley, o simplemente ello fue algo que ocurrió de forma natural?

-Ella no tenía intenciones de transformarse en un símbolo. Sólo intentaba hacer su trabajo de la mejor forma posible. Bader Ginsburg fue una pionera y la sociedad reconoció esa condición.

-¿Cuán difícil será encontrar un reemplazo para ella en el clima político crispado de los Estados Unidos y ante la inminencia de las elecciones presidenciales?

-Como usted sabe, el presidente Trump designó a Amy Coney Barrett incluso antes del funeral de la jueza Bader Ginsburg (el Senado debe prestar acuerdo al nombramiento).

-¿Está en riesgo el prestigio de la Corte Suprema de su país?

-El prestigio de un superior tribunal sufre si actúa de la forma que el Presidente quiere que lo haga.

-¿Cuál es el impacto de la administración Trump en el sistema judicial?

-El Presidente ha colocado a más de 200 magistrados en los Tribunales Federales. El impacto de estas coberturas es inmenso. Trump ha elegido abogados muy jóvenes y muy conservadores que permanecerán en sus cargos durante décadas.

-¿Usted cree que peligra la credibilidad de la judicatura?

-La credibilidad de un juez peligra cuando la ciudadanía cree que no juzga según la ley sino por sus preferencias políticas.

-¿Cómo definiría la percepción de la sociedad estadounidense acerca de la ética y la independencia judicial?

-No sé la respuesta para esta pregunta. No puedo hablar acerca de las percepciones de la sociedad porque está altamente polarizada.

-¿Cuál fue el aporte de RBG para la democracia? ¿Merecía ser la primera mujer cuyos restos estuviesen en una capilla ardiente en el Capitolio?

-Bader Ginsburg ayudó a crear una sociedad más igualitaria. Mayor equidad significa una democracia más sana. Muchos difuntos fueron honrados con una capilla ardiente en la sede del Congreso de la Nación. Ella definitivamente merecía ser la primera que recibiera esa despedida solemne.

YALE LAW SCHOOL

Pluma precursora

Linda Greenhouse ingresó a The New York Times para asistir al célebre periodista James Reston. En esa organización se convirtió en precursora del periodismo judicial con una cobertura especializada en la Corte Suprema de Justicia estadounidense. Se graduó en la Universidad de Harvard y fue distinguida con un premio Pulitzer en la categoría “beat reporting” (“periodismo que golpea”). Hoy es columnista del Times e investigadora principal en la Universidad de Yale.