La tecnología expone más que siempre. El paso del mundo real al mundo virtual tiene algunos riesgos, como cuando se ventilaban escándalos en la TV y ahora se lo hace, en tiempo real, por las redes sociales. La pandemia del coronavirus ha deshinibido a una franja de la sociedad no sólo en el lenguaje, sino también en la manera de actuar. La política no ha quedado al margen de ese fenómeno de estos tiempos de aislamiento social, preventivo y obligatorio.
Hoy nos exponemos más a una virtualidad “botona”, que mira más allá de lo que uno se imagina y que ingresa más a lo privado. Como cuando un sector de los argentinos consumía más noticias acerca de sus artistas preferidos, las redes sociales se alimentan del show que brindan algunos políticos. Lo que le sucedió al ahora ex diputado por Salta, Juan Ameri, es una clara muestra de ese show, más allá de sus justificaciones. Aunque no haya querido brindar ese espectáculo dejó la cámara prendida en plena sesión de la Cámara Baja. La virtualidad “botona” también desnuda conductas tradicionales de los parlamentarios; de no estar presentes en los debates y sólo acudir cuando es el momento de votar. Pone en evidencia los microclimas de una política devaluada, no sólo en la Argentina, sino también en el resto del planeta.
La virtualidad obliga a ser más precavidos, particularmente en aquellos que ocupan funciones públicas. De la misma manera, los hombres públicos deben ser más cautos cuando los micrófonos están encendidos. Le sucedió al gobernador Juan Manzur cuando encabezó, junto con la ministra Sabina Frederic una cumbre sobre Seguridad. Y hace poco al ministro de Economía, Martín Guzmán, al presentar junto con el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, el proyecto de Presupuesto Nacional 2021 (“yo también puedo empezar a sarasear”). Massa definió rápido la sanción a Ameri pensando en la defensa de la institucionalidad de la Cámara Baja.
El caso Ameri se transformó en una advertencia hacia la dirigencia política acerca de que tienen que ponerse, estar y sostenerse a la altura del nivel del cargo que ocupan.